Los leoneses tenemos una capacidad innata para sorprender; lo hemos vuelto a hacer con una rotonda que parece que no usábamos porque no nos daba la gana pues, de repente, ahí la tenemos para lo que sea menester sin necesidad de obras.
Las rotondas siempre nos han dado tardes de gloria. Las tenemos que no tienen ninguna salida, otra que hace la función de piscina en verano aprovechando el centro... pero hoy la foto nos lleva a otra idea que a los más jóvenes les puede parecer extraña, la proliferación de barcas en una tierra que siempre ha presumido de que «si tuviera mar sería perfecta», es decir, no lo tiene.
Pero eso no le resta importancia a las barcas; que se lo pregunten a Quico, el molinero de Canales, que se movía por el río con su barca; que se lo pregunten a los numerosos barqueros que ayudaban a los que necesitaban atravesar el río donde no había puente. Incluso en los apodos estaban –El Barquerín de Secos– aquellos que llevaban paisanos, vacas y enseres de una orilla a otra de nuestros crecidos ríos.
Y ya ni te cuento el apaño que le hacían a estos obreros de la Ruta del Cares