Torre del Reloj y rotonda de República Argentina

Rafael Casas
20/08/2023
 Actualizado a 20/08/2023
Antiguo reloj de la Estación de MSP (Minero Siderúrgica de Ponferrada) en una imagen de finales de los años 70.
Antiguo reloj de la Estación de MSP (Minero Siderúrgica de Ponferrada) en una imagen de finales de los años 70.

Acuciado por las prisas, salí de casa sin portar conmigo ni reloj ni móvil, acontecimiento que me suele ocurrir con frecuencia. Al instante de querer saber la hora pude ratificar dicho olvido, con la suerte de tener que pasar por delante de la torre del reloj, en su actual ubicación. Era una mañana cálida en un agosto, mes clásico, de la estación estival que vivía. La esfera del reloj de la torre, en su parte superior, como en mi etapa, de adolescencia había cumplido con su función, la de informar a los ciudadanos de la ciudad templaria de la hora y minuto, con plena exactitud. Gracias a Dios, con tiempo suficiente para llegar sin demora a la cita programada. Este hecho fue la excusa para que el resto del camino se me hiciese más ameno. Mi cerebro se puso a funcionar con un solo fin, recordarme todos los datos históricos que había leído en su momento de esta escultura tan nuestra.


Nos vemos obligados a retroceder a finales de la década de los cuarenta, momento en el que el arquitecto municipal, el santanderino José Martínez Mirones, recibió la orden o encargo de diseñar y llevar a cabo una torre para la plaza de Lazúrtegui con el fin de colocar un reloj con un claro objetivo, que fuese una obra de carácter práctico y funcional, añadiéndole el ingrediente de ser carecer de grandes pretensiones artísticas.


Así fue como el mencionado arquitecto se puso manos a la obra. Parte de la idea del diseño de una torre, de sección cuadrangular y formado por tres cuerpos: el de la zona inferior a manera de pedestal, abierto por sus cuatro lados con vanos de medio punto con unas celosías metálicas; el segundo o central con la función de pilar y sostenimiento del tercer cuerpo, un pequeño cubo en cuyos cuatro lados les incorporaría las esferas del reloj. Para remate de este monumento se le pondría unas almenillas. 


Su primer emplazamiento sería el de la plaza Lazúrtegui. En aquellos años este vial apuntaba a ser un enclave básico en una población que dejaba atrás el calificativo de pueblo para adquirir el de ciudad. Allí permanecería hasta un 31 de mayo del año 1960. Su sustituto sería una cabina para que un guardia urbano pudiese regular el intenso tráfico que por aquellas fechas sufría y padecía esta plaza. No siempre se le llamó Julio Lazúrtegui. Su anterior nombre era la de los Mesones. En la actualidad, una fuente luminosa ocupa el centro de la misma. Este espacio urbanístico de la ciudad, junto a las aguas de su fuente, ha sido lugar de cita para celebrar muchos eventos sociales de todo tipo. A nivel deportivo, concretado en el deporte rey: el fútbol. Es un lugar de concentración para celebrar éxitos del equipo local, nuestra Deportiva, o nacional, para los seguidores del Real Madrid.


Su nuevo emplazamiento sería un lugar con un cierto carácter ecológico, hermoso y bello. Nos referimos a la única zona verde de la ciudad en aquellos años, nada más ni nada menos que el parque del Plantío, pero este nuevo destino no sería definitivo. Permanecería en este parque 37 años y estaría acompañado del busto de la figura del ilustre ciudadano de Cubilllos del Sil, don Severo Gómez Núñez, y el monumento de la Carrasca. En la década de los 70, en la zona ajardinada que rodeaba la torre, hubo unos inquilinos muy curiosos: las pequeñas figuras, en piedra, de los siete enanitos de Blancanieves. Su hueco está ocupado, en la actualidad, por un templete que sirve para conciertos de músicos. El Parque del Temple, en la parte baja de la ciudad, acoge otro palco a manera de hermano gemelo del que hemos hablado.


Corría el año de 1997 cuando se toma la decisión por parte de los ediles de la ciudad de buscarle su nuevo asentamiento. El lugar elegido sería la glorieta de la rotonda de la República Argentina. Consecuencia de la edad del monumento y de los daños sufridos en sus traslados, fue necesario realizarle algunas modificaciones con el fin de paliar los desperfectos y deterioros de esta singular torre-reloj. Las modificaciones llevadas a cabo se realizaron en lo que concierne a su parte central y la esfera del reloj. La decisión a tomar fue la de colocar un nuevo reloj.


Por lo que concierne a mi persona, he de manifestar que el reloj ha cumplido con creces una gran labor social. Recuerdo que estamos hablando del año 1947. Poseer un reloj en propiedad no resultaba tan fácil de tener para una inmensa mayoría de bercianos. Era en cierta manera un artículo nada necesario. Se vivía perfectamente sin él y no impedía para nada el desarrollo normal de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Mi primer reloj lo tuve en el 1966. Me lo habría de regalar mi abuelo materno, Lorenzo Pérez Pumar. El motivo sería por haber aprobado la reválida de cuarto de bachiller. Gracias a ello obtuve un pergamino por el que se me acreditaba tener el Título de Bachiller Elemental.  Mi abuelo argumentaba que con él yo me había ganado el ser tratado de don. Por entonces, a personas como él se las trataba de don por su edad, no por sus estudios o conocimientos culturales.


Al ser la plaza Lazúrtegui un lugar de encuentro para muchos jóvenes y no tan jóvenes, la Torre del Reloj era un acompañante más, testigo de llamar la atención públicamente a aquellos miembros de pandilla o amigos que no llegaban a la hora acordada. Se les echaba en cara su falta de puntualidad. La mayoría de las veces, las chicas. Dicho retraso ocasionaba llegar tarde al evento cultural o de otro tipo de actos al que teníamos programado asistir. También fue testigo mudo de muchas conversaciones íntimas, peleas de parejas, discusiones familiares, accidentes…


Quién le iba a decir a la segunda escultura urbana más longeva de Ponferrada que volvería a estar a escasa distancia de su primera ubicación, en mitad de una calle con nombre muy significativo. De unos años a acá luce un mensaje concreto y sencillo. Ocurre en pleno período de las fiestas navideñas. «Feliz Año Nuevo» (sin ningún tipo de discriminación) para todo aquel que transita por este espacio. Su mera contemplación me evoca aquello de: «Reloj, no marques las horas, porque voy a…»
 

Archivado en
Lo más leído