El gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de León, Miguel Ángel Sánchez Fraile, defiende la implantación de cubiertas vegetales como una herramienta imprescindible para afrontar los desafíos climáticos y energéticos de las ciudades actuales. En esta entrevista para La Nueva Crónica analiza los beneficios ambientales, económicos y sociales de las denominadas terrazas verdes, así como los retos técnicos y jurídicos que implica su desarrollo, y reclama un mayor compromiso de las administraciones públicas para avanzar hacia un urbanismo más sostenible y habitable.
–En los últimos años se habla cada vez más de “terrazas verdes” o cubiertas vegetales. ¿Qué son exactamente?
-Se trata de sistemas constructivos que incorporan vegetación sobre las cubiertas de los edificios mediante soluciones técnicas específicas de impermeabilización, drenaje y soporte estructural. No hablamos simplemente de colocar macetas o jardineras, sino de integrar auténticos espacios vegetales en la arquitectura urbana. Existen cubiertas extensivas, más ligeras y de bajo mantenimiento, y otras intensivas, que permiten incluso crear jardines completos sobre los edificios.
–¿Por qué han adquirido tanta importancia en las políticas urbanas actuales?
-Porque las ciudades se enfrentan a desafíos muy importantes relacionados con el cambio climático, las altas temperaturas, la contaminación y el consumo energético. Las terrazas verdes aportan soluciones reales a muchos de estos problemas. Ayudan a reducir el denominado “efecto isla de calor”, mejoran el aislamiento térmico de los edificios y favorecen una ciudad más saludable y sostenible.
–¿También tienen efectos sobre la eficiencia energética?
-Sin duda. Los techos verdes funcionan como una capa adicional de aislante térmico que contribuye a acercarse e incluso alcanzar condiciones de confort térmico en el interior de la edificación, impidiendo la transferencia de calor hacia el interior del inmueble. Eso reduce considerablemente la necesidad de climatización en verano y calefacción en invierno, con el consiguiente ahorro energético y económico.
–Además del ahorro energético, ¿qué otros beneficios aportan?
-Son muchos. Retienen parte del agua de lluvia y ayudan a evitar la saturación de las redes de saneamiento durante episodios de lluvias intensas. Mejoran la calidad del aire, absorben CO₂, favorecen la biodiversidad urbana y generan espacios más agradables para las personas. Incluso existen estudios que relacionan la presencia de vegetación urbana con una reducción del estrés y una mejora del bienestar psicológico.
–Imagino que no todo son ventajas...
-Evidentemente requieren una planificación técnica rigurosa. Hay que analizar la capacidad estructural del edificio, garantizar una correcta impermeabilización y prever un mantenimiento adecuado. Además, en edificios ya construidos existe también una cuestión jurídica importante: en la mayoría de edificios sometidos al régimen de propiedad horizontal, la cubierta tiene consideración de elemento común. Por tanto, cualquier intervención que modifique su configuración o incremente las cargas estructurales requiere autorización previa de la comunidad de propietarios. Dependiendo del alcance de la actuación y de los estatutos comunitarios, puede ser necesaria una mayoría cualificada o incluso unanimidad.
–¿Las administraciones públicas están impulsando realmente este tipo de soluciones?
-Sí, y además deben hacerlo de forma ejemplarizante. Los edificios públicos tienen que convertirse en referentes visibles de sostenibilidad urbana. Existen ejemplos extraordinarios tanto en España como a nivel internacional. El Palacio de Congresos de Vitoria-Gasteiz dispone de un jardín vertical de casi 1.500 metros cuadrados y más de 33.000 plantas autóctonas del País Vasco y Álava, siendo uno de los mayores de España y pionero en reproducir ecosistemas propios del entorno. También destacan proyectos internacionales como el Musée du quai Branly de París, el Vancouver Convention Centre de Canadá o el Bosco Verticale de Milán, que han convertido la integración de vegetación y arquitectura en una auténtica seña de identidad urbana.
–¿Existen ayudas económicas para este tipo de actuaciones?
-Sí. La Unión Europea lleva años impulsando programas de rehabilitación energética y sostenibilidad urbana. Muchas actuaciones relacionadas con cubiertas vegetales pueden acogerse a ayudas vinculadas a fondos europeos Next Generation EU, programas de eficiencia energética o iniciativas de renaturalización urbana promovidas por comunidades autónomas y ayuntamientos.
–¿Estamos ante una moda pasajera o ante una transformación duradera de nuestras ciudades?
-Claramente ante una transformación necesaria. Las terrazas verdes no son únicamente un elemento estético. Representan una nueva forma de entender la relación entre ciudad, arquitectura y medio ambiente. El urbanismo del futuro tendrá que integrar necesariamente más naturaleza, más eficiencia energética y más calidad de vida. Y las cubiertas vegetales son una de las herramientas más eficaces para conseguirlo.