Tanto el grafiti como su simbología lo firmarían y harían suyo decenas y decenas de compañeros que ya están sudando por lo que se les viene encina; ruedas de prensa, una tras otra, en las que se repetirán como cintas de casete (las nuevas generaciones están buscando ahora la historia del artilugio) aquellos argumentos que a primera hora les llegan al correo (electrónico, por supuesto) y que, como los diez mandamientos, se resumen en dos.
Primer mandamiento: Los buenos somos nosotros.
Segundo mandamiento: Los malos son los otros.
Y la siguiente convocatoria a los medios es exactamente lo mismo... pero al revés; es decir, los buenos ahora son malos y los malos ahora son buenos.
«¿Y quiénes son los nuestros?», preguntaba un paisano después de hacer doblete y escuchar con la máxima atención a los que se presentaron como los buenos, los malos y viceversa. Incluso como los mejores.
– A mí no me mires.
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