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El leonés que estudiaba y explicaba las esquelas

El leonés que estudiaba y explicaba las esquelas

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El profesor Bernardino Martínez Hernando ante su biblioteca, que donó a su pueblo. Ampliar imagen El profesor Bernardino Martínez Hernando ante su biblioteca, que donó a su pueblo.
Fulgencio Fernández | 02/11/2021 A A
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El leonés que estudiaba y explicaba las esquelas
Sociedad Bernardino Martínez Hernández, profesor de la Facultad de Periodismo de Madrid, las destaca como "elemento informativo"
Cada cierto tiempo se repite la noticia, alguna esquela que se sale de los cánones del género. Ahora se dice que se hace viral pues recorre las redes, antes era pasto de tertulias, comentarios o algún artículo en prensa. Se repetían entonces historias como la de Manuel Díaz, a quien sus amigos pusieron la ingeniosa frase de ‘Manolo, no nos esperes levantado, ya iremos llegando, tu a tu aire’ , que creó escuela y se repite de tiempo en tiempo.

Las redes es cierto que a veces completan una historia ingeniosa también con ingenio. Así cuando apareció la esquela que decía: «Yo, Javier Martínez Pastor, he muerto», un comentario añadía: «Hay quien no sabe delegar».

La última esquela viral es bastante reciente, de junio de este mismo año, y ‘lograba’ algo que no existe documentación de casos anteriores. Era la esquela de María Paz Fuentes Fernández, vecina de Lugo y aparecida el pasado 2 de junio en el diario El Progreso de su ciudad. Antes de morir, la difunta dejó constancia por escrito de su última voluntad: decidir que únicamente podían darle el último adiós las personas que habían permanecido a su lado mientras estaba viva. Para ello escribía: «Dispongo que: Ya que hace mucho que mi familia no es de sangre impongo mi última voluntad de que solo puedan asistir a mi funeral, tanatorio, iglesia y cementerio». Y añadía los nombres y apellidos de sus verdaderos amigos, rematando con un dardo final a los vetados: «Al resto de gente que jamás se preocupó durante mi vida, les deseo que sigan tan lejos como estuvieron».


Sin embargo, más allá del jugoso anecdotario que puede ofrecernos el largo anecdotario de históricas esquelas hubo un recordado profesor leonés de la Facultad de Periodismo de Madrid, Bernardino Martínez Hernando, que convirtió estas y otras curiosidades de las esquelas en material didáctico para sus clases y hasta realizó publicaciones sobre la materia, como el pequeño ensayo titulado ‘La muerte mensajera. Las esquelas de defunción como elemento informativo’.

Hay empedernidos lectores de esquelas. Personas mayores que buscan la cantidad y calidad de ‘árboles talados’, conocidos que no aparecen en ninguna otra sección Coleccionaba esquelas Martínez Hernando —un personaje entrañable del que guardan un excelente recuerdo todos sus alumnos— y las convertía en materia para sus clases. Un valor informativo que argumentaba que «muchas esquelas de defunción son un sorprendente elemento informativo merecedor de un análisis. No las esquelas periodísticas de defunción en general sino ese característico y abundante grupo de esquelas que rompen esquemas publicitarios para entrar en los publicísticos con un valor añadido de extrañeza y emoción. Son elementos informativos mestizos: información trufada de opinión. Como suele ser el periódico entero. Hasta en eso las esquelas se erigen en paradigma periodístico». Recuerda el leonés de Mansilla que «la primera particularidad de las esquelas es que pertenecen al ámbito de la publicidad. Como anuncios hay que pagarlas y como anuncios funcionan, como en toda publicidad, en las esquelas hay verdad constatable y puede haber parte de exageración, o simple y llana deformación de un pequeño núcleo de verdad». Y en la publicidad ya se sabe que «el que paga... manda».

Constata Martínez Hernando que nadie cuestiona que las esquelas es, probablemente, la sección más leída de los periódicos, por lo que hace un análisis ‘informativo’ de sus lectores: «Hay empedernidos lectores de esquelas. Suelen ser personas mayores que acaso buscan en esta curiosa sección publicitaria la cantidad y calidad de árboles talados en el bosque de la vida al que ellos aún pertenecen. Aún y quizá por poco tiempo. Hay en la lectura de esquelas una especie de morbosa delectación por parte de quien busca conocidos entre los muertos. Y no todo es morbo porque también hay simple información. Gracias a las esquelas el receptor se entera de la muerte de gentes que no aparecen en ninguna otra sección del periódico y que, sin embargo, pueden ser, y son de hecho, importantes».

Y analiza Bernardino M. Hernando de manera pormenorizada esa información que encuentran en las esquelas, en las que generalmente ‘hablan’ los familiares del difunto y, a veces, el propio difunto, que ha dejado redactada su propia esquela. Y lo ilustra con una publicada en el Ya el 13-V-1984: «Don Alejandro Martínez Gil, Sacerdote de Jesucristo, falleció en Madrid el 11 de mayo de 1984. D.E.P. Con esta esquela, redactada por él mismo para ser publicada después de su entierro, suplica con cariñoso ahínco a cuantos de veras le quisieron que rueguen a Dios por el eterno descanso de su alma; y les promete que si ha tenido la dicha de ser acogido en el seno del Padre, pedirá para ellos copiosas bendiciones».

Y desmenuza la información que ofrecen las esquelas dividiéndola en dos modelos, o apartados: El informativo y el opinativo; que van algo más allá de «los datos básicos y tópicos, proporcionados por la familia del difunto y redactados por la empresa funeraria sobre una falsilla elemental»; pero invita a reparar en que «por el mero hecho de aparecer en el periódico, la esquela informa de algo más: de la importancia social, real o aparente, del difunto ( los pobres no tienen esquelas) que se amplía según el tamaño de la esquela y la cantidad de veces que se repite».

Y recupera algunos ejemplos de cómo se repite la esquela. Así María del Mar Pérez Lafuente, muerta a los 20 años en Madrid, el 28 de noviembre de 1990 a la que cada año, en esa fecha, dedican (pagan) una página entera de ABC de Madrid, llena de recuerdos y poemas, y anuncia el funeral aniversario. O el de Don Carlos González-Serrano que falleció en accidente el 18 de marzo de 1971 y al que, 27 años después (ABC, 18-III-1998) recuerda Juanita en un poemita enternecido.

Cada apartado, como este de los recuerdos, le abría al profesor leonés la inquietud periodística de «qué se pretende con estas actitudes», ya sean informativas u opinativas.
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