«Bastante nos tocó aguantar a nosotros». La repetida frase se hereda de generación en generación pues quejarse, y aguantar, es una de las señas de identidad de cada época. A cada uno lo suyo, aunque es evidente que no hay color en las comparaciones y si escucháramos a los que nos han precedido y hemos condenado al silencio nos daríamos cuenta de la diferencia aunque...
Ver cómo destrozan la cara a patadas a una casi niña porque ha decidido ser mujer nos hace dudar de los tiempos de la libertad, de cómo se está destrozando uno de valores más nobles, la tolerancia.
El paisano que hoy llega a este rincón de salida (o entrada, elegir siempre es una opción) es de la generación de los que pueden decir sin ápice de duda aquello de «bastante pasamos nosotros»; y ahora que se han ganado el derecho a la tranquilidad y ver el mundo desde la barrera cuando se les presenta la ocasión hacen gala de lo contrario a las voces, las patadas o el desprecio.
Veía pasar la algarabía de los carnavales, seguramente pensando en dónde estaba la maldad de esta fiesta cuando en sus tiempos le prohibían bajo penas en la tierra y hasta amenazas en el más allá.
Y de sus sueños le despierta alguna joven carnavalera, que le pega un símbolo en la cara y dejándole un beso cómplice le anima:«Venga abuelo, que ya va disfrazado».
Sonríe, no se lo quita y deja seguir la fiesta, que ya no le es ajena, mientras recuerda la vieja expresión que justifica el alborozo:«Bastante nos tocó aguantar a nosotros». Y pensaría: «¿Dónde estaba la maldad para estar tan perseguida?».
Donde siempre, en los ojos del que mira.
Bastante aguántamos
La última de La Nueva Crónica
25/03/2026
Actualizado a
25/03/2026
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