El burro y el que lo arrea

La última de La Nueva Crónica

29/09/2026
 Actualizado a 29/09/2026
| FERNANDO OTERO
| FERNANDO OTERO

Pocos sueños, o recuerdos, de veraneante más repetidos y felices que aquellos días de calor intenso en los que el paisano del pueblo le dejaba sentarse en la banqueta del trillo, con el caldero dispuesto para las necesidades de las vacas de la pareja, y sentir con su vara que está dirigiendo las vueltas y vueltas sobre el trigo hasta desgranarlo. Las uncidas vacas trillaban de manera mecánica, pero en chaval creía que era él quien marcaba las perfectas circunferencias que dibujaba el trillo. 

Y aquellas jornadas felices para los chavales eran interminables días de sudor para quienes solo veían en la era un campo de trabajo, frente al campo de juego de los chavales. Por eso unos lo recuerdan con sudores y otros con nostalgia.

‘El guardián entre el centeno’ no era un juego para aquel adolescente golpeado, aquel chaval que ya apuntaba maneras de desencanto cuando se dirige a los lectores y ya en las primeras lineas les habla de «cómo fue todo ese rollo de mi infancia».

Una mirada diferente a la tan repetida patria de la infancia, la de los recuerdos felices, la de la nostalgia...

Dos mundos en la misma mirada, como en el clásico refrán: «Una cosa piensa el borracho y otra el cantinero». Y están en el mismo bar.

Que en este caso podría ser más propia una versión agrícola: «Una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea». 

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