Lo es porque mirando este fin de semana la televisión el tiempo corría 15 años para atrás y tener la oportunidad de vivir el pasado tanto tiempo después es sensacional. Melendi sonaba por la radio cantando que «el nano es un gigante en un cuerpo de mortal» y volvían a estar de moda aquellas terribles y carísimas gorras azules que sostenían gafas de sol esculpidas en los mejores polígonos. El pack se completaba, para los más atrevidos y de bolsillo hondo, con infames camisas de manga corta plagadas de marcas entre los que destacaba, por peor, un tremendo floripondio en el pecho.
Era 2006 otra vez y todos éramos bastante más gilipollas que hoy, también el propio dueño del cuello más exitoso de Asturias después del de la botella de sidra El Gaitero. Y es que me pasa una cosa con los deportistas de mucho éxito, a los que en su gran mayoría aborrezco en la cúspide de sus carreras para volver a admirarles en su gestión del fracaso.
Me pasó con Alonso o con Nadal, a los que seguramente el éxito les hizo olvidarse de ser las personas que, con el paso de los años y el pasito atrás en el deporte, les ha hecho volver a ser. Yo era ateo, sí, pero ahora creo... en ‘El Plan’.
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