Somiedo: de glaciares, brañas y osos

Un destino para caminar entre lagos glaciares, bosques centenarios y la arquitectura tradicional de los vaqueiros

03/07/2026
 Actualizado a 03/07/2026
Somiedo invita a descubrir un paisaje modelado por los glaciares.. |  P. N. SOMIEDO
Somiedo invita a descubrir un paisaje modelado por los glaciares.. | P. N. SOMIEDO

Basta recorrer la AS-227 para comprender que Somiedo es distinto. La carretera se estrecha entre montañas, los pueblos salpican las praderas y el paisaje impone un ritmo pausado. Parque Natural desde 1988 y Reserva de la Biosfera desde 2000, este territorio del suroccidente asturiano atesora más de 29.000 hectáreas de bosques, lagos glaciares y cumbres donde encuentra refugio el oso pardo cantábrico. Un lugar que no se contempla desde la ventanilla: se descubre paso a paso.

El mayor lago de Asturias

Pocas rutas resumen mejor la esencia del parque que la que conduce hasta el Lago del Valle. El sendero parte del pueblo de Valle de Lago, uno de esos núcleos donde las casas de piedra y madera siguen formando parte del paisaje. Tras algo más de una hora de ascenso entre praderas y bosques aparece el mayor lago natural de Asturias, encerrado bajo un impresionante circo glaciar donde todavía es fácil reconocer la huella que dejaron los hielos hace miles de años.

Un paraíso delagos glaciares y espectacualres cumbres. P. N. SOMIEDO
Un paraíso de lagos glaciares y espectacualres cumbres. P. N. SOMIEDO

El valle de Saliencia alberga otro de los grandes tesoros de Somiedo: una ruta circular que une los lagos de La Cueva, Calabazosa y Cerveriz, un espectacular paisaje glaciar entre pastizales de altura y antiguas minas, donde no es raro avistar rebecos.

La braña más fotografiada

Si existe una imagen capaz de resumir la arquitectura tradicional de Somiedo probablemente sea la de La Pornacal. Situada junto al pueblo de Villar de Vildas, esta braña conserva más de una treintena de teitos, las cabañas con cubierta vegetal construidas por los vaqueiros de alzada. 

No se trata de un museo al aire libre, y es que muchas de estas construcciones siguen utilizándose y permiten entender cómo el ser humano logró adaptarse a un territorio duro sin alterar su equilibrio natural. Otras brañas, como Mumián, Sousas o La Peral, completan un patrimonio etnográfico prácticamente único en Europa.

En busca del rey del bosque

Hablar de Somiedo es hablar inevitablemente del oso. Más de medio centenar de ejemplares utilizan habitualmente este territorio como área de campeo, aunque verlos nunca está garantizado. Precisamente ahí reside parte del atractivo. Las salidas guiadas al amanecer y al atardecer permiten seguir sus movimientos sin interferir en su hábitat, en un escenario donde también conviven corzos, rebecos, ciervos, águilas reales y buitres leonados.

En sus bosques, el oso pardo sigue siendo el gran protagonista. P. N. SOMIEDO
En sus bosques, el oso pardo sigue siendo el gran protagonista. P. N. SOMIEDO

Pola de Somiedo, la entrada

La mayoría de los viajeros establecen su base en Pola de Somiedo, capital del concejo y punto de partida de numerosas excursiones. Aquí merece la pena detenerse en el Centro de Interpretación del Parque Natural, una visita útil para comprender la geología, la fauna y la historia del espacio protegido antes de lanzarse a recorrerlo. Muy cerca, el Ecomuseo de Somiedo conserva antiguas viviendas tradicionales y explica la vida cotidiana de los vaqueiros. Desde Pola parten también carreteras que ascienden hasta algunos de los puertos más espectaculares del parque, como La Farrapona, balcón natural sobre los lagos glaciares, o el Puerto de Somiedo, histórico paso entre Asturias y León.

La montaña también se saborea

Después de una jornada caminando, la cocina local ofrece una recompensa a la altura del paisaje. En las cartas aparecen la fabada, el pote asturiano o los embutidos tradicionales, pero también la carne de la vaca roxa, una raza autóctona criada en libertad en los pastos del parque que se ha convertido en uno de los grandes emblemas gastronómicos del concejo. Los quesos artesanos y la sidra completan una cocina profundamente ligada al territorio.

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