Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
El desarrollo rural sí que entra en la ecuación

El desarrollo rural sí que entra en la ecuación

ACTUALIDAD IR

En las naves del centro cuentan con alrededor de 500 animales para trabajar en sus investigaciones. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen En las naves del centro cuentan con alrededor de 500 animales para trabajar en sus investigaciones. | MAURICIO PEÑA
Rosa Álvarez | 04/02/2019 A A
Imprimir
El desarrollo rural sí que entra en la ecuación
Campo El Instituto de Ganadería de Montaña (IGM) suma éxitos desde el año 2008 en la mejora del rendimiento productivo, la sanidad y el bienestar de los animales
En Grulleros, en la conocida como Finca Marzanas, medio centenar de investigadores dependientes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Csic) y de la Universidad de León (ULE), trabajan cada día con la mirada puesta en el desarrollo rural, en mejorar el rendimiento productivo, la sanidad y el bienestar de los animales (fundamentalmente rumiantes), la interacción con el entorno y la calidad de los productos obtenidos (leche, carne, etc.). Desempeñan su actividad desde el Instituto de Ganadería de Montaña (IGM), de titularidad mixta y creado en 2008, pero cuyo germen hay que buscar en la Estación Agrícola Experimental (EAE), que se instaló en esta misma ubicación en 1982.

La alianza con la Universidad de León llegó por un motivo tan claro como práctico: conseguir una masa crítica mínima de investigadores que permitiera al centro competir en más proyectos. Así lo indica la directora del IGM, Pilar de Frutos, quien recuerda que en investigación hay que pelear por el presupuesto, por lograr que se fijen en tu planteamiento, que guste y alguien quiera financiar su desarrollo. Por eso, la unión entre el Csic y la ULE ampliaba el abanico de posibilidades. En su contra jugó el momento en el que se puso en marcha, 2008, cuando la crisis golpeaba con fuerza. «Ese convenio era muy ambicioso, apostaba por más personal, un edificio nuevo, naves de experimentación… pero no han sido los mejores años y muchas expectativas se han ido quedando por el camino», reconoce.

Logros y trabas

No obstante, desde el Instituto ponen todo su empeño en que la cosa marche y buena prueba de ello son los logros alcanzados en este tiempo. Muchos de sus trabajos han sido recogidos en publicaciones reconocidas como «de alto impacto», y esto teniendo en cuenta que existe otro factor que juega en su contra. Pilar de Frutos apunta que sus investigaciones no se publican en Science o en Nature, que son las revistas científicas más populares, pero por una sencilla razón, que es que «la oveja no le interesa a nadie». Una afirmación que explica asegurando que si sus trabajos en vez de en rumiantes se hicieran en humanos tendrían «todo el espectro abierto, pero en ganadería… no es lo mismo. Es dificilísimo que vayáis a encontrar un artículo sobre ovejas en estas revistas». Asumiendo esto, Pilar de Frutos ejerce como «directora orgullosísima de su centro» y se muestra muy contenta con las publicaciones «tan buenas» que han hecho hasta el momento. A ellas suma otro mérito, que es que tienen «un montón» de pequeños contratos con empresas privadas tanto nacionales como extranjeras, aunque afirma que de eso casi no puede presumir, «porque lo contrario sería una penalización. Si no tuviéramos muchas y muy buenas relaciones con investigadores extranjeros sería que algo falla».

Defiende la importancia de la publicación asegurando que la investigación es «carísima» y por ello es necesario evitar malgastar esfuerzo y dinero. «Yo puedo tener una idea gloriosa, pero si reviso lo que ya se ha publicado previamente puedo darme cuenta de que la idea, aunque sigue siendo buena, resulta que ya se ha trabajado en ella hace 30 años, con lo que ya no es nueva, y esto es fundamental, porque mis conclusiones serán las mismas a las que ya ha llegado alguien», dice.

Líneas de investigación

Respecto al futuro del centro, éste pasa inevitablemente por las líneas de investigación que mantiene abiertas y que se agrupan en tres bloques o departamentos, el de nutrición y producción de herbívoros (que analiza los factores nutricionales que afectan al rendimiento productivo, el bienestar animal y las características de los productos finales, carne y leche, en herbívoros de interés ganadero); el de sanidad animal (que estudia las principales enfermedades parasitarias e infecciosas de los herbívoros) y el de sistemas ganaderos y uso del territorio (centrado en la producción animal, especialmente en áreas de montaña: uso del territorio y rendimiento productivo).

En definitiva, se trata de «continuar investigando, generando conocimiento en su área, para más tarde conseguir que los resultados de este trabajo tengan su aplicación, lleguen al sector, al ganadero», pero siendo conscientes siempre de que esta segunda parte no existe sin la primera, de que la investigación básica es tan necesaria como la aplicada, explica Pilar de Frutos.

Del total de trabajadores del IGM, 35 están adscritos al Csic y 20 a la Universidad, a ellos habría que sumar las estancias temporales de personal investigador o el personal que está todavía en formación, los investigadores que están haciendo su tesis doctoral, los que llegan para hacer una estancia para un máster, un posgrado, etc. Para desempeñar su trabajo, tienen a su disposición la finca Marzanas, que ocupa 24 hectáreas y tiene una parte dedicada al pastoreo de los animales y otra al cultivo de cereales y alfalfa, así como una nave para el manejo de los animales, otra para el almacenamiento del alimento para el ganado (tienen alrededor de 500 animales, aunque la cifra varía) y una última para guardar los vehículos y la maquinaria y aperos agrícolas).

Naves de experimentación

Además, cuentan con naves de experimentación de rumiantes (bóvidos, ovino y caprino), con más de 2.000 metros cuadrados de superficie. En ellas, hay corrales, jaulas individuales para pequeños rumiantes (hasta 150), otras metabólicas para animales adultos o en crecimiento, salas para la lactancia artificial, plazas individuales para ganado vacuno, una sala de ordeño de 10 puntos para ganado caprino y ovino, una lechería con tanques de frío, laboratorios y almacén de alimentos, una sala de necropsias, cámaras de refrigeración y congelación y también vestuarios, baños y duchas individuales para el personal.
Volver arriba
Newsletter