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El fondo de la cuestión

El fondo de la cuestión

OPINIóN IR

04/04/2017 A A
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El fondo de la cuestión
No hay médicos que pasen por la habitación de ese enfermo que llamamos León. Las visitas se reducen a parientes más o menos lejanos, bien entrenados en el arte de simular circunspectas caras de preocupación. No son mala gente, simplemente son así. Aprendieron a representar en sus caras la aflicción vacía con la misma facilidad con la que esbozar sonrisas huecas e impostadas.

También suelen aparecer notarios. Resultará extraño que así sea pero es que parece haber en el seguimiento de su enfermedad una especial afición por levantar acta de cada uno de los síntomas que presenta el paciente. Que si baja tensión arterial de actividad industrial, que si flaccidez muscular de una población basada en pensionistas y funcionarios, que si la fiebre que hace que cada año seis o siete mil personas decidan huir de sus pueblos y ciudades se mantiene persistentemente alta; todos y cada uno de los síntomas son registrados con minuciosidad. Solo en ocasiones aparecen sanadores por la habitación que aplican pomadas, ungüentos y ocurrentes cataplasmas que siempre acaban secas y malolientes sobre su piel.

Se me olvidaba. También pasan registradores de la propiedad. Hay quien dice que por el empeño de alguien por facilitar el inventario de bienes en caso de que se produzca el fatal desenlace y haya que repartirse la herencia. Seguramente serán maledicencias sin fundamento.

Una pequeña variación en alguno de los síntomas y todos ellos se alborotan. Disminuye por ejemplo el paro registrado y todo son parabienes, pero ello es casi como celebrar que cualquier otro enfermo haya reducido su nivel de deposiciones. A un lado, escondidos y olvidados, quedan los exiliados y exiliadas que empezaron a formar parte de la infame lista de parados y paradas de cualquier otro territorio.

Los que no pasan son los médicos. Ese es el fondo de la cuestión. Aún no se ha establecido cuál es la enfermedad que lo ha postrado y lo consume. Tal vez, como un día escribió Julio Llamazares, tan solo sea una depresión.
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