En el barrio de arriba de Tejeira, una pequeña localidad de La Somoza perteneciente al municipio de Villafranca del Bierzo, la recogida de basuras se ha convertido desde hace semanas en una tarea vecinal, física y angustiosa. Los residentes aseguran que llevan más de un mes sufriendo problemas con el servicio después de que el camión habitual fuese sustituido por otro de mayores dimensiones que ya no puede acceder por las estrechas calles de la zona.
La solución improvisada pasa ahora por que sean los propios vecinos quienes arrastren los contenedores cerca de 500 metros hasta un punto donde sí puede llegar el nuevo vehículo de recogida. Un esfuerzo especialmente duro en una zona donde prácticamente todos los residentes superan los 80 años.
“El asfalto está lleno de baches y un par de veces casi se nos escapa el contenedor hacia el río”, relata indignada la vecina Ermita Barredos, una de las afectadas por una situación que considera “insostenible”.
El problema afecta directamente a dos contenedores y a alrededor de 12 vecinos de los 20 que viven en esta parte del pueblo. Según explica Barredos, fueron tres personas las que acabaron encargándose del traslado de los depósitos ante el temor de quedarse definitivamente sin recogida.
“Estuvo quince días el contenedor completamente lleno y no venían a recogerlo”, lamenta. La situación se agrava además por la edad y las condiciones de salud de algunos residentes. Entre los afectados se encuentra una mujer con Esclerosis Múltiple, para quien desplazarse hasta el nuevo punto de recogida supone un importante problema añadido.
Los vecinos aseguran haber trasladado ya sus quejas al alcalde de Villafranca del Bierzo, quien, según explican, se habría comprometido a adquirir un vehículo más pequeño que pueda acceder nuevamente a las calles del barrio.
Sin embargo, en Tejeira reina el escepticismo. “Nos cuesta creerlo porque hemos tenido un camión adecuado durante 30 años y ahora lo han cambiado por este”, señala Barredos.
Más allá de la basura, los vecinos sienten que el problema refleja el abandono que, aseguran, sufre esta pequeña localidad berciana desde hace años. Las dificultades de comunicación y el mal estado de las carreteras forman parte también de sus reclamaciones.
“He tenido que poner ahora un teléfono fijo porque no teníamos otra conexión”, explica la vecina, que describe además las carreteras de acceso como “tercermundistas”. “Cualquier día no podremos llegar a Villafranca”, advierte.
Mientras esperan una solución definitiva, el temor de los residentes se centra ahora en la llegada del calor. Los contenedores permanecen durante días llenos hasta que alguien puede desplazarlos manualmente para facilitar su recogida. Un servicio básico convertido, para estos vecinos, en una carrera diaria contra el abandono y el esfuerzo físico.