La primera idea que se te ocurre al ver al niño que quiere ver el mundo de cerca, con sus cicatrices y costuras rotas, es tratar de llevarle por el buen camino y decirle aquello de Sor Juana Inés de la Cruz –¿qué quieres?, venimos de la cultura que venimos–: «Detente, sombra de mi bien esquivo»..
¡Detente niño!, en definitiva.
Pero resulta que la realidad, sin necesidad de prismáticos que acerquen y mientan es que son ellos, los niños con sus prismáticos, los que nos dan las lecciones a los adultos, que somos los consumidores de las realidades adulteradas, barnizadas o directamente un engaño.
Resulta que lo que el niño quiere de ver de cerca es la antítesis de la realidad, el carnaval, la fiesta de las máscaras. Y para que la realidad esté aún más ausente es un carnaval... en verano. Y se celebra ademas en Laguna de Negrillos, donde convive con las tradiciones más ancestrales, como las danzas de su histórico Corpus o el Voto...
Normal que el chaval sí quiera conocer de cerca lo que ya sabe de antemano que es máscara, carnaval, disfraz y jolgorio. Que para la realidad ya sabe que dando la vuelta a los prismáticas... se la aleja.