Reconoce el F.Otero que no recuerda cómo y cuándo hizo la foto de hoy pero tampoco lo va a consultar pues no cree que los datos añadan nada a lo que le parece más llamativo, la pancarta, su texto: «Por fin puedes comerte a la mami de tu colega». Tal cual.
No le falta razón al fotero en lo llamativo del eslogan, que por más que haya visto de casi todo en su diario peregrinar por León y provincia, siempre dispuesto al disparo, no le deja de sorprender. Parece una de esas campañas que primero crean el interés y en la segunda (o tercera) entrega conoceremos la aclaración del enigma y nos llevaremos la decepción o el alivio al comprobar que nada es lo que parece.
Sea lo que sea, si mi madre o vuestras abuelas vieran un cartel así no podrían evitar el comentario que tenían de manual para estos casos: «Ay diosico, ¿en qué darán?».
Y es que no se intuye dónde irá a desembocar esa cerrera publicitaria por sorprender, por descubrir una frase ingeniosa, una imagen... y superar esa desesperación que produce a los publicistas comprobar que la gente aún recuerda aquello de «Camisas como las de Sabugo... jamás en León las hubo» o «Qué buenos, qué bonitos, qué baratos, vende Prieto los zapatos»