Así, una vez más, anda este escribidor descreído de la que tuvo e intenta mantener aún como mínima ilusión: la cosa europea, la de la Unión, digo, no la de todo el acervo cultural que representa y que incluso enseña a sobrellevar razonablemente el propio descreimiento.
Mas si descreído estoy de la ilusión europea qué decirles del sentido social o ciudadano oído y visto en los voceros de esos españolísimos partidos que siempre se muestran tan patrióticos e invariablemente hablan en nombre de «todos los españoles» como que ellos fuesen los genuinos expendedores de las credenciales de españolidad. Cosa extraña vista la velocidad con que se han dotado de la doble nacionalidad holandesa. Solo les faltó hacer reversibles sus airadas y aireadas banderas patrias.
No lo puedo evitar, los escucho y recuerdo a Bierce y su Diccionario del diablo. Más que nada por las ajustadas definiciones, para mí, de estos patriotas –«los que consideran superiores los intereses de la parte a los intereses del todo»– y de su patriotismo –«basura combustible dispuesta a arder para iluminar el nombre de cualquier ambicioso»–. Vamos, las de los que siguen pensando que cuanto peor para todos, mejor para ellos. Qué españolísimos ellos, tan a lo suyo siempre.
¡Salud!, y buena semana hagamos y tengamos. Cuiden, cuídense.
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