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Escalada: Poesía entre el silencio y la luz

Escalada: Poesía entre el silencio y la luz

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Los participantes del encuentro poético celebrado el pasado mes de junio en el Monasterio de Escalada. | NEMONIO Ampliar imagen Los participantes del encuentro poético celebrado el pasado mes de junio en el Monasterio de Escalada. | NEMONIO
Mercedes G. Rojo | 23/07/2019 A A
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Escalada: Poesía entre el silencio y la luz
Verano. La literatura a la conquista de las comarcas (IV) Visto el poder de convocatoria del público que cita tras cita acude a la llamada de los versos, podría pensarse que es fácil la tarea de organizar un encuentro de estas características. Y nada más lejos de la realidad
Comienzo este artículo haciéndole un guiño al lema que este año acompañó el X Encuentro de Poesía en San Miguel de Escalada; y es que si alguna característica especial tiene el templo mozárabe en el que este acto se celebra anualmente es precisamente el silencio del que goza el lugar en el que se encuentra situado y que –dado su aislamiento- rara vez es roto por algún vehículo que atraviesa la poco transitada carretera que nos acerca al mismo, por el sonido de un rebaño en lontananza, el gorjeo de algún pájaro, el silbo del viento o, ni que decir tiene, el del esporádico público que acude a ver este bello monumento que forma parte de nuestro patrimonio histórico; un silencio que adquiere connotaciones especiales cuando se accede al interior de la nave, donde la luz –ese otro elemento primordial– se desliza en suave caricia de los recios muros colándose por cualquiera de sus trece ventanas, siempre bajo el tamiz de esas lajas marmóreas que en otros lugares serían vidrieras, o la hermosa celosía pétrea que aún en alguna de ellas se conserva. También la luz que acompaña al Beato de Escalada, el libro iluminado de Maio, que se une a esa propuesta de poesía visual de la que es singular representante Gustavo Vega, uno de los participantes de este año. Y así en la presentación del acto que este año tuvo lugar el día 29 de junio, nos cuentan de esa simbiosis entre luz y silencio, refiriéndose a dicho libro, en el que Maio pinta el Silencio en «doce medallones, que son como coronas doradas luminosas» a través de las doce letras de ‘Silentium est’. Para añadirnos: «Las ‘iluminaciones’ son un lenguaje figurado, que en muchos casos se convierte en expresiones literarias, y especialmente poéticas, que han de ser contempladas como verdaderos poemas visuales. Comencemos por la Poesía sin palabras, que es el Silencio. Ella, sin duda alguna, nos llevará a la Luz». Y así fue, así es siempre en cada uno de los encuentros que se realizan en este mágico lugar.

Surge el evento allá por el año 2010, a tres años vista de lo que sería la celebración de los mil quinientos años de la existencia del templo y la correspondiente abadía a la que estaba adscrito, de la mano de quien ha venido siendo su coordinador todos estos años, Alfredo García Fernández, fruto de su profundo amor por la poesía y por el irrefrenable deseo de potenciar el conocimiento y la admiración por este lugar que para él (como para tantos otros, así lo demuestra la atracción que despierta) resulta mágico, y que se une desde el principio al apoyo de la Junta vecinal de San Miguel de Escalada. Y se concebirá desde el principio como un encuentro de amigos poetas y músicos, en el que «unos que se conocían, y otros que se conocen y se ‘encuentran’ para siempre en esta locura y en esta magia que es la poesía» se dan cita año tras año para entrelazar sus palabras y sus sones con el silencio de estos lugares.

La fecha, entre finales de junio y primeros de julio, próxima la fecha del comienzo estival, tratando de ajustar agendas de los invitados de cada nueva cita a un sábado. La hora, esa hora vespertina en la que el sol, aún alto, regala su luz que se filtra entre las columnas del pórtico y las ventanas, mientras los oyentes se protegen de su calor en la umbría de las naves.

Visto el poder de convocatoria del público que cita tras cita acude a la llamada de los versos, podría pensarse que es fácil la tarea de organizar un encuentro de estas características. Sin embargo han sido muchos los escollos con los que año tras año se ha ido encontrando su organizador: «permisos denegados para entrar en el templo los tres primeros años, falta de respuesta de las Instituciones (el Ministerio de Cultura sólo colaboró los dos primeros años; la Junta de CyL, el primero; hasta el Ayuntamiento local faltó en dos ocasiones…)»; escollos que se han ido solventando gracias al entusiasmo demostrado hasta ahora por poetas, músicos y organizadores que año tras años demuestran que la cultura y la poesía no tienen precio. Lo que no quiere decir que no se necesite de un presupuesto que ayude a seguir sacando adelante unos encuentros que quizá hayan incluso llegado a tener más trascendencia fuera que dentro de la provincia. Y así Alfredo García, que reconoce que para su organización se necesita mucho tiempo, reclama para los mismos «alguna mano más que apoye; muchas más ayudas de las Instituciones, muchas más implicaciones reales, muchas más puertas abiertas (hasta las físicas del Monasterio, y todo lo que lo rodea, culturalmente y cultualmente… (…) mucho más respeto a la Cultura».

Y para completar los encuentros, en cada cita, una publicación que pone a disposición de quienes acuden al mismo una selección de los poemas leídos por los protagonistas del año, que se adquiere a cambio de un donativo que tiene como destino final algún proyecto solidario, normalmente en el ámbito provincial más próximo.

Los protagonistas

Comenzó la nómina de protagonistas en estos encuentros por todo lo alto, de la mano del villafranquino Juan Carlos Mestre (por aquel entonces ya Premio Nacional de Poesía), acompañado por Beatriz Russo, Cecilia Quílez y Rafael Saravia, procurando alternar en cada cita música y poesía en una simbiosis perfecta capaz de dotar, si cabe, de mayor plasticidad aún cada acto; desde entonces, buscando cada año «la compañía y el entusiasmo de los esforzados, que han querido prescindir de la comodidad y de la pereza, confiando en nuestros planteamientos; y sobre todo han puesto en su trabajo todo su cariño y generosidad».

Por estos encuentros han pasado nombres muy importantes de la literatura nacional, muchos de ellos ligados a la creación en nuestra provincia (como nuestro Premio Cervantes, Antonio Gamoneda); unos más conocidos, otros menos, pero siempre con un afán de «superar, no en el sentido de ser superior o de aventajar; más bien en el sentido de rebasar un límite (temporal u ordinal), o de vencer dificultades o de, simplemente, mejorar».

Diez encuentros, diez lemas, diez recorridos por la música y la poesía de nuestros tiempos que nos llevan también a un viaje al pasado o a un viaje por otras culturas, por otros lenguajes que se aúnan en un acto cultural único por el marco que lo acoge, de la mano del más del medio centenar de protagonistas que por ellos han pasado, logrando que quienes se encuentran detrás de los mismos, sientan el orgullo de todos y cada uno de dichos Encuentros así como un profundo agradecimiento hacia poetas y músicos que por los mismos han pasado.

El lugar y su entorno

Estos Encuentros poéticos tienen lugar cada año en el templo de San Miguel de Escalada, sito en las proximidades del pueblo del mismo nombre, y perteneciente al ayuntamiento de Gradefes, al que se accede desde la carretera Mansilla-Gradefes.

Esta joya del mozárabe leonés, que formaría parte de un monasterio fundado a finales del siglo IX, por monjes provenientes de Córdoba (que llegarían bajo la dirección del abad Alfonso y con el apoyo de la monarquía asturiana) se erigió sobre una antigua iglesia visigoda abandonada después de la invasión árabe. Fue declarada Monumento Nacional en 1886 después de una primera campaña de restauración en 1874, a la que siguieron otras dos a finales del siglo XIX y varias actuaciones en la segunda mitad del XX, teniendo actualmente la catalogación de BIC (Bien de Interés Cultural).

Se considera el exponente fundamental del mozárabe leonés por la calidad y la cantidad de su decoración esculpida, que permite recorrer el camino trazado por la escultura mozárabe, desde sus orígenes basados en el arte visigodo con influencias de los tipos de capitel que encontramos en el último periodo asturiano, hasta la plenitud de los talleres mozárabes en el reino de León; una decoración con tres conjuntos muy diferenciados, a la vez que muy significativos y de una gran calidad: los frisos, las cancelas y los capiteles.
En sus alrededores hay otros monasterios (o restos de los mismos) que nos hablan de la importancia que tuvieron estos espacios dentro del proceso de la repoblación de la zona tras el comienzo de la Reconquista y que merece la pena visitar y descubrir.

Pero volviendo a los encuentros, y a modo de resumen hemos de decir que una vez más nos encontramos frente a una cita literaria en la que el principal motor es la iniciativa particular, en concreto la de una persona, Alfredo García, que antepone lo que es a lo que siente, un tremendo entusiasmo, un inmenso amor a una tierra que no es la suya «de nacencia, pero sí de apego personal, familiar, cultural…» alicientes que –reconoce- le han dado «la fuerza necesaria para coordinar esta experiencia magnífica y gratificante en lo íntimo…». Tras nueve años de existencia y diez exitosos encuentros deberíamos confiar en la continuidad de este y otros tantos encuentros que se prodigan por nuestra provincia, llenando de música y poesía nuestros más hermosos rincones rurales. Pero quienes andamos en estas lides sabemos que además del tiempo y el empeño de los organizadores se necesitan apoyos institucionales para continuar con actos que sin duda aportan, al lugar donde se realizan, «divulgación, conocimiento (dentro y fuera), reconocimiento, admiración, prestigio… (más fuera que dentro, ay)».

Si este año no pudieron acudir a esta cita, recomendamos que la incluyan en su agenda para el año que viene. Y mientras tanto visiten el lugar y disfruten de su luz y su silencio.

Es una forma de contribuir a que la cultura permanezca viva y con ella nuestras comarcas.
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