El dolor de la oración robada

La última de La Nueva Crónica

03/11/2025
 Actualizado a 03/11/2025
| L.N.C.
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En el 70 aniversario del pantano de Villameca (este año se celebrará el 80), que expulsó de sus casas de manera ignominiosa, innoble e ímpia a los vecinos de Oliegos, fuímos a participar en un filandón en su nuevo asentamiento, Foncastín, el pueblo más leonés que existe y ubicado en la provincia de Valladolid.

En aquella reunión, todavía con muchos supervivientes de aquella infame expulsión a un pueblo que ni pueblo era, algunos de ellos iban contando sus penas, los terribles días de cerrar la puerta de su casa y tirar la llave al vacío, de escuchar en sus brazos el llanto de sus hijos, la incertidumbre de los padres, la rabia de sentirse parias... una mujer no levantó la mirada del suelo, no decía nada... le preguntamos. Y habló: «Mire, ya ha pasado y salimos adelante. Yo lo perdono casi todo, pero que cuando marchábamos, al pasar por el cementerio pedí permiso para ir a rezar por última vez a los míos y no me dejaron, eso no lo voy a perdonar mientras viva. Y más allá». Es lo mismo que hoy nos cuenta Valentín Costo, en Riaño, de forma más bella pero igual de dolorosa.

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