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El trillo de las alubias que nunca se jubila

El trillo de las alubias que nunca se jubila

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Vicente Santos durante las labores de recogida de alubia canela en una de sus fincas en Villar del Yermo. | REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Vicente Santos durante las labores de recogida de alubia canela en una de sus fincas en Villar del Yermo. | REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE MAURICIO PEÑA
T.G. | 14/10/2018 A A
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El trillo de las alubias que nunca se jubila
Campo Tampoco han dejado de trabajar ni una criba con más de un siglo a sus espaldas ni la vieja limpiadora que Vicente utiliza en Santa María del Páramo para su producción de alubias
La maquinaria agrícola no tiene secretos para Atilio. En su taller de Valdesandinas se dedicó toda la vida a dar forma a los aperos de labranza que ayudaban al agricultor en sus quehaceres diarios mejorando la productividad de sus cultivos. «Trillos, arados, gradas, máquinas de sacar remolacha…», algunas de las que salieron de su taller descansan ahora en los viejos cobertizos de toda España ya que lo mismo las comercializaba en el Páramo que en Cataluña. En muchos casos se han convertido en viejos trastos que han ido quedando obsoletos con la tecnificación de la actividad agraria y destinados al olvido con la llegada de otros nuevos que se adaptan a los actuales modelos de producción. Pero no todos aquellos aperos han llegado a la edad de jubilación.

A pleno rendimiento sigue un trillo de alubias que salió del taller de Atilio hará 50 años. Con él trilla las alubias Vicente Santos, su yerno y productor de legumbres en la comarca paramesa. Con sombrero de paja y la horca en la mano, Vicente va cogiendo los montones de matas de alubias ya secas y arrancadas desde hace ocho días para meterlos en la trilla en una de sus fincas en la localidad de Villar del Yermo. El trabajo requiere de esfuerzo físico y según de donde venga el aire, a ratos se pierde en la polvareda. «Cada uno va al gimnasio que le da la gana», dice riéndose sin perder tiempo en las labores en las que le ayuda su mujer, que es quien tira del trillo con el tractor. «Esta es la parte más dura de las alubias», incide Vicente mientras pasa la mano por la frente sin soltar la horca. Pero está prohibido cansarse todavía ya que aún queda faena por delante para acabar de recoger alubia de la variedad canela. Esta se almacena en el depósito que lleva incorporado el trillo tras separarla previamente de la paja y para después trasladarla desde la finca a la nave en grandes sacas. Allí queda por delante limpiar, seleccionar y empaquetar el producto, procesos que también conservan la esencia añeja de la agricultura del siglo pasado.

En estas tareas el ingeniero es Atilio, incombustible a sus 80 años. Cuenta que él fue quien adaptó la limpiadora de alubias a las necesidades de Vicente, un aparato que también llevará más de 50 años en funcionamiento. Un motor mueve en este caso las cribas que van separando las alubias de las piedras y la maleza. El producto entra en la tolva superior a la que cae desde una saca que sujetan con la pala del tractor y con la primera selección que hace la máquina va saliendo a otra saca de la que hacen una segunda supervisión que es cosa del certero ojo de Manuela. Ella es la mujer de Atilio y está sentada bajo una segunda criba que tiene una solera de 100 años. No quita el ojo a la cinta en la que se van depositando las alubias, pintas en este caso, para escoger las que valen y las que no. Cuenta que esa materia prima que tiene delante «no es cualquier cosa». Sabe de lo que habla después de toda una vida trabajando en el campo, la que no cambiaría por nada. «A mi el campo me tira, yo soy de campo». Y sonríe.

El tiempo parece no pasar ni para Atilio ni para Manuela, y tampoco para su yerno, Vicente, quien valora la producción artesanal y ecológica de la legumbre, «como se hacía antaño, que sea una alubia como la de toda la vida». Su modesta producción, de entre 40.000 y 50.000 kilos al año de 12 variedades diferentes, le permite llevar a cabo este tipo de tareas cada vez más inusuales y es que para él es «impensable adquirir maquinaria moderna con una producción tan pequeña». «Al cliente se le gana por el paladar y no por la cantidad» es una de las máximas que siguen a rajatabla en esta empresa familiar ubicada en Santa María del Páramo y que tiene ya 15 años de recorrido. Bajo el nombre de Productos Selectos Campomar están sus legumbres ‘Páramoleonés’, de las que Vicente se encarga de todo el proceso productivo controlando desde la siembra hasta su llegada a los comercios, principalmente tiendas especializadas en alimentación y gastronomía en el País Vasco y Galicia.

Sin productos químicos

Vicente reconoce que este año no pasará a la historia por ser precisamente el mejor para el cultivo de alubias y todo por culpa de las intensas lluvias de primavera que retrasaron la siembra. «Estoy muy pendiente del tiempo y hago el seguimiento de las lunas y las temperaturas y con ello puedo afirmar que el cambio climático ya está aquí», lamenta. Para combatirlo, Vicente confía en la agricultura ecológica y por ello no utiliza químicos en sus fincas. Apuesta por productos como el dióxido de cloro (Agri Dis) o los aminoácidos que proporciona la sangre de cerdo (Hemostar) como fertilizantes para sus plantas. «Al principio me llamaban loco por utilizar este tipo de tratamientos en el campo ya que no estaba tan extendido su uso y el tiempo me ha dado la razón», sostiene basándose en que además «no alteran nada el producto».

Vicente dejó Cabreros del Río, su pueblo natal, por amor y se trasladó a Santa María del Páramo. Ahora allí ha encontrado en el campo su pasión hasta el punto de convertirla en un modo de vida en el que la familia ocupa un lugar muy importante. La tradición y la sostenibilidad también tienen hueco en su producción, y la apuesta por la calidad y no por la cantidad ha sido la clave a la hora de que muchos pucheros más allá de León reclamen su legumbre. Reivindica la calidad de la alubia del Páramo en general por tener esta una textura «excepcional» y de la suya en particular porque «es, simplemente, distinta».

Producción de alubias en León

El cultivo de alubias en la provincia de León fue históricamente cosa del Páramo, siendo estas tierras las ideales para su producción. Pero ya no es lo que era ni las circunstancias se encaminan a recuperar las grandes producciones de esta legumbre en la provincia leonesa después de que este año las tormentas de granizo estivales arrasasen con buena parte de las fincas en la zona de Laguna de Negrillos. No anima al agricultor a apostar por la alubia el hecho de que en el marco de la nueva PAC se limitará el uso de fitosanitarios, haciendo en algunos casos «inviable» este cultivo por ser muy sensible a las plagas cuando se da en extensivo.

El pasado año las alubias alcanzaron una extensión de cultivo en León de 4.800 hectáreas lo cual supuso un importante ascenso en relación al año 2016 cuando se sembraron 3.600. Con la campaña de este año aún en marcha, la Consejería de Agricultura y Ganadería de Castilla y León estima que se han sembrado de alubias 4.278 hectáreas, siendo así esta la provincia de la comunidad que más apuesta por este cultivo. Los agricultores están obteniendo rendimientos irregulares y por debajo de la media debido a la siembra tardía de este año. Las estimaciones apuntan a que no se superarán los 9 millones de kilos, lo cual supondrá una reducción del 25% respecto a los 11,7 millones de kilos recolectados el año pasado.
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