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El exconvento de Cabeza de Alba

El exconvento de Cabeza de Alba

EL BIERZO IR

Ubicación de la ruta de senderismo ‘Un paseo por el Convento de Cabeza de Alba’, en Google Earth. Ampliar imagen Ubicación de la ruta de senderismo ‘Un paseo por el Convento de Cabeza de Alba’, en Google Earth.
Francisco A. Ferrero | 03/03/2019 A A
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El exconvento de Cabeza de Alba
Rutas de nueve a una La ruta lleva el nombre del elemento histórico más antiguo del itinerario, el Convento de Cabeza de Alba
Tanto la encina de Otero de Toral (de unos 400 años de edad, ubicada en el paraje del Peruchín), como el Convento de Cabeza de Alba (con 578 de existencia y ubicado sobre las faldas de la Sierra de Alba) son elementos muy antiguos y singulares del paisaje de este recorrido. Sin embargo, al objeto de nombrar esta ruta lo haremos considerando el aspecto más notable de la misma: el convento de Cabeza de Alba, obviando, con ello, la denominación popular conocida bajo en nombre de la ‘Ruta del Peruchín’. De esta manera, le damos el justo protagonismo al elemento más antiguo e histórico de todo lo que vamos a ver durante este itinerario lleno de contrastes.

El paseo se inicia en el estribo izquierdo del puente Remacha (en honor a Mariano Remacha, director de Cosmos durante su construcción). Es, probablemente, el puente moderno más hermoso de todos los que salvan el río Burbia. Construido en dos arcadas de hormigón en 1954, como se señala en números romanos en uno de sus pilares apoyo, parece recién construido a juzgar por el aspecto del hormigón, nada envejecido. Fue construido por la empresa Cosmos para dar acceso a la cantera de caliza margosa situada bajo la falda SE de la Sierra de Alba, utilizada como materia prima para la fabricación de cemento. Bajo el puente se localiza la estación de aforos del río Burbia 1727 construida durante el primer quinquenio de 1970 y que desde el año 2008 está fuera de servicio. Durante el año hidrológico 2000-2001 la estación recogió una de las mayores avenidas del río Burbia, cifrada en 1.059 m3/s. Una vez rebasado el puente, que también da acceso a la localidad de Penedelo, se coge el camino de la derecha que nos dirige a la vallina donde se asienta el exconvento de Cabeza de Alba. Durante el trayecto cruzaremos bajo las estructuras que soportan las cintas transportadoras que conducen la caliza a la planta cementera situada a unos 2 km. Una vez bordeada la Peña de la Perdiz el camino nos conduce , entre sotos de castaños, hasta los primeros edificios del convento, situados a tan sólo 1,4 km del lugar de inicio de la ruta.

El primer contacto con el monasterio nos sorprenderá, por inesperado. Los edificios y fincas del exconvento, actualmente ocupado y de propiedad privada, datan del siglo XV como cenobio franciscano hasta la llegada de la desamortización de Mendizábal. Las referencias más antiguas a este paraje señalan que aquí vivían como penitentes Diego García y Fernando Pérez, de la Orden Tercera de San Francisco, habiendo constancia documental de que edificaron una ermita (oratorio) en el año 1423, existiendo antecedentes anteriores sobre una cueva caliza de retiro utilizada en el siglo XII, siguiendo el patrón de la famosa cueva de San Genadio en el Valle del Silencio. Más adelante, en 1444, Don Pedro Alvarez Osorio, Señor de Cabrera y Ribera y posteriormente Conde de Lemos, obtuvo bula del papa Eugenio IV para edificar cerca de la ermita en convento de ‘Nuestra Señora del Cabeza de Alva’. Fue casa de Observancia (cumplimiento estricto de las reglas fundacionales) y luego de Recolección (atención a Dios con abstracción de lo que les pueda distraer), por lo que se convirtió en lugar de referencia para el retiro espiritual de los monjes franciscanos en todo el noroeste español.

Aquí también estuvo recluido Antonio José Ruiz de Padrón, un clérigo y político natural de La Gomera, por su encendida y brillante defensa en las Cortes de Cádiz (1811) a favor de la abolición del ‘Voto de Santiago’ y de la ‘Santa Inquisión’ por lo que fue procesado y encerrado en el Seminario de Astorgadon de pasó diecisiete meses, hasta que, por sentencia del Tribunal Diocesano, fue condenado a destierro perpetuo en el convento de Cabeza de Alba; sentencia que fue recurrida y revocada unos dos años después. Ruiz de Padrón fue cura en Quintanilla de Somoza y abad de San Martín de Valdeorras donde fue enterrado el 8 de septiembre de 1823.

A mediados del siglo XVIII en Cabeza de Alba había 25 monjes. En 1824 sus imágenes y retablos fueron llevados a Corullón y, tras la desamortización de Mendizábal (1835), se inició su decadencia. Desde 1848 es de propiedad privada dedicado a labores de labranza con más de 30 ha. en propiedad, una gran parte dedicada a la producción de castañas. En la actualidad solo podemos ver restos de muros, arcos, y el caserón con la torre cuadrada principal de aquel importante cenobio impulsado por donaciones como las del Marqués de Villafranca.

Abandonamos este importante lugar lleno de historia en dirección a Corullón. Una vez rebasados los edificios del convento, sobre la falda E del Cerro de San Antonio se presentan unas magníficas vistas de la ribera del río Cúa y de la hoya berciana orlada por los primeros estribos de los Montes Aquilianos. Desde aquí es perceptible el ruido de fondo del funcionamiento de la planta cementera Cosmos que lleva desde 1924 implantada en nuestro territorio. Una fábrica centenaria que ahora está envuelta en la polémica por la quema de neumáticos usados, un combustible mal aceptado socialmente. Continúan nuestros pasos en ligero descenso hasta alcanzar el arroyo de Rebodaos, envuelto entre una jungla de árboles centenarios. El soto de castaños que circuyen el monasterio, uno de los más grandes del Bierzo, probablemente tuvo su arraigo bajo el impulso y la cultura que emanaba del monasterio, que representaba una fuente innovadora y de conocimiento para los habitantes de entorno. Durante el trayecto podemos ver, en la distancia, la vega donde se encuentran los ríos Burbia y Valcarce y los pueblos de Horta, Vilela y Villafranca del Bierzo, así como algunas viñas imposibles que escalan por las laderas empinadas.

El camino carretero continúa por debajo del mirador de Corullón hasta interceptar la carretera LE-158/42 en las últimas casas de la barriada más al sur de Corullón. Continuando la carretera en descenso cruzamos el río Burbia y alcanzamos el caserío del pueblo de Horta. Horta es la forma gallega del castellano ‘huerta’, cuyo nombre se refiere a la gran llanura aluvial de la margen izquierda del anastomosado río Burbia donde se asienta la población, muy adecuada para los cultivos hortícolas.

Alcanzando la plaza-surtidor de Horta, el camino continúa por la margen izquierda del río Burbia hasta alcanzar el pueblo de Otero de Toral. De camino, podremos ver el bosque de galería que flanquea el río Burbia y el remanso producido por la presencia de la presa de El Pelgo. Antes de abandonar la ribera fluvial e iniciar la subida bordeando el macizo calizo de Peña Parda, se observa un amontonamiento de cantos rodados en la parte interna de un meandro del río, todo parece indicar que se trata de una explotación aluvionar de época romana en busca de oro.

Alcanzamos Otero a la altura de su cementerio y nos recibe una solitaria encina monumental conocida como el ‘xardón del Peruchín’, se dice que la mayor encina de Castilla-León. Aunque ya muy mermada en sus dimensiones originales, tiene unos 22 metros de alto y 6,34 m de perímetro medidos a 1,30 m del suelo. Según los estudios, con unos 2 metros de diámetro, tiene una edad estimada algo superior a los 500 años por lo que fue plantada alrededor del año 1500.

Abandonamos este paraje en dirección S hasta casi alcanzar un huerto de paneles solares, donde una pista térrea sale a nuestra derecha en dirección a la presa y central hidroeléctrica de El Pelgo situadas en el fondo del río. Sobre un estrechamiento del río Burbia, donde se presenta un afloramiento de duras rocas cuarcíticas, se construyó este aprovechamiento hidroeléctrico que, al parecer, tiene varias etapas constructivas. El primer aprovechamiento se debe a la iniciativa de los hermanos José y Antonio Santín (sacerdote el primero e ingeniero el segundo) con la fundación, en 1920, de la empresa Electrificación del Bierzo S.A. y la construcción de la central hidráulica de El Pelgo en la margen derecha del río Burbia. Inicialmente disponía de un solo grupo que llegó a suministrar luz a Cacabelos y Villafranca, además de Otero, Penedelo, Toral de los Vados y Villadecanes. En 1933, la C.H. de El Pelgo fue adquirida por ELSA (Eléctricas Leonesas S.A.), pasando posteriormente a manos de Unión Fenosa. Más adelante, en 1947, el nuevo propietario mejora y modifica las infraestructuras hidroeléctricas a la margen izquierda del río, construyendo la magnífica presa de bóveda que vemos en la actualidad y mayorando la potencia de la fábrica de luz; disponiendo en la actualidad de 2 grupos de 0,2 MW y 0,56 MW.

El resto del trayecto discurre por la margen izquierda del río hasta alcanzar de nuevo el puente Remacha. De camino, pasaremos al lado de la cantera Cristina donde justo enfrente hay unos farallones de roca caliza que se descuelgan hasta el río. En la parte baja de este afloramiento se encuentra la Cueva de las Tres Ventanas; un hábitat del periodo calcolítico (2.700-2.500 a.c.) que representa una de las manifestaciones más antiguas de presencia humana en el Bierzo.

A pesar del nombre, realmente sólo se aprecian dos ventanas comunicadas entre sí que dan acceso a unos estrechos pasadizos laberínticos. El trazado de las galerías naturales tiene forma de ‘Y’. Al parecer, tuvo una ocupación humana ocasional relacionada con una función sepulcral.
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