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En un lugar de la Mancha…

En un lugar de la Mancha…

OPINIóN IR

11/04/2019 A A
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En un lugar de la Mancha…
Estoy cansado, indignado, hastiado, defraudado, enfadado… y así podría seguir enumerando los estados de ánimo que me asaltan cuando pienso en lo ocurrido este fin de semana en Albacete. Pensaba que éramos diferentes o quizás quería creerlo, aunque las experiencias y vivencias pasadas deberían desterrar de mi mente cualquier atisbo de optimismo. Nosotros que estamos cansados de denunciar públicamente actitudes de personajes y colectivos de todo tipo que pisotean continuamente la moral, la ética y la lógica; rasgándonos la camisa en defensa de los derechos y libertades de personas, animales y cosas, resulta que cometemos los mismos errores que un día sí y otro también llenan nuestras crónicas. Algunos me dirán que puede estar provocado por una variante del Síndrome de Estocolmo. Sea así o no, lo que está claro es que el espectáculo del que pudimos ser testigos unos cuantos privilegiados o sufridores, según cómo se mire, durante la celebración de la asamblea de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España corrobora que somos iguales o peores que los otros, aquellos a los que descuartizamos, mediáticamente hablando, cuando no dudan en sobrepasar ciertos límites.

Durante el trayecto a la ciudad de ‘Iniesta de mi vida’ cuando pasaba con mi carruaje de cuatro neumáticos por el lugar del que no quiso acordarse un aficionado a la escritura, conocido por algunos como Miguel de Cervantes Saavedra meditaba si durante la asamblea me quedaría cara de Don Quijote o de Sancho Panza. Barajaba diferentes escenarios, algunos de los cuales me harían mutar en el caballero de la triste figura y otros que me empequeñecerían de altura al mismo tiempo que crecía en cintura hasta convertirme en Sancho Panza. Tengo que reconocer que entré al escenario de la asamblea al día siguiente sin ningún favoritismo por uno de los dos, pero tras lo ocurrido allí se me quedó cara de Rocinante o de Rucio. Y no seré yo quien diga la cara que se les quedó al resto, allá cada uno con su conciencia, si es que algunos de los allí presentes saben lo que es.

Les aseguro que si les describiera una a una las situaciones acontecidas durante dicha asamblea no se lo creerían y dirían que estoy exagerando, por lo que no voy a gastar más palabras de las necesarias en narrarles con todo lujo de detalles lo sucedido porque pensarían que es pura ficción. Permítanme eso sí, que comparta únicamente dos episodios allí vividos que son muy descriptivos.

En la asamblea de hace un año se presentó una propuesta de resolución para que la junta directiva de la Fape iniciase los trámites necesarios para la creación de una aplicación informática para poder realizar consultas a los miles de socios que componemos Fape, ya que es necesario y saludable democráticamente hablando conocer la opinión de los que representamos para así actuar en consecuencia. Seré un ingenuo, pero creo que hoy más que nunca las personas que tenemos ciertas responsabilidades no debemos actuar por intereses estrictamente personales, sino siempre teniendo en cuenta la opinión de aquellos que han depositado en nosotros nuestra confianza. Dicha propuesta de resolución fue aprobada por unanimidad, por lo que la junta directiva de Fape recibió hace un año un mandato alto y claro. O eso pensaba yo. Tras un año poniendo todo tipo de excusas, que desmonté públicamente durante la asamblea de este fin de semana, la junta directiva de la Fape no ha cumplido con su obligación. Pero eso no es lo peor, lo verdaderamente patético es que el presidente dijera públicamente que ese proyecto no gustaba a la junta directiva y que su error fue ir dando largas en vez de decir desde el principio que no iban a poner en marcha dicho proyecto. Hasta donde alcanza mi corto entender, si la asamblea que es soberana insta a la junta directiva a hacer algo, deberían envainarse sus gustos o preferencias ¿no? Claro, pero esto querría decir que estamos ante una organización democrática y transparente. Es mejor no saber lo que opinan los socios, porque así podrán seguir haciendo lo que sus mentes ilustradas consideran lo mejor para todos o para ellos, ahí está el problema.

Pero no sé lo que es más preocupante, que los responsables de una entidad piensen que es su cortijo y den la espalda a aquellos que representan o que las personas que están frente a ellos escuchando barbaridades y presenciando acciones de todo menos democráticas, no muevan ni un músculo para impedirlo o al menos para mostrar su rechazo. Pero bueno, esto no es nuevo. Sólo tenemos que mirar al pasado más o menos reciente o fijarnos en el presente para identificar situaciones y hechos históricos en los que para que tuvieran o tengan lugar necesitan de la colaboración obligada de aquellos que miran para otro lado cuando son testigos de una injusticia.

Por otro lado, algo pasa en Fape cuando en una votación a mano alzada hay un empate técnico entre aproximadamente quince asociaciones, que obliga al secretario a tener que repetir la votación pero esta vez asociación por asociación y diciendo su voto en voz alta y sucede lo que nunca debería suceder. Las asociaciones que habían votado sí mantuvieron su voto pero en esta nueva ronda sólo dos votaron que no y el resto se abstuvieron. ¡Aleluya, milagro! Algo huele mal cuando una persona que representa a una entidad cambia su voto al pasar del anonimato de la ‘masa’ con la mano alzada a tener que decir de viva voz su voto y por lo tanto quedar retratado, para bien o para mal.

Y es que no me digan que a uno se le queda cara de Rocinante o de Rucio ante estas vivencias. Ahora sólo el tiempo dirá si algunos nos reencarnamos en Sancho Panza y ante la cruda y dura realidad que nos rodea damos la batalla por perdida o a pesar de todo seguimos siendo unos locos quijotescos que no dudan en luchar contra gigantes, que en esta ocasión créanme son de carne y hueso.
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