Como si hiciera falta asustar

La última de La Nueva Crónica

31/10/2025
 Actualizado a 31/10/2025
| SAÚL ARÉN
| SAÚL ARÉN

Aun viejo compañero de estudios (más bien de colegio mayor) –con el tiempo miembro de lo que llaman una alta institución del Estado– le llamábamos en las tertulias nocturnas de los pasillos aledaños a la biblioteca «la máquina de meter miedo». Podía rebuscar durante horas entre los apuntes aquella pregunta que nadie se esperaba y decía solemne: «La que cae seguro, le gusta mucho al catedrático, es...». 

Y soltaba esa inesperada pregunta que sumía a todos en una profunda desazón, menos al Fauno, que decía feliz: «¿Coño, la única que estudié yo».

Estos modernos días de Halloween –que han dejado a los Santos con menos fuerza que Carlos Martínez en la sede de la UPL– parecen una carrera por asustar al personal, se mudan en máquinas de meter miedo a base de altares, máscaras y caras embadurnadas con mucha mercromina que quiere ser, sin serlo, sangre, ahora que ya ha sido prohibida por la cosa sanitaria y sustituida por ese Betadine que amarillea como si fueras un paisaje de Van Gogh. Pero meter miedo, miedo... 

Está complicado en estos tiempos lo de meter miedo, lo de asustar, lo de indignar... hacer seguir en directo una comparecencia completa en el Senado sí puede levantar ampollas en el alma, pero que venga un rapaz envuelto en máscaras y vendas blancas ofreciendo truco o trato... El susto ya viene de serie.

Ya de puestos, mucho mejor las viejas limosnas, aquellas que te mandaba tú madre que le dieras al pobre que iba de pueblo en pueblo, envuelto en un enorme abrigo y te decía: «Rapaz, ¿qué te dio tu madre para el pobre?».

Y con mucho miedo le dabas el duro. Sin truco.

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