"Soy pastor en Pombriego y esto no está bien. Estamos ahogados"

Edilberto Rodríguez relata lo que viven los ganaderos y agricultores tras el suicidio de un compañero en Aragón por no poder hacer frente a su negocio

20/07/2025
 Actualizado a 20/07/2025
Edilberto Rodríguez, el joven pastor de Pombriego, un ejemplo de lo que es luchar por un sueño.
Edilberto Rodríguez, el joven pastor de Pombriego, un ejemplo de lo que es luchar por un sueño.

El pastor de Pombriego, Edilberto Rodríguez, relata lo que cuesta luchar por un sueño, emocionado por el suicidio de un compañero de Aragón, David Lafoz, de 27 años, uno menos de los que cumple él, por no poder hacer frente a todas las zancadillas que se le ponían a su negocio agrícola.

Rodríguez considera que el caso del aragonés no es un hecho aislado. Incluso él desvela que se ha encontrado con situaciones en las que todo se volvía en su contra "y solo quería desaparecer".

El joven pastor reconoce que la situación en el campo es hoy límite, y se está cobrando vidas, algo que pide evitar: "El compañero no pudo con la presión que envolvía toda esta situación", explica, visiblemente afectado. "Me tocó el corazón porque me he visto reflejado".

Él empezó a construir su sueño con 20 años, sin nada. “Nos prometieron mil ayudas que, en un principio, sí que empezaban a llegar”, recuerda. “Pero después te sueltan la mano. Estiman que ya estás al mismo nivel que cualquiera y te las quitan, y te vas ahogando”. Él tuvo que construir una nave para su ganado: “Me dieron un adelanto… que me hicieron devolver después”.

Rodríguez ha peleado con uñas y dientes, y sobre todo sin descanso. Ha trabajado en la cantera, en la vendimia, apagando fuegos… mientras cuidaba el ganado. “Solo tenía una idea: sacar mi proyecto adelante. Siempre con el ganado”. Hubo días sin noches. “Y, a la hora de la verdad, no eres nadie. Eres un número, un código. Yo soy el pastor de Pombriego. Solo si llegas a lo que ellos esperan, te dan algo… o te quitan lo que tienes. Y cuando llega ese momento, no ves salida”.

Reconoce que él ha pisado ese límite: “Te dan ganas de todo menos de vivir”, confiesa. “Pero tengo una estrella que me ilumina… y no siempre es así”.

Lo que tiene claro es que su caso no es el único. También tamboritero, viaja por otras poblaciones del rural de La Cabrera y del Bierzo y ve su realidad calcada en otros enclaves. “No decimos nada, pero hay que vivirlo”, dice. “Todos tenemos nuestra historia: veterinarios que nos quedan lejos, acceso a las medicinas cada vez más difícil, contar con hectáreas… porque no somos propietarios de nada”.

“En el campo estamos totalmente ahogados”, subraya. Y las ganancias siempre se reinvierten. “Es difícil decir que no tenemos ni para comprar unos zapatos”, en una sociedad de consumo de la que ellos también forman parte.

“Tenemos que sacar préstamos para todo y, si sigues adelante, todo es para seguir pagando”. Un círculo que no se cierra y en el que él está metido, sin arrepentimiento. “Pero en muchas ocasiones me hubiera gustado desaparecer del mapa”.

“Esto no está bien”, reconoce. “No sé la solución, no soy político… pero es muy triste que, cuando un joven apuesta por esto, todo se le vuelva trampas”.

Desde esa posición, solo quiere dar ánimos a quienes están en la situación que vivió Lafoz: “Que sigan adelante, que siempre hay una salida. Nadie merece que nuestras vidas se queden por el camino”.

Lo más leído