«Eres una especie en peligro de extinción, como el dinero y el peatón», le decía Paco Bolero a aquellos seres que podíamos llamar exóticos, antes que había muchos. Se lo aplicaba con frecuencia a Isidoro el del bar, que cuando tú le decías «buenos días» él siempre respondía «insípido, que eres un insípido».
¿Qué quería decir? Pues insípido, que no todas las palabras tienen traducción ni se pueden acoplar al diccionario de sinónimos, porque te equivocas.
Pues entre los compañeros de viaje del dinero y el peatón, las especies en peligro, están las viejas ferias de ganado, aquellas que empezaban a llegar vacas, toros, caballos y yeguas –primero andando, después en camiones– hasta llenar el ferial, siendo ellos el eje de la fiesta y los madreñeros, vendedores de zapatillas de felpa, los puestos de pimentón picante para los mondongos, los de orcos de cebolla para las morcillas... los añadidos que le daban colorido. Se han invertido los términos, ahora son unas pocas vacas, yeguas o toros los que ‘lucen’ unas ferias en las que es más fácil comprar un gorro de los Andes que una parda alpina.
Y ya no te cuento si lo que buscas es una mantequera leonesa.
No debería extrañar por ello aquella respuesta a las teles que se desplazaron a la feria Multisectorial de Cármenes del jovencísimo Alejandro, que estaba allí con su ganadería Cuesta, por más que a muchos les pareciera exótica.
– ¿Qué tal, aquí con las vacas?
– Aquí, a dar un poco de espectáculo con las novillas.
Atinado estuvo. El espectáculo actual de las históricas ferias es el ganado;una especie en peligro de extinción, como el dinero y el peatón.