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El Camino cruza el Meruelo

El Camino cruza el Meruelo

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El puente dispone de siete vanos, aunque el agua pasa por debajo de los cuatro más alejados del pueblo. | LUIS SOLERA SELVI Ampliar imagen El puente dispone de siete vanos, aunque el agua pasa por debajo de los cuatro más alejados del pueblo. | LUIS SOLERA SELVI
Luis Solera Selvi | 09/09/2017 A A
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El Camino cruza el Meruelo
Cazando puentes por territorio leonés El puente de los peregrinos de Molinaseca concluye esta sección en la que se han ido analizando las diferentes obras pontoneras que atraviesa la Ruta Jacobea a su paso por la provincia de León
Avanzamos con tesón y curiosidad por el Camino de Santiago leonés, siempre hacia un oeste que parece infinito. Se han cazado multitud de obras pontoneras en la ruta y la visión en lontananza hacia poniente podría hacer desfallecer a cualquier curioso adocenado pero aún nos quedan decenas de puentes y pontones de singular belleza y es una motivación más para el viajero.
De este puente guardo siempre un recuerdo agridulce pues me encontré con él por primera vez de un modo casi obligado. Una de las variadas manifestaciones y bloqueos en la A-6 que protagonizó el colectivo minero allá por el año 2010 me pilló al pasar por Astorga con el camión cargado y con órdenes expresas de descarga en las obras para el Museo de la Energía en Ponferrada. Tras consultar mapas, opté por la LE-142, una carretera ‘guay’ que hasta parecía que tenía los mismos kilómetros hasta mi destino y además, era puro Camino de Santiago.

No, no estaba muy decente la jodida calzada y lo percibí en seguida, pero no quise retroceder. Firme muy estrecho, mal pavimentada, baches, espirales y contracurvas, toboganes y pendientes imposibles y un día de extremo calor que arrugaba a la máquina y a mí, claro. Pero tengo muy presente una de las últimas bajadas dentro de un valle con vistas espectaculares y el atractivo brillo de un río de aguas cantarinas que me sedujo de inmediato. Aparqué el camión y casi en cueros vivos como un poseso me lance a aquellas aguas frescas que, juraría, me abrazaban con un cariño especial.

Tras unos pocos minutos chapoteando, el avieso aunque bonachón cazador de puentes adquirió la postura lobuna de acecho (o sea, de observación) y quedó maravillado de esta estructura pontonera milenaria que se erguía sobre el río Meruelo. Geometría pura que se acentúa en un juego de luces y sombras que adquieren movimiento; serpentea su tablero de más de 80 metros flotando sobre aguas al tiempo que invita al viajero jacobeo a pasar, a tomar descanso en cualquier banco de piedra de esta villa. Aunque es obra generosa, pues dispone de 7 vanos de exacta directriz curva en medio punto, las aguas rebeldes tienen preferencia por pasar bajo los cuatro más alejados del pueblo, espléndidos y perfectos tras la metódica rehabilitación que sufrieron en el año 1981. La historia de los otros tres es difusa y se pierde entre legajos polvorientos ilegibles: tal vez de origen romano, su impronta actual es puramente medieval en un estilo románico muy jacobeo.

Bueno, allí estuve y así os lo cuento. La carretera provincial LE-142 es preciosa, embriaga, seduce y enamora a cualquier conductor que ama la dificultad del asfalto cuando se hace difícil y culebrea. Yo ahora la suelo correr en furgoneta y es más cómodo. El Puente de los Peregrinos se encuentra en el PK 49,700 de esta indomable calzada leonesa. Salud y buena ruta.

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