Desde Jiménez de Jamuz, Nubens compite en el mercado internacional de la ciberseguridad. Su fundador, Adrián Murciego, demuestra que el talento tecnológico también puede crecer desde el medio rural.
–¿Cómo nace Nubens y qué necesidad detectó para emprender?
-Soy Adrián Murciego, y llevo casi 20 años emprendiendo. Me fui de Jiménez de Jamuz a Madrid con 16 años y allí monté mi primera empresa. Con el tiempo vi que las pymes y las administraciones públicas tenían un problema claro: necesitaban el mismo nivel de protección en ciberseguridad que las grandes corporaciones, pero no podían permitirse los precios de las grandes consultoras ni montar un departamento de seguridad interno. Nubens nace para cubrir ese hueco, ofrecer ciberseguridad, cumplimiento normativo y auditoría de alto nivel a organizaciones que hasta ahora se quedaban fuera. En 2019 me reconocieron con el Premio Persona Emprendedora en Móstoles, lo que confirmó que el camino tenía sentido.
–Nubens nació en Madrid y ahora opera desde Jiménez de Jamuz, una localidad de apenas unos cientos de habitantes. ¿Cómo se construye desde un entorno rural una empresa capaz de competir en un mercado global?
-En realidad, el que nació en Jiménez de Jamuz fui yo, la empresa la monté en Móstoles. Pero hace dos años vine a pasar una semana con mi abuela teletrabajando, y la semana se alargó a dos, luego a un mes... y acabé haciéndome una casa y volviendo a casa. Nubens vino conmigo.
Construir una empresa competitiva desde aquí es cuestión de tres cosas: conectividad, talento y mentalidad. Si tienes buena conexión a internet, puedes prestar servicios de ciberseguridad a cualquier empresa del mundo desde cualquier sitio. Hoy realizamos auditorías de ciberseguridad para multinacionales e infraestructuras críticas a nivel internacional sin movernos de aquí. Doy clase de gobernanza y cumplimiento normativo en dos universidades latinoamericanas -la Universidad Regional Autónoma de los Andes en Ecuador y la Universidad de Santiago de Chile- sin salir de León. El código postal no determina la calidad de tu trabajo; es una mentalidad del siglo pasado.
–Desde Jiménez de Jamuz realizan auditorías de ciberseguridad para multinacionales e infraestructuras críticas a nivel internacional. ¿Qué dice eso sobre la capacidad de una empresa tecnológica para competir en un mercado global sin renunciar a sus raíces?
-Que se puede. Que el talento no necesita concentrarse en una gran ciudad para generar valor. Nosotros trabajamos con las mismas certificaciones, las mismas metodologías y el mismo rigor que cualquier consultora de una gran capital. Soy Auditor Jefe y colaboro con entidades de certificación acreditadas por ENAC -que es el organismo nacional de acreditación en España- como AENOR o Adok. También soy Director de Seguridad Privada habilitado por el Ministerio del Interior. Las credenciales son las mismas tengas la oficina donde la tengas.
Y lejos de renunciar a las raíces, creo que es justo al revés: operar desde aquí es una declaración de principios. Demuestras que la España rural puede exportar conocimiento de alto nivel, no solo recibirlo. Soy uno de los socios fundadores y secretario de GRC Sin Fronteras, la Asociación Profesional Iberoamericana de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento, eso se construyó desde Jiménez de Jamuz. Y no he dejado de formarme: estoy cursando el Grado en Ingeniería Informática, y en 2024 la APEP, la Asociación Profesional Española de Privacidad, me reconoció con el Premio Alumno Destacado.
–¿Ha sido una ventaja o un inconveniente desarrollar un proyecto así desde el medio rural?
-Volví a Jiménez de Jamuz para ganar calidad de vida, y la gané. No fue un paso atrás, todo lo contrario. Vivo donde quiero vivir, con menos costes operativos, sin los desplazamientos que te roban horas al día, y con la concentración que una gran ciudad no te da. Y cuando necesito estar en Madrid, tengo el AVE en León: en dos horas estoy allí. Otra cosa es ir hacia Galicia, que seguimos sin alta velocidad, pero esa es otra entrevista.
En mi caso, la conectividad es buena, tengo todo lo que necesito para trabajar. Pero no es así en todos los pueblos. Si queremos que más profesionales tecnológicos se queden o vuelvan al medio rural, las administraciones tienen que garantizar fibra óptica y buenas infraestructuras de comunicaciones en todas partes. El talento ya está aquí; lo que a veces falta es que alguien se lo crea y ponga los medios.
–¿Se toma más en serio la ciberseguridad fuera de España?
-Hay un error muy extendido entre las pymes españolas: creer que «a mí no me va a pasar». La realidad es que más del 90 % de los ciberataques no son dirigidos, no buscan una empresa concreta, atacan de forma masiva y aleatoria. Hace un año los estudios hablaban de unos 36.000 intentos de ataque a entidades aleatorias por segundo. Si a esas cifras les añadimos el potencial de la inteligencia artificial, aumentamos tanto la cantidad como el impacto de esas amenazas.
Por eso la ciberseguridad ha dejado de ser un tema exclusivo de grandes corporaciones para convertirse en normativa obligatoria. En España tenemos el Esquema Nacional de Seguridad, que no solo aplica a la administración pública sino a toda su cadena de suministro, cualquier empresa que trabaje con el sector público tiene que cumplirlo. En Europa, la NIS2 para infraestructuras críticas y DORA para el sector financiero. A nivel internacional, la ISO 27001 es el estándar de referencia. Nosotros manejamos todos esos marcos.
En cuanto a diferencias, los clientes internacionales suelen llegar con un nivel de madurez en ciberseguridad más alto, ya tienen conciencia del problema y buscan un auditor externo que les valide o les encuentre los puntos débiles. En España, muchas pymes y administraciones todavía están en la fase anterior: necesitan que alguien les explique por qué esto es importante antes siquiera de hablar de auditorías.
–¿Cuáles son los errores más habituales en una auditoría de ciberseguridad?
-Los más frecuentes son también los más básicos. Contraseñas débiles o compartidas, sistemas sin actualizar durante meses o años, ausencia total de copias de seguridad verificadas, y una falta de concienciación enorme entre los empleados, que sigue siendo la principal puerta de entrada para los atacantes.
Y hay uno que vemos constantemente: organizaciones que tienen medidas de seguridad sobre el papel pero que nunca las han probado. Tienen un plan de continuidad de negocio que nadie ha simulado, copias de seguridad que nadie ha intentado restaurar, o protocolos de respuesta ante incidentes que nadie conoce. La seguridad que no se prueba no es seguridad, es una falsa sensación de tranquilidad. Y cuando hablamos de infraestructuras críticas -energía, agua, sanidad, telecomunicaciones- esa falsa seguridad puede afectar directamente a la vida de las personas.
–La IA está transformando todos los ámbitos. ¿Es un cambio en la forma de abordar la ciberseguridad?
-Absolutamente. Nosotros ya usamos inteligencia artificial en nuestro Centro de Operaciones de Seguridad para detectar amenazas y analizar métricas en tiempo real. Y ahí está una de las claves: la IA permite que una empresa como Nubens, sin equipos de 50 personas, ofrezca capacidades de detección y respuesta que antes solo estaban al alcance de grandes consultoras. Es un igualador. Refuerza lo que venimos diciendo: no necesitas ser grande para ser bueno, necesitas ser inteligente en cómo aplicas la tecnología.
Hay un problema que casi nadie menciona: las herramientas de inteligencia artificial que usamos para protegernos también dependen, en su mayoría, de infraestructura estadounidense. Es decir, estamos confiando la seguridad de nuestras organizaciones a tecnología sujeta a legislación extranjera. Eso es una contradicción enorme. Si hablamos de proteger infraestructuras críticas europeas, las herramientas con las que las protegemos también deberían ser europeas. Es una extensión más del problema de soberanía digital.
La IA es una herramienta muy potente, pero no es una solución mágica. Necesita profesionales que la dirijan, la supervisen y la interpreten. La tecnología sin criterio humano detrás no sirve de nada.
–¿Cómo imagina la evolución de Nubens en los próximos años y cuáles son los principales retos que afronta?
-Quiero que Nubens se consolide como una referencia en ciberseguridad y cumplimiento normativo a nivel nacional e internacional. Ya trabajamos con multinacionales e infraestructuras críticas, y el objetivo es seguir creciendo en esa dirección, sin perder lo que nos hace diferentes, que es la cercanía, el trato directo y la apuesta por la soberanía digital europea.
Pero hay algo igual de importante: quiero que Nubens sea el aliado estratégico de las pequeñas y medianas empresas que necesitan implementar y mantener unos niveles de seguridad adecuados al riesgo de la información que manejan. No todas las empresas necesitan lo mismo, pero todas necesitan a alguien que les ayude a entender su riesgo real y a protegerse de forma proporcionada.
Y si algo demuestra esta conversación es que todo eso se puede construir desde Jiménez de Jamuz. Que el medio rural no es un sitio del que huir, sino un sitio desde el que competir y vivir. Con tecnología europea y sin depender de nadie.
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