La tormenta ha vuelto a mostrar este miércoles su cara más intensa en distintos puntos de El Bierzo, donde las fuertes precipitaciones han dejado inundaciones, arrastres de materiales y nuevos problemas en las comunicaciones de varias localidades.
Uno de los puntos más afectados ha sido Bouzas, donde las aguas del arroyo Meruelo llegaron a anegar varias zonas del pueblo. Los vecinos volvieron a comprobar cómo los restos arrastrados desde las áreas afectadas por los grandes incendios del pasado verano terminan descendiendo ladera abajo con cada episodio de lluvia intensa.
El agua llegó a inundar algunas huertas y amenazó también a varias viviendas, en una situación que volvió a poner de manifiesto las consecuencias que la pérdida de cobertura vegetal sigue teniendo meses después de los fuegos que arrasaron buena parte del entorno.
La huella de aquellos incendios también se ha hecho visible en Vega de Espinareda, donde la crecida de las aguas ha dejado al descubierto sedimentos, cenizas y restos arrastrados desde las zonas quemadas, visibles especialmente en el entorno de la playa fluvial.
Mientras tanto, en Peñalba de Santiago, la tormenta ha vuelto a afectar a la comunicación por el Valle del Oza, una carretera especialmente vulnerable a los desprendimientos y escorrentías que se producen tras episodios de lluvias intensas.
Continúan los trabajos en Fornela
La atención sigue puesta también en el acceso al Valle de Fornela, donde los técnicos de la Diputación de León continúan trabajando para recuperar la normalidad después de que una riada cortara la carretera de acceso a Faro.
Tras los trabajos realizados durante las últimas horas, se ha conseguido habilitar de forma provisional una vía de comunicación que permitió mantener abierto el acceso durante la noche. Sin embargo, las labores de reparación continúan y seguirán condicionando la circulación mientras se avanza en la retirada de materiales y en la evaluación de los daños provocados por el arrastre.
Las incidencias registradas durante las últimas jornadas vuelven a evidenciar el impacto que los incendios del pasado verano siguen teniendo sobre el territorio. La falta de vegetación en amplias zonas quemadas favorece la erosión y multiplica los efectos de las lluvias torrenciales, que encuentran ahora menos obstáculos para arrastrar tierra, cenizas, troncos y otros materiales hacia cauces y carreteras.