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El puente de Valimbre

El puente de Valimbre

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Cuevas, un humilde pueblín de la comarca de la Sequeda, tiene el honor de poseer uno de los ejemplos más perfectos de puente romano en las tierras leonesas. Ampliar imagen Cuevas, un humilde pueblín de la comarca de la Sequeda, tiene el honor de poseer uno de los ejemplos más perfectos de puente romano en las tierras leonesas.
José Vicente Álvarez de la Cruz | 01/06/2020 A A
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El puente de Valimbre
Patrimonio José Vicente Álvarez nos cuenta la historia del puente que cruza el río Turienzo como ejemplo de los muchos que hay en León y que han sido testigos de la historia
Es fácil escuchar que en muchos pueblos de la provincia de León hay un «puente romano», pero pocos de ellos son romanos de verdad. La mayoría, son construcciones medievales, también muy apreciables, pero que sólo «se parecen» a sus modelos latinos.

Sin embargo, un humilde pueblín de la comarca de la Sequeda tiene el honor de poseer uno de los ejemplos más perfectos las tierras leonesas. Es el pueblo de Cuevas, en el municipio de Valderrey, muy próximo a Astorga. Cerca de Cuevas, a medio camino entre Celada y Castrillo de las Piedras se encuentra el puente de Valimbre.

El puente es una pequeña construcción sobre el río Turienzo. Es admirablemente proporcionado, con sillares de piedra perfectamente tallados, con ojos amplios y tres tajamares. Los tajamares son partes curvas agregadas a los pilares del puente para cortar la corriente y que ésta choque con menos fuerza contra él. Los romanos querían que sus obras fueran eternas, porque eran prácticos y sobre todo, porque usaban sus logros en ingeniería como propaganda para impresionar a los pueblos que conquistaban, en este caso, el pueblo astur.

Fue restaurado en el año 1786 por Joaquín Rodríguez, maestro del Obispado de Astorga y vuelto a reformar a partir de 1996, sobre todo en sus accesos, creando un merendero para que los vecinos disfruten del tesoro de su tierra.

Los puentes, que hoy no nos sorprenden, eran escasos y valiosos en épocas más antiguas. Los ríos leoneses, ahora domesticados por las presas, eran impetuosos y salvajes. En las primaveras, con el deshielo, podían llegar a provocar terribles inundaciones. Poblaciones que distaban varios kilómetros de los cauces, veían a veces llegar el agua a las puertas de sus casas. Es el caso de Fresno de la Vega con el Esla en los años cincuenta del S. XX. Los ríos eran difíciles de cruzar y los puentes eran escasos. Muchas veces había que vadear los ríos en carro, con el peligro que ello conllevaba. También eran muy importantes los barqueros, para cruzar esas corrientes tan turbulentas, como documentó José Ignacio Martín Benito en su libro ‘Barcas de paso en el Reino de León’.

Por encima del puente pasa la Vía de la Plata, la importantísima calzada romana que era la arteria que daba la vida a todo el Oeste peninsular, desde Extremadura hasta Astorga.

El puente de Valimbre ha sido el testigo mudo de la invasión de las legiones romanas, de la derrota de los orgullosos astures, de las “razzias” de los moros y de las campañas de los guerreros reyes leoneses. Los tiempos de paz de la Edad Moderna lo convirtieron en el camino por el que llegaba a la meseta el pescado de Galicia. En el viaje de vuelta, los vinos, aceites y harinas del interior viajaban hasta el Atlántico transportados por los eficientes arrieros maragatos. Fue también el camino de la trashumancia, en el que los grandes rebaños leoneses iban en busca de pastos para alimentarse. Vio pasar a Napoleón a su paso hacia Astorga. El horror de la Guerra Civil dejó su huella en él, con el drama de los “paseados”. Pero, como reverso de la moneda de la vida que pasaba por sus ojos, también ha visto la alegría de los romances, las fiestas y los juegos.
 
El puente de Valimbre es la memoria de todos nosotros. Conservar los puentes de la provincia de León es un deber. Son una buena forma de invertir en turismo, de promover la riqueza para nuestros pueblos; y son los que muestran la Historia de lo que fuimos y a dónde queremos llegar.
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