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El hombre y la Tierra

El hombre y la Tierra

OPINIóN IR

20/03/2021 A A
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El hombre y la Tierra
Una música atávica suena a lo lejos, parece la llamada de los ancestros que nos convoca para asistir al espectáculo de un amanecer rojizo. La sangre de la madrugada tiñe el horizonte. El día despierta en ritmo contenido. Los primeros pájaros del alba se dibujan en silueta caprichosa poblando un cielo. Son las imágenes de aquella serie: ‘El hombre y la Tierra’. Las pantallas de nuestros televisores se convertían en imanes que concitaban y atraían todas las miradas de casa. Nuestro arca de Noé semanal, donde recorríamos los espacios naturales de nuestra piel de toro guiados por Félix Rodríguez de la Fuente. El que educó la sensibilidad medioambiental de aquella España de la transición.

Comenzaban los timbales nerviosos mientras los lobos campaban silenciosos trotando por los bosques. Se convocaban y evocaban los miedos a esas manadas invernales que bajaban a los pueblos. Y las emboscadas que les tendían en los chorcos. Multitud enardecida que a ruido de caceroladas conseguía aprisionarles en jaulas de madera para matarles sin miramientos. Sonaba nuestra melodía, la que nos hablaba de ladridos lejanos, temores latentes, balidos de ovejas y corderos temerosos de la dentellada indiscriminada del taimado lobo. Pastores congregados deseando eliminar la amenaza, lobeznos huérfanos porque aniquilaron a la madre que atacó al rebaño. Pero era el hombre o la tierra. Y entonces los señores pobladores de bosques de hayas y robledales bajaban a cobrar sus tributos de carne. Aquellos lobos que danzaban al ritmo atronador de la percusión atávica. Como la de nuestra melodía ancestral. La que creó Antón García Abril. El músico turolense que acaba de dejarnos a la edad de 87 años. El compositor que sintonizó las tensiones amorosas entre Ana Diosdado y un jovencísimo Imanol Arias entre los anillos de oro que caían como lluvia copiosa sobre fondo negro, y que ideó la habanera madrileña que arropaba la historia de Fortunata y Jacinta, o la banda sonora que preparaba la tremenda atmósfera de la embrutecida historia de ‘Los Santos Inocentes’ de Delibes. Con más de mil obras registradas en la Sociedad General de Autores, este Ennio Morricone de la música española, cultivó toda suerte de géneros musicales: desde la ópera hasta la música sinfónica y de cámara, ballets, canciones inspiradas en poetas españoles como Alberti, Machado, Rosales o Cernuda. Casado y con cuatro hijos de los cuales dijo eran sus mejores obras. Profesor, académico, creador infatigable.

De la melodía dijo en su discurso de ingreso en la Academia de las Artes, que «es eterna como el amor, como el fuego, como la noche», y como el lobo pese a la tierra a veces hostil que le cobija y que ya es también la morada del eterno maestro Antón Garcia Abril.
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