Son las navidades (todavía resuenan) tiempos de música y de músicos, de cánticos e instrumentos, del violín a la zambomba, del piano a la botella de anís o el almirez...
Son tiempos de paz y, dicen, la música amansa las fieras. Que se lo digan a Salvador el de Villanueva, que para hablar de su calidad con el acordeón siempre contaba aquella noche que regresaba por los montes de amenizar una boda cuando sintió a su lado, caminando muy cerca, la presencia de un lobo. E hizo lo que mejor sabía, coger el instrumento y ponerse a tocar. El bicho escuchó un rato y se fue tranquilamente. «Me perdonó la vida, mal no lo haría», razonaba el omañés.
En nada parecida la historia a la que cuentan del músico que atravesaba la selva con un violín como único equipaje. Le salió un león (con minúscula) y, como Salva, se puso a tocar. El rey de la selva también se apiadó del violinista pero llegó el viejo de la manada y de un zarpazo le destrozó el instrumento y casi mata al instrumentista...
– ¿Pero los viejos no tienen fama de ser los más sabios de la tribu?
– Cierto es, pero también es habitual que se hayan quedado sordos.
No se puede tener todo.
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