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El privilegio del becariado

El privilegio del becariado

OPINIóN IR

16/05/2017 A A
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El privilegio del becariado
La lógica del neoliberalismo avanza sin freno. Superada esa titubeante fase en la que sus proposiciones apenas alcanzaban el estadio de retórica con la que satisfacer sus ambiciones y esconder sus intereses, hoy alcanza un nivel casi de cosmogonía.

Cuando el capital, la acumulación avariciosa de dinero y de beneficios, lo es todo, no hay lugar para nada más. Ni hay espacio para los derechos, ni para la diversidad, ni siquiera para el más primitivo y elemental humanismo. Los primeros ejemplos nacionales de estos vómitos los tuvimos hace tiempo en esta tierra nuestra. Entonces hubo quien llegó a proponer que deberían ser los trabajadores quienes indemnizaran a las empresas cuando fueran despedidos. En su concepción ideológica el dios-dinero había concedido una gracia al trabajador y trabajadora dándoles trabajo con el que consumir sus miserables e irrelevantes vidas, y estos estaban obligados a reconocer la generosidad de su Creador (no hay trabajo sin empresarios, ¡toma ya!) mediante la sumisión y la aceptación de su inferioridad social.

Hace pocos días, el conocido cocinero Jordi Cruz se jactaba del privilegio que suponía tener en su cocina a un cincuenta por ciento de la plantilla sin salario alguno, viviendo de la satisfacción de trabajar junto a un héroe mitológico como es él. «Aprendiendo sin costarles un duro» añadía. «Con alojamiento y comida gratis» concluía mientras en su cabeza se dibujaba un ¡chúpate esa, Dickens!

Al Jordi este no se le puede hablar de que en la legislación de Hostelería no existe la categoría profesional de becario, y menos la de ‘stagier’ con la que mágicamente les quería conceder un nivel superior al de otros becarios o becarias de tres al cuarto. Tampoco de que la formación profesional está perfectamente regulada para evitar el abuso y la alienación. No, con los Jordis solo se puede hablar de magia, mitología y dioses. Como para los antiguos griegos, para él la ciudadanía solo es privilegio de un diez por ciento de la población.
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