Conservacionistas y motosierristas

La última de La Nueva Crónica

08/01/2026
 Actualizado a 08/01/2026
| SAÚL ARÉN
| SAÚL ARÉN

Os voy a contar una historia, un sucedido que decían los clásicos, tan real como que Belén Esteban no ha leído ‘La Eneida de Virgilio’, ni en castellano ni en latín. 

También fue un 8 de enero, de hace más de veinte años. Era un pino aún más pequeño y olvidado que el de la foto, ni siquiera estaba colocado con cuidado, tirado entre dos contenedores de basura, rodeado de cajas vacías de roscones y papeles de regalo... apenas asomaba la débil copa sobre aquel inmundo montón. 

Viajó durante horas en el maletero, a la mañana siguiente se enterró en una tierra que nunca debía haber abandonado y aquella misma noche cayó una nevada de las de verdad, de las antiguas, de las de nieve de octubre nueve lunas cubre, ni siquiera asomaba su débil copa, como cuando fue rescatado.

Casi dos meses después reapareció, doblado, mirando la copa hacia la tierra como si pidiera entierro. Como agua, lo único que se le podía dar, no era precisamente lo que necesitaba pues allí quedó, desoyendo a quienes recetaban arrancar y tirar.

Hoy el pino sigue siendo problemático. Ha crecido tanto que supera la altura de los tejados que le rodean, las ramas libres y montiscas apuntan hacia los cuatro puntos cardinales, hacia el cielo y la tierra, dan sombra hasta en invierno y dan que hablar todo el año.

Los amigos de los funerales dicen que como caiga sobre algún tejado prepara un desaguisado que vamos a lamentar haberlo cogido del montón de naturalezas muertas que siguen a la Navidad. 

¿Qué hacer? Es fácil adivinar que habrá tantos conservacionistas como motosierristas; es decir, como en la vida misma. A ver porqué un pino no iba a tener derecho a dividir y enconar, a irritar y exasperar. 

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