Gordonzello, la bodega que rescató un territorio

Dio identidad a una comarca que apuntaba a la desaparición agrícola

27/11/2025
 Actualizado a 27/11/2025
Detalle de las elaboraciones de Bodegas Gordonzello.
Detalle de las elaboraciones de Bodegas Gordonzello.

Hace unas tres décadas, cuando el viñedo empezaba a desaparecer de los campos de Gordoncillo, nadie podía imaginar que aquel paisaje acabaría transformándose en uno de los proyectos vitivinícolas más ambiciosos del noroeste español. Hoy, Bodegas Gordonzello es un ejemplo de cómo una comunidad puede reinventarse a través de su patrimonio y convertirlo en motor económico, turístico y cultural.

En 1995, 101 vecinos decidieron unirse para salvar la tradición vitícola de su pueblo. Cedieron tierras, invirtieron sus ahorros y apostaron por un modelo cooperativo que, con el tiempo, se profesionalizó hasta convertirse en una sólida sociedad vitivinícola. Entre 1996 y 1998 plantaron más de 200 hectáreas, recuperando variedades casi olvidadas como el Prieto Picudo y el Albarín Blanco, que hoy son su esencia. Aquella iniciativa no solo rescató el viñedo: detuvo la desindustrialización rural y dio identidad a una comarca que parecía destinada a la desaparición agrícola.

Una bodega moderna en el corazón del páramo leonés

La bodega actual, inaugurada en 2002, es un complejo de más de 47.000 m² que combina tecnología de última generación con procesos tradicionales. Sus depósitos, salas de crianza y líneas de embotellado conviven con una filosofía clara: elaborar vinos con carácter, auténticos, que expresen el clima extremo y los suelos calizos que rodean Gordoncillo.

En la fotografía, vista de Bodegas Gordonzello.
En la fotografía, vista de Bodegas Gordonzello.

La apuesta por la calidad también se refleja en la crianza en barricas de roble americano, francés y húngaro, y en técnicas como el madreo, un método histórico leonés que aporta finas burbujas naturales a algunos de sus vinos más singulares.

Vinos con identidad propia

Si hay una variedad que define a Gordonzello, esa es el Prieto Picudo, uva tinta minoritaria que la bodega ha contribuido a poner en el mapa nacional. De ella nacen rosados vibrantes como Gurdos, tintos estructurados y vinos jóvenes con acidez marcada y gran personalidad.

En blancos, el protagonismo es para el Albarín, una variedad elegante, aromática y difícil de encontrar fuera de León. También trabajan Verdejo, con un estilo más fresco y atlántico que el habitual en otras zonas de España.

El reconocimiento no ha tardado en llegar: sus vinos han obtenido altas puntuaciones en guías especializadas y premios en concursos nacionales e internacionales. Este año ha obtenido múltiples premios, destacando el Gran Arribe de Oro para su vino rosado Gurdos en los Premios Vinduero-Vindouro, el Baco de Plata para Gurdos y Peregrino Rosado en los Premios Baco, y ser nombrado el mejor rosado de España en la Guía de Vinos y Aceites 2025 de ‘La Semana Vitivinícola’, además, ha recibido reconocimientos en los Premios Zarcillo.  

Mucho más que visitas

Gordonzello se ha convertido en uno de los destinos enoturísticos más potentes de Castilla y León. Ofrece visitas guiadas que recorren sus instalaciones, una sala de catas moderna y un sorprendente Museo Natural de Variedades, un viñedo didáctico con más de cien tipos de uva plantados para mostrar la riqueza vitícola mundial. Además, su salón de eventos, de 400 m², acoge bodas, presentaciones y actividades culturales que han ampliado el impacto social del proyecto muchos más allá del vino.

Mirando al  futuro

Con nuevas ampliaciones, vinos cada vez más ambiciosos y una estrategia enoturística en crecimiento, Bodegas Gordonzello afronta el futuro con la misma filosofía con la que nació: aprovechar el potencial del territorio, cuidar las variedades autóctonas y ofrecer vinos que hablen de un lugar y de su gente.

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