Veinte años de reflexiones desde la fosa de Priaranza

Emilio Silva Barrera publica 'Agujeros del silencio', una recopilación de textos tras las dos décadas desde la exhumación de su abuelo en el Bierzo, donde germinó a lo grande el movimiento de recuperación de la memoria histórica

D.M.
08/11/2020
 Actualizado a 08/11/2020
Detalle de la portada del libro 'Agujeros del silencio'.
Detalle de la portada del libro 'Agujeros del silencio'.
Han pasado justo 20 años desde que se abrió la fosa de 'Los 13 de Priaranza', un enterramiento común  de la guerra civil en la carretera de la localidad berciana donde yacían 13 represaliados víctimas del franquismo, entre los que se encontraba Emilio Silva Faba, quien después sería el primer identificado genéticamente después de ser exhumada de una de esas infinitas cunetas del horror.

Son 20 años que han dado para muchas reflexiones. Unas reflexiones que Emilio Silva Barrera, su nieto, ha plasmado por escrito en el libro 'Agujeros en el silencio: renglones de memoria contra la impunidad del franquismo 2000-2020' de la Edtorial Postmetrópolos.

Silva es presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH),  el colectivo que nacía hace dos décadas en el Bierzo precisamente con la apertura de la fosa de Priaranza, la primera exhumación de este tipo que se realizó con métodos  científicos y supondría el despertar el movimiento de rescate de la memoria democrática tras décadas de olvido.

'Agujeros en el silencio' es un volumenque reúne una recopilación de textos del Emilio Silva Barrera cuyo título nace de una frase que pronunció el autor en octubre del año 2000 junto a la fosa en la que estaba siendo exhumado su abuelo, antes de saber o imaginar que a partir de allí se pondría en marcha todo ese  movimiento de la memoria que ha abierto un gran debate social y político en los últimos veinte años.

Fue frente a una cámara de vídeo, apoyado en un árbol: "Parece que nos proyectamos sobre Argentina y Chile y debajo de nuestras cunetas, en huertos por toda España hay miles de personas. Y yo he tenido la suerte, entre comillas, de encontrar un dato para localizar a mi abuelo.... Se están abriendo agujeros en el silencio, que es un poco de lo que se trata, que este agujero que se ha hecho aquí empieza a agujerear ese silencio y empiecen a llegar sonidos de los que pasó en esos años en España y que esta historia no sea una historia oculta, sino que esté acompañando al resto de las historias, con los mismos derechos y la misma difusión que tienen", apuntaba Silva hace dos décadas. 

Y muchas de esas reflexiones, hasta hoy, quedan plasmadas en su libro. Un libro que atraviesa, analiza y desvela los caminos por los que ha recorrido el debate acerca de la memoria histórica la  sociedad en las últimas dos décadas, donde el Bierzo, germen de ese movimiento, ha tenido un papel muy protagonista. 

Son textos recopilados de artículos publicados en diversos medios de comunicación, de su participación en diversas publicaciones y que con la conmemoración del 20 aniversario de la primera exhumación científica de una fosa en la que se encontraban los restos de su abuelo, tratan de explicar qué es  la memoria histórica, qué queda de franquismo en nuestro presente, qué debe hacer la sociedad frente a ese pasado traumático y cuáles son las políticas de memoria que tienen que garantizar los derechos para las víctimas de la dictadura. Porque está convencido que "dentro de esos agujeros se encuentran muchas de las explicaciones para entender la realidad política, social y cultural de nuestro presente".

La historia de Emilio Silva Faba


A Emilio Silva Faba lo mataron a tiros pistoleros falangistas el 16 de octubre de 1936, junto a otras trece personas.  Les dispararon y los abandonaron en una cuneta, a la entrada de Priaranza del Bierzo. Habían transcurrido tres meses del golpe de Estado contra el gobierno de la República con el que comenzó la guerra civil.  

Allí los trasladaron desde Villafranca del Bierzo, donde había sido detenido junto a otros muchos, civiles, republicanos, trabajadores, algunos padres de familia, como él. Militante de izquierda republicana, defensor de la escuela pública y laica, cuando lo detuvieron, en su casa de Pereje se quedaba esposa Modesta y los seis pequeños hijos de ambos, el mayor, no había cumplido ni diez años, la menor tenía unos meses.

Su nieto se enteró de muchos detalles de esta historia hablando con Arsenio Sanjurjo, un amigo de la familia, en el año 2000.  En esa conversación salió el tema de la fosa de su abuelo y le confesó que sabía, más o menos, donde podía localizarse. Así preguntando en Villalibre de la Jurisdicción, acabaron dando con un lugar a la entrada de Priaranza del Bierzo, donde les habían asegurado que habían sido asesinadas 12 o 13 personas. Una fosa sobre la que había pesado el silencio durante décadas.

Hace 20 años se abrió la fosa. 64 años después del enterramiento. Y allí empezó todo. Veinte años de memoria ahora escritas por quien dio ese gran paso para quitar el peso de ese silencio en memoria de su abuelo y de tantos otros miles de víctimas que aún yacen en las cunetas. 
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