Mansilla de las Mulas se ubica, de manera estratégica entre el Real Camino Francés y la Vía Trajana en el camino hacia Santiago de Compostela y es precisamente durante la Edad Media, siglos XII y XIII, cuando Mansilla goza de mayor esplendor debido al auge de la Ruta Jacobea que propició el establecimiento de artesanos y comerciantes extranjeros así como la construcción de albergues, posadas y hospitales.
Su historia está marcada siglos antes por la conquista del territorio por los godos en el siglo VI, que destruyeron la fortaleza, y más tarde invadieron estas tierras los árabes. Ya en el año 753 se apoderó de la villa el rey Alfonso I El Católico. Almanzor en el año 996 la saqueó siendo restaurada por Alfonso V el Noble primero, y posteriormente por Fernando II, quien reconstruyó las murallas y otorgó a la villa importantes privilegios recogidos en su Carta Puebla del año 1181. En 1394 Enrique III derribó el castillo que en Mansilla poseía el Duque de Benavente y nombró Señor de la villa a Gil Vázquez de Acuña, pasando luego a manos de los Almirantes de Castilla.
De aquella convulsa etapa medieval, Mansilla de las Mulas conserva parte de su patrimonio con construcciones como la muralla, los cubos, o las puertas.
Las murallas
El recinto amurallado de Mansilla, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1931, es anterior a la repoblación (1181). Dibujaban y protegían el antiguo trazado urbano de la villa, en un recinto de aproximadamente 20 hectáreas. La murallas son altas y gruesas, alcanzando en algunos tramos más de 14 metros de altura y hasta 3 metros de grosor, estando construidas con cantos rodados y cal, y coronada por almenas sin saeteras.
El recinto amurallado contaba con 6 torres albarranas semicirculares de 9 metros de diámetro, separadas entre sí unos 40 metros, que fueron posteriormente unidas al muro y macizadas. Actualmente, se conservan restos de las cuatro puertas principales y dos secundarias, así como de cinco cubos almenados.
Las puertas
El acceso al interior de la villa se realizaba a través de cuatro puertas: la Puerta del Castillo o de Santiago, la Puerta de la Concepción, el Arco de San Agustín y la Puerta Norte, ésta última desaparecida. En el lienzo norte se abre una pequeña poterna conocida como El Postigo que comunica la ciudad con la ribera del río Esla.
La puerta de La Concepción, también conocida como Arco de Santa María, es la que mejor estado de conservación presente y se sitúa a al noreste de la villa, realizada en sillería, con arco apuntado, que se mantiene casi completo.

La Puerta del Castillo o Arco de Santiago se encuentra situada al sureste del recinto, y debe su nombre a estar construida sobre el emplazamiento del antiguo castillo. Se trata de la puerta principal de la villa, y es la entrada por donde los peregrinos del Camino de Santiago acceden a la ciudad. Construida con cal y canto redondeado, se conservan las paredes laterales, pero no la arcada que había entre ambas.
Tampoco se conserva en su totalidad la Puerta o Arco de San Agustín, de la que solo queda n los laterales. Se ubica en el suroeste del recinto amurallado, y fue construida en cal y canto rodado con forma de cañón abovedado y proyectada hacia el exterior.
Finalmente, se encuentra El Postigo, una puerta trasera de reducido tamaño que da salida al río.
Los cubos
Se denominan ‘cubos’ a las seis torres albarranas semicirculares adosadas a la muralla para su defensa, distantes unos 40 metros unas de otras, semicilíndricas, construidas con canto rodado, de unos 9 metros de anchura y que se comunicaban con un antemuro ya desaparecido. En el lado oeste se levanta un cubo de planta rectangular con escalera para subir al adarve de la muralla. Los cubos mejor conservados se sitúan en la parte meridional de la muralla.
Jornadas medievales
El Ayuntamiento de Mansilla de las Mulas, conocedor del pasado y de la historia medieval de la villa y de la importancia de los mismos, ha recreado durante los últimos 30 años unas Jornadas Medievales, siendo pionera en la provincia. Cada año tienen lugar en el fin de semana de julio más próximo a la festividad de Santiago (25 de julio), y ambientan la vida típica de la Edad Media, con sus juegos, torneos y demostraciones de fuerza, entre las que destacan las Justas en el Postigo.