«Una vivienda para toda la vida»

Miguel Ángel Sánchez Fraile, gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, analiza el reto de adaptar nuestros edificios para que sigan respondiendo a las necesidades de quienes viven en ellos

25/09/2026
 Actualizado a 25/09/2026
Miguel Ángel Sánchez Fraile, gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León.| SAÚL ARÉN
Miguel Ángel Sánchez Fraile, gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León.| SAÚL ARÉN

Cuando pensamos en mejorar nuestro hogar solemos imaginar una nueva cocina, cambiar las ventanas o reformar el baño. Sin embargo, algunas de las actuaciones que más condicionan nuestra calidad de vida se encuentran fuera de la puerta de la vivienda: el portal, las escaleras, el ascensor, la fachada, la cubierta o las instalaciones comunes. La accesibilidad, la conservación y la rehabilitación de los edificios adquieren cada vez mayor importancia. Miguel Ángel Sánchez Fraile, gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, plantea la necesidad de mirar al futuro y anticiparse: preparar hoy los edificios en los que queremos seguir viviendo dentro de diez, veinte o treinta años.

-Cuando hablamos de mejorar nuestro hogar, ¿debemos mirar también al conjunto del edificio?

-Sin duda. Podemos tener un piso completamente reformado y encontrarnos con cinco escalones para llegar al ascensor, una puerta difícil de abrir o unas instalaciones comunes deterioradas. Todo eso afecta directamente a nuestra calidad de vida.

A veces pensamos que nuestra vivienda comienza cuando abrimos la puerta de casa, pero no es así. La vivienda comienza realmente en la calle. Poder acceder al portal, utilizar el ascensor o desplazarse con seguridad por las zonas comunes también forma parte de las condiciones de nuestro hogar.

-Cuando se habla de accesibilidad, parece que pensamos fundamentalmente en las personas mayores...

-Y es un planteamiento que deberíamos cambiar. La accesibilidad puede necesitarnos a cualquiera y en cualquier momento. Hoy subimos perfectamente unas escaleras y mañana podemos sufrir una lesión, necesitar unas muletas, utilizar un carrito de bebé o convivir con una persona con movilidad reducida. Naturalmente, el envejecimiento hace el problema mucho más evidente. Hay personas que llevan cuarenta años viviendo perfectamente en su vivienda y que, llegado un determinado momento, descubren que unos pocos escalones entre la calle y el ascensor se han convertido en una barrera enorme. El objetivo debería ser sencillo: que quien quiera continuar viviendo en su casa pueda hacerlo durante todas las etapas de su vida.

-¿Qué tipo de actuaciones pueden realizarse en una comunidad de propietarios?

-El ascensor es la más conocida, pero no la única. Podemos hablar de eliminación de escalones, rampas, plataformas elevadoras, salvaescaleras, bajada del ascensor a cota cero, automatización de puertas o mejora de los sistemas de acceso. Además, la accesibilidad no se limita a las dificultades físicas. También existen sistemas de señalización, comunicación o automatización que facilitan la autonomía de personas con discapacidades sensoriales o cognitivas. El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 contempla precisamente actuaciones de este tipo dentro de sus programas de rehabilitación y accesibilidad.

-¿Puede un propietario exigir a su comunidad que se realicen obras de accesibilidad?

-La Ley de Propiedad Horizontal ofrece una protección especial en esta materia y establece determinados supuestos en los que las actuaciones tienen carácter obligatorio. Entre ellos están las obras necesarias de accesibilidad solicitadas por propietarios en cuya vivienda o local vivan, trabajen o presten servicios voluntarios personas con discapacidad o mayores de setenta años, dentro de las condiciones económicas previstas por la propia ley. Entre otras reglas, se establece como referencia que el importe repercutido anualmente, una vez descontadas las ayudas públicas, no exceda de doce mensualidades ordinarias de gastos comunes; también serán obligatorias cuando las ayudas públicas a las que pueda acceder la comunidad alcancen el 75 % del importe de las obras. Pero me parece importante no plantear siempre la cuestión desde la obligación. La pregunta no debería ser únicamente «¿tenemos que hacer esta obra?», sino también «¿nos interesa mejorar nuestro edificio antes de que resulte imprescindible?».

-Ahí entra la planificación de las comunidades…

-Exactamente. Desde la Cámara insistimos mucho en ello: las comunidades funcionan mejor cuando planifican que cuando reaccionan. Una cubierta no debería preocuparnos únicamente cuando ya entra agua en una vivienda. Una fachada, cuando aparece un desprendimiento. Y la accesibilidad, cuando un vecino ya no puede subir los escalones del portal. Los edificios envejecen y necesitan mantenimiento. Fachadas, cubiertas, bajantes, ascensores, instalaciones eléctricas, sistemas de calefacción o elementos estructurales requieren atención. Conocer su estado permite establecer prioridades y prever las inversiones. La propia Ley de Propiedad Horizontal considera obligatorias las obras necesarias para el adecuado mantenimiento y conservación del inmueble, incluyendo las relacionadas con seguridad, habitabilidad y accesibilidad universal.

-Pero cuando una comunidad escucha hablar de rehabilitación aparece inmediatamente la preocupación por las derramas…

-Es lógico. Hay actuaciones que cuestan mucho dinero y una comunidad está formada por propietarios con situaciones económicas muy diferentes. Precisamente por eso es importante anticiparse. Una derrama urgente siempre resulta más complicada que una actuación prevista con tiempo. Si sabemos que una cubierta necesitará ser renovada o que tenemos que hacer accesible un portal, podemos comenzar antes a estudiar soluciones, pedir presupuestos, constituir reservas y comprobar si existen ayudas. Muchas veces el problema no es solamente cuánto cuesta una obra, sino que empezamos a hablar de ella cuando ya no tenemos posibilidad de decidir cuándo hacerla.

-¿Las ayudas públicas siguen teniendo un papel importante en la rehabilitación?

-Sí, aunque no debemos acometer una actuación pensando exclusivamente en si existe o no una subvención. La obra tiene que ser necesaria o conveniente para el edificio. Lo interesante es que las políticas de rehabilitación están incorporando una visión más amplia. Durante los últimos años hemos hablado muchísimo de eficiencia energética y ahora aparecen de manera muy clara otros conceptos como accesibilidad, seguridad, habitabilidad y sostenibilidad.

El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 incluye una línea de rehabilitación integral de edificios residenciales que contempla actuaciones en esas materias. Su aplicación concreta depende de su desarrollo y de las convocatorias correspondientes, por lo que cada comunidad tendrá que estudiar qué programas están efectivamente disponibles en cada momento.

-¿Un edificio accesible y bien conservado tiene también más valor?

-Debemos ser prudentes y no establecer porcentajes porque cada inmueble y cada operación son diferentes, pero parece razonable pensar que el estado general del edificio influye en la percepción y en el valor de una vivienda. Dos pisos pueden tener características similares y, sin embargo, uno encontrarse en un edificio accesible, bien conservado y sin grandes actuaciones pendientes, mientras que en el otro haya barreras arquitectónicas, problemas en la fachada o una importante derrama a la vista. Podemos invertir mucho dinero en reformar el interior de nuestro piso, pero el comprador atraviesa primero el portal y conoce también el edificio. Cuidar el edificio es cuidar nuestro patrimonio.

-¿Estamos demasiado acostumbrados a reformar nuestra vivienda y demasiado poco a pensar en el edificio?

-Probablemente. Dentro de nuestra vivienda decidimos nosotros. En una comunidad hay que informar, debatir, alcanzar acuerdos y repartir costes, y eso hace que determinadas decisiones se vayan aplazando. Pero una comunidad de propietarios administra un patrimonio de enorme valor. Su función no debería limitarse a pagar la limpieza, el ascensor o la electricidad y reparar una avería cuando se produce. De vez en cuando habría que hacerse una pregunta mucho más importante: ¿cómo queremos que esté nuestro edificio dentro de diez años?

-¿Cuál sería entonces el consejo de la Cámara a las comunidades?

-Primero, conocer el estado real del inmueble. Después, establecer prioridades, distinguir las necesidades inmediatas de las actuaciones que pueden programarse y contar con asesoramiento técnico cuando sea necesario. Y, sobre todo, explicar bien los proyectos. Muchas veces una obra llega a una Junta de Propietarios convertida directamente en una cifra económica y es lógico que genere rechazo. Hay que explicar primero qué problema tenemos, qué alternativas existen, cuánto cuesta cada una y qué consecuencias tendría no actuar.

Desde la Cámara de la Propiedad Urbana tratamos precisamente de acompañar a propietarios y comunidades en ese proceso, ofreciendo información y asesoramiento jurídico, técnico y administrativo.

Porque mejorar el hogar ya no significa solamente conseguir una vivienda más bonita o que consuma menos. También significa que podamos entrar y salir de ella con autonomía, utilizarla con seguridad y continuar viviendo allí cuando nuestras circunstancias cambien. Ese es uno de los grandes retos de nuestros edificios: convertirse verdaderamente en viviendas para toda la vida.

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