Publicidad
El molinero que no abandonó el molino ni con el agua al cuello

El molinero que no abandonó el molino ni con el agua al cuello

LNC CULTURAS IR

Imagen posterior del molino que resultó la parte más deteriorada al ser la más azotada por la riada. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Imagen posterior del molino que resultó la parte más deteriorada al ser la más azotada por la riada. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 02/02/2020 A A
Imprimir
El molinero que no abandonó el molino ni con el agua al cuello
La historia de la semana 'El Moli' de Santibañez estaba en su molino los días –y las noches– de las riadas. Una de estas fue tremenda, le tiró las paredes de contención posteriores, arrastró un perro, hizo un mar de 200 metros alrededor del molino más viejo de la provincia... pero ni se le pasó por la cabeza abandonar, aunque reconoce que jamás había visto "nada así"
«Otra vez con que si pasé miedo, qué no lo pasé, que llevo toda la vida en el molino y aquí ya he pasado muchas cosas, no me volváis con que pasé miedo, no».
- ¿Pero habías visto algo como esta riada?
- La verdad es que no, tenía alrededor un mar de 200 metros, el agua me subía por encima de la rodilla, toda la noche con las botas de pescar y sin dormir una gota, atento a ver cómo iba subiendo la altura del agua.

Pero insiste en que no pasó miedo. En que se volvería a quedar en su viejo molino. «Donde no podría estar quieto es en la casa del pueblo, pensando qué estaría pasando aquí».
Es Antonio Valbuena, para sus amigos El Moli de Santibáñez (del Bernesga). Un tipo singular, un casta que cuando le insisten en que lo tuvo que pasar mal aquella noche dice aquello de «¡qué cojones miedo! ¿pero tú estás mamao o qué te pasa?».

Y conversación zanjada.

Sin embargo la descripción de aquellas horas y ver los restos de «la marea» —pues se le hizo un verdadero mar alrededor— te permiten imaginar a El Moli en medio de la riada.«A las seis de la tarde ya estaba inundado todo alrededor y aquello seguía, venían de repente unas riadas que retumbaban por todas partes, llevaron las paredes de la parte de atrás pero yo sabía que las columnas aguantaban».

- Pero dices que nunca viste nada igual.
- Nunca, es verdad.
- ¿Y eso?
- Pues pregúntale a Confederación, porque lo que yo creo que ocurría es que con las ramas, la maleza que hay por todo el río, árboles caídos... que formaban ‘casi pantanos’ y cuando reventaban por la presión es cuando bajaban esos golpes de agua... que temblaba el misterio al escucharlos.

Y El Moli en el molino, en la cocina, atento a todo. Y aislado del mundo exterior.

Lo sabía, pero lo pudo comprobar en carne propia cuando quiso a ver cómo estaba uno de los perros —Leonín— en la parte superior del corral y ya no pudo llegar. «Vino una riada y me arrastraba, menos mal que estaba allí uno de los coches y me pude agarrar a él y volver al molino». No corrió la misma suerte el perro, que es lo que más lamenta Valbuena de toda la odisea. «Lo roto se arregla, pero lo del pobre León no».

Y allí sigue, en su viejo molino, el viejo edificio de adobe considerado el más viejo de la provincia, con 500 años de vida según los cálculos de este hijo y nieto de molineros, que conserva todas las piezas como eran en origen, que se pasa allí las horas «cafuñando y recibiendo amigos».

- Ahora la riada me ha dejado trabajo para entretenerme un tiempo.
Volver arriba
Newsletter