Silencio. Esa fue la única petición de Abel Arias, el ya carbonero, antes de abrir el roscón de tierra bajo la que había colocado, junto a compañeros de Bierzo Vivo y Souto Vivo, cuatro toneladas de "carne" de castaño del Soto de Villar de los Barrios hacía una semana. El proyecto venía de lejos. Más de un año de preparación, de localización, de manejar todas las posibilidad, hasta llegar a este momento, casi ritual. Si todo había ido bien, al desentrañar la tierra y despojarla de la madera, saldría un carbón vegetal casi en combustión. El proceso era delicado. La entrada de aire podría llevar al garete toda la operación que mantuvo en vilo, durante largas noches, a los pies de la carbonera, a Arias. Estaba nervioso y solo quería escuchar lo que fuera dictando el sonido de la tierra al dejar de ser montaña sobre el fuego y la madera.
De las cuatro toneladas, el 20% sería el primer carbón vegetal realizado en Villar de esta manera. Y el pueblo disfrutaría de él en una parte. La otra, según explica Nancy Prada, responsable del proyecto Souto Vivo, a pie de carbonera, iría a convertirse en sustrato para la horticultura berciana. Es el proyecto piloto número 1 para los diez que se pretende desarrollar dentro de ese gran Souto Vivo de la ADR Bierzo Cabrera. Todo comenzó con la limpieza de una parte del soto y con la identificación de las zonas con mayor daño de la enfermedad del chancro para pasar a, con esa leña retirada, realizar la carbonera que ahora tendrá ese doble destino, carbón y sustrato.
Y la cosa fue bien. Arias y los compañeros que estaban emocionados con la apertura de la carbonera fueron arañando con caricias el montón de tierra. El carbonero explicaba que tuvo que adelantar este proceso porque la tierra "no es buena" y tenía grietas. Eso hacia peligrar el carbón y podía hacer que se quemara por completo, con lo que el nacimiento esperado dejaría de ser un parto para ser aborto y todo su trabajo de días y cariño hubiera quedado carbonizado. Pero comenzaron a aparecer esos troncos pequeños, de entre tres y quince centímetros, negros, claro, como el carbón en el que se habían convertido. En una capa fueron quedándose alrededor de la carbonera que Abel había mimado durante largas jornadas, sin moverse, solo respondiendo a lo que la carbonera pedía. La "MIsión Carbonera" como se denominó el reto experimental, había superado la prueba y tal vez pueda replicarse en otras zonas. Lo que ahora se pretende es darlo a conocer. De hecho Arias ha hecho otra pequeña carbonera para que se vea todo el proyecto, sus fases, su desarrollo, y el resultado final.
En una comarca marcada por el declive de la minería del carbón, la producción de carbón vegetal emerge como un gesto cargado de significado, una forma de reconectar con los recursos tradicionales desde una perspectiva sostenible y adaptada a los nuevos tiempos.
El escenario tampoco es casual. El Soto de Villar, reconocido como Bosque del Año 2024, atraviesa un momento delicado por el avance del chancro y el abandono. En este contexto, la iniciativa ha servido para transformar un problema en oportunidad, retirando biomasa, creando un cortafuegos natural y recuperando caminos en desuso que vuelven a dar vida al entorno.
Nicolás de la Carrera, portavoz de BIerzo Vivo reconoce lo simbólico de esta actividad "es una muestra de aprovechamiento forestal y queremos que este proyecto piloto tenga continuidad en el futuro", apuntó. Es más, la limpieza del soto se verá apoyada por la carbonera "todo el material enfermo y seco se irá acumulando para darle a ese residuo un uso como carbón vegetal". Reconoce que la iniciativa ha levantado la curiosidad de todos y también el estímulo de ayuda "es una carbonera colectiva. Ha participado Promonumenta, Asprona y mucho voluntariado", dice. Ahora seguirá viva para que se pueda seguir visitando durante los próximos días, mientras se piensa en marca este bautismo como el inicio de algo nuevo, algo berciano que habla de raíces, de pasado y de futuro y algo a replicar.
