Santiago Macías: "No se puede poner la ciencia y el conocimiento al mismo nivel que la barbarie intelectual"

Santiago Macías, historiador y escritor berciano sobre la represión en la Guerra Civil

15/02/2026
 Actualizado a 15/02/2026
Santiago Macías en La Nueva Crónica de Ponferrada. | MAR IGLESIAS
Santiago Macías en La Nueva Crónica de Ponferrada. | MAR IGLESIAS

Hay 1.200 nombres de muertos que no están. La historia les dio un bandazo de masacre y desaparecieron de registros, de memorias, pero no de todas. El historiador Santiago Macías, que se ha encargado, desde hace 30 años, de desempañar esas identidades que un régimen y un tiempo dejaron aparcadas en las cunetas, quiere ahora inmortalizarlas en el papel. El que fuera uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lo hará con los 13 de la fosa de Priaranza, aquella foto que golpeó a una sociedad que había cerrado los ojos a un pasado que sí movía molinos. Pero lo hará también en un trabajo enciclopédico con cada una de las víctimas, tal vez por historia, seguro que por justicia y, sobre todo, por un estímulo propio de conciencia y ayuda. Lo lleva dentro, como la historia que le contó su abuela Teresa de Jerónima y el pequeño Fernando, asesinados por ser mujer e hijo de un sindicalista escapado. Ese tatuaje de dolor y muerte es lo que quiere revelar. 

-Hace 26 años hubo un hito, la exhumación de los 13 de Priaranza. Pero antes, ¿qué había? ¿Silencio?

-Se cumplen ahora 30 años desde que empecé a investigar todo esto. En el año 96 conocí a Alfonso, el que entregó los restos de Girón precisamente. Él conocía a mi abuelo y a mí me enganchó este tema, del que siempre había oído hablar pero sobre el que se guardaba bastante silencio. A los seres humanos basta que se den cuenta de que algo está en secreto para querer saber más sobre ello. Yo empecé a colaborar en muchas cosas que se hicieron. En el año 97 fui una de las personas que acompañó a la familia de Girón al cementerio del Montearenas. Las fotografías que hay son mías porque la familia no quiso que fuera la prensa, tal vez porque consideraron que no era algo tan normalizado como ahora. Después se hizo un homenaje en Ocero, en Villasinde, unas jornadas en Ponferrada... antes del año 2000. Surge lo de Priaranza porque Emilio Silva viene al Bierzo buscando a su abuelo y un tal Arsenio Marcos, un jubilado de Endesa que había sido del Partido Comunista en la clandestinidad, le habla de mí y nos ponemos en contacto. Además, Julio Vidal (arqueólogo), que es de Priaranza, se implicó como voluntario para ayudarnos y creo que eso fue lo que cambió todo. Él fue el más fundamental en este tema. Se habían hecho exhumaciones simbólicas a lo largo del país, que los propios hijos alentaron para recuperar a sus padres con sus manos, a pico y pala. Era lo que íbamos a hacer en Priaranza, pero con Julio conseguimos reunir a los mejores especialistas de algo que ahora podríamos decir que es política de Estado.

-A partir de ahí, fue un punto de inflexión, una foto que recorrió el mundo. Coreanos, japoneses… se daban cita en las exhumaciones que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, fundada a raíz de aquella exhumación, iba realizando. Un trabajo que se pedía que asumieran las administraciones, pero que nunca llegó a ser así, aunque sí se dieron pasos. ¿Considera que todo aquel trabajo fue compensado o no como esperaba?

-Los inicios no fueron muy fáciles, porque desde que se hizo lo de Priaranza hasta que se normalizó esto pasó tiempo. Íbamos con pasos más lentos, porque de esa exhumación hasta la siguiente, que fue en septiembre de 2001 en Fresnedo, pasó casi un año. Pero no se hizo nada porque estábamos totalmente abrumados por lo que movió. Habíamos tenido que habilitar un apartado de correos y yo iba a recoger miles de cartas con un carrito de la compra. El fondo documental de solicitudes de información y ayuda de todo el mundo es alucinante. Aquello tomó una dimensión exagerada. Paralelamente se hicieron exhumaciones, se organizó un campamento internacional en 2003 y llegaron voluntarios. Nos pasamos un verano abriendo fosas por muchos sitios. A partir de ahí creo que el tema tomó otra dimensión. La ONU admite una reclamación y la eleva al Gobierno pidiendo explicaciones sobre qué pasaba con los desaparecidos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que nace en El Bierzo, empieza a delegar en otras asociaciones en otras zonas. Todo esto ha tenido consecuencias: la memoria democrática forma parte de las políticas de España, pero también hubo quien intentó eliminarlo todo, como hizo Mariano Rajoy. Ahora mismo hay dos cuestiones no resueltas. Por un lado, cuantificar a los desaparecidos. A cualquiera que le preguntes cuántos muertos hubo en la Guerra Civil, si te contesta con una cifra exacta es un atrevido. En El Bierzo, en el frente de guerra murió muy poca gente, pero en la retaguardia hay cientos, probablemente más de mil. Y de esos mil civiles hay unos 600 que no están registrados en ningún lado, solo en la memoria de quienes los recuerdan y los han buscado. La memoria oral está desapareciendo. Por otro lado, esta cuestión debería afrontarse desde una perspectiva oficial. Las exhumaciones también deberían ser oficiales para que no pasen ciertas cosas. En El Bierzo debemos estar orgullosos de que aquí esté normalizado. Nunca hemos tenido problemas con nadie. Ha habido gente de todos los colores que ha colaborado. Incluso el actual alcalde de Ponferrada lo ha hecho, pero en otros extremos, en esa moda verde que tenemos, no ha habido ninguna manifestación en contra.

"No se puede poner la ciencia y el conocimiento al mismo nivel que la barbarie intelectual"

-Pero realmente esa oficialidad que se pide para los trabajos nunca ha llegado pese a ese apoyo ¿qué nos queda por escalar para conseguirlo?

-Yo creo que los partidos políticos tienen muchos problemas y uno es que hay ciertas cosas que se salen de la cuestión política y deben entrar en el campo de la pedagogía. Ahora que está teniendo muchas cuestiones de Memoria Democrática, no veo que haya nadie encabezando este asunto que sepa del tema. Después de 26 años y sin presunciones, creo que conozco a todos los que tienen que ver con este tema y sospecho de aquel que no conozco de nada. Y creo que hay gente que está ahí más por una cuestión de partido que por el conocimiento del asunto. Y a veces pienso que así nos va, porque es una cuestión de escalafón de partido y no de conocimiento. En España hubo una guerra, pero luego, dentro de ella, hubo muchas guerras y no se puede ver desde la misma perspectiva lo que pasó en El Bierzo en esa retaguardia que en otras zonas como Extremadura. La represión fue distinta. En El Bierzo apenas hay inscritos en los registros civiles y en otras zonas sí. Es algo que era premeditado y eso nos dificulta el trabajo a los investigadores y eso lo voy a explicar en mi próximo libro. Pero había otras metodologías y en otros sitios les parece el caso berciano imposible de trabajar, porque no hay datos y en sus zonas sí, por lo menos dejaban datados a los asesinados, aquí no. Si tomas de referencia esos lugares en los que sí hay datos, no puedes generalizar. Tienes que conocer de qué se habla en cada sitio. Oyes decir cosas como que la guerra la perdimos todos... que hubo muertos en los dos bandos no es hacer pedagogía. La guerra se sabía cómo era y lo que era y que el Día de la Victoria no era salir de baile... Lo escuchas en jornadas en las que hay grandes historiadores que yo alucino que vayan a presentar su punto de vista al lado de gente que fueron nietos de embajadores de España en la Alemania nazi... No se puede poner la ciencia y el conocimiento al mismo nivel que la barbarie intelectual.

-¿Pero estamos en ese punto a día de hoy, tan poco hemos avanzado?

-Creo que hemos involucionado en el tema pedagógico. Hoy sale alguien en un reel diciendo que Franco era un fenómeno y la gente prefiere verlo en 15 segundos y absorber el mensaje que coger un libro de historia. Incluso prefieren eso que escuchar a su propio abuelo y que le cuente qué pasaba en la dictadura. Yo espero que esa involución acabe y se vuelva a evolucionar, al menos volver al punto en el que estábamos hace unos años, cuando había un porcentaje tan alto de gente que pensaba que la dictadura era maravillosa, que creo que está en un 25%. Cuando un argumento es tan débil y tan permeable, creo que cuando se hace pedagogía habrá gente que esté a favor de la razón.

-¿Esa involución ha hecho que hayan quedado cunetas cubiertas a la espera de exhumaciones en El Bierzo?

-Se han hecho muchas cosas y es verdad que, desgraciadamente, hoy ya no es que no queden protagonistas de aquella cuestión, sino que hay muchos lugares que han desaparecido. Si alguien piensa que va a ir al Montearenas a encontrar algo, yo le digo que va a perder el tiempo. Se han hecho muchísimas infraestructuras allí, uno de los lugares más macabros de esta zona. Hay otros lugares como los pinares de Ocero donde pasa lo mismo. Hay trabajo por hacer, sí, pero también hay que documentar muy bien las cosas para hacerlo.

-Queda trabajo por hacer y sorprende que de aquellos 13 de Priaranza que marcó un hito, queda un nombre común para todos, pero no sus identidades, que ahora quiere desvelar. ¿Es tan difícil como para que un hito así no haya tenido como resultado poner nombres y apellidos a los huesos? ¿Se ha encontrado con trabas para desvelar los nombres que descansaban en la cuneta?

-Lo que ha pasado es que cuando un titular funciona, la cosa se queda ahí y hay otra gente a la que eso no le vale. A mí aquello no me valía. Igual que hemos llegado a saber la identidad de otros grupos, como los 35 asesinados de Magaz, que fueron fruto de una investigación que yo hice. Por la misma regla de tres, en Priaranza me parecía una obligación decir quiénes eran del 1 al 13. Se sabe el nombre del abuelo de Emilio Silva y de dos o tres más cuya familia se puso en contacto con nosotros, pero poco más. Para llegar a identificarlos hay que trabajar mucho, cruzar datos y, una vez con los datos, buscar a las familias, que a veces eres tú el que le da el dato a ellos, no ellos a ti. Muchas veces nos preguntan si los familiares nos han pedido las exhumaciones y muchas veces ni siquiera saben nada de dónde acabó ese familiar. Hay que poner nombre y apellidos a esas personas que no contabilizan en ningún sitio.

"En El Bierzo apenas hay inscritos en los registros civiles y en otras zonas sí. Es algo que era premeditado"

-Ese es el trabajo al que se ha dedicado, a poner esos nombres sobre el papel, ¿hasta dónde llega ahora ese nuevo trabajo que piensa publicar?

-La idea es, pueblo por pueblo, sacar esos nombres. Es lo que me planteé hacer y he tenido que digitalizar información, el registro civil del Bierzo desde el 18 de julio del 36 hasta que yo fui a esos registros, hoja por hoja... Es una locura. Treinta años después todavía no lo he llevado al papel. Es un trabajo muy grande si se hace serio, otra cosa es novelar una historia. En este asunto no hay documentos en un archivo, va más allá, cada nombre es una investigación.

-Una investigación en la que ¿ha encontrado zancadillas?

-El acceso a los archivos no es un problema. Con la Iglesia, aunque mayoritariamente no hay problema, sí que otras veces lo hay. Hay determinados curas que ponen las normas y si consideran que te deben ayudar lo hacen y si no, no. Es una ley no escrita que tienen. Pero en sus archivos tampoco es que tengan una información muy relevante, más que alguna partida de bautismo para dar datos de la edad. No te vas a encontrar defunciones porque eso está en el registro civil. Ahí hay que torear de otra manera. En los archivos históricos y registros civiles no hay mayor problema. El problema es la dimensión que te encuentras cuando llegas ahí. Hacer los registros del Bierzo es un año de trabajo todos los días. Es un trabajo que te tiene que gustar.

-¿Y por qué lo ha hecho, por hacer historia o por hacer justicia?

-Primero por hacer justicia y porque considero que es una obligación ética y moral. Pero no es una cuestión propia, cualquier persona que se acerque a este tema siente lo que es ayudar a alguien. Hemos arrastrado a mucha gente a colaborar con este tema... Si sabes que tienes un dato que puede ayudar, ¿cómo no lo vas a dar? Creo que forma parte de la vida, que es un alimento hacerlo. A nivel personal y de conciencia no se puede dejar de hacer.

-Esa ayuda que va de los papeles a devolver los restos a una familia...

-Sí. En mi libro El monte o la muerte hay 840 nombres. Se puede contar la historia sin tantos nombres, eso lo dices cuando no sabes lo que significa que el familiar lea el nombre de su represaliado. Por eso ha sido un libro que va por la décima edición. Un libro local que haya vendido 17.000 libros no es casual. Es que hay gente que ha transmitido eso a sus hijos y a sus nietos. Es como una joya para la familia porque sale ese nombre. Ese libro ha arrastrado obras de teatro, Almudena Grandes lo nombra en uno de sus libros, que yo le regalé. Hubo incluso intervenciones que se desencadenaron por lo que yo cuento en el libro. Todo eso es muy satisfactorio porque sabes que el trabajo en el libro marca el de otras personas, porque realmente eso es la pedagogía que se busca. Lo de los nombres siempre ha sido para mí una obsesión, más allá de que para el lector sea más engorroso. Pienso más en esos familiares. De todos esos cientos de nombres que jamás han aparecido no puede ser que se desconozcan. Ya hay quien dice que la represión en Ponferrada solo fueron unas 20 personas, porque son las que hay en el registro civil del 36 al 39. Cuando venga alguien dentro de 100 años y no haya otro trabajo hecho, ese es el dato con el que se va a quedar. Eso era lo que se quería. Se prohibió inscribir a esas personas, ni siquiera proteger sus tumbas con una cerca. Tenemos que combatir a nivel de investigación esa carencia que ha habido.

"Hoy sale alguien en un reel diciendo que Franco era un fenómeno y la gente prefiere verlo en 15 segundos y absorber el mensaje que coger un libro de historia"

-Pero eso ha funcionado, porque esos libros y esa pedagogía puede ser que sean la causa de que haya líderes de todos los signos políticos que hayan secundado trabajos de exhumación de represaliados, como ha sucedido en Ponferrada, que ha sido el propio alcalde popular, Marco Morala, el que presentó los resultados de las exhumaciones en el cementerio del Carmen.

-En El Bierzo, pese a que somos muy críticos con nosotros mismos, en esto vamos muy por delante. Cuando vas a otros sitios, sientes que tenemos mucha suerte. A nadie se le ocurre ir en contra de todo esto. Creo que es lo que tenía que ser en este país la derecha democrática y no que se deje llevar por unos energúmenos que son lo más parecido a lo que denunciamos con estas investigaciones. En Ponferrada nos hacen falta muchas cosas, pero a este nivel vamos muy por delante.

-El último capítulo ha sido la aparición de los verdaderos restos de Girón, el maqui que murió tres veces, el luchador berciano por excelencia que se pensaba que estaba enterrado en el cementerio de Montearenas. Y aparece cuando ya no se le esperaba, ¿o sí se esperaba?

-Sí y no. Para mí simbólicamente ese trabajo estaba hecho. Yo conocí a Alfonso Yáñez, que hace 43 años tuvo la valentía de ir a pedir un permiso para sacar lo que él pensaba que eran los restos de Girón. Él recordaba el lugar donde lo habían enterrado y fue allí con una retroexcavadora y pensó que eran aquellos restos. Él ya no está aquí para dar su versión, pero estoy seguro de que sería la persona más feliz del mundo sabiendo incluso que se había equivocado. Que ahora aparezcan, seguramente había alguna sospecha de que podía haber quedado algo, como estoy seguro de que quedaron muchas partes tras el traslado al otro cementerio. No se hizo ese traslado a nivel científico. Lo que está debajo de la tierra no se ve. Valoro positivamente que se haya encontrado. La historia hay que contarla en su contexto y creo que esa parte la he echado en falta. No se ha contado la versión anterior y casi se ha considerado mentira y no lo fue. No era Manuel Girón, pero era alguien que tenía mucho que ver con él. Y hay que poner sobre la mesa la valentía de esa persona.

"Lo de los nombres siempre ha sido para mí una obsesión, más allá de que para el lector sea más engorroso"

-Y ahora, ¿encajan las piezas por fin?

-Sí, yo creo que sí. En el año 97 algunas personas que dicen sentirse aliviadas no apoyaron cosas como comprar un nicho en el cementerio, que fue un sobrino de Girón el que tuvo que venir de Francia a pagarlo... Yo le doy mucho más valor a lo que se hizo en un contexto muy diferente y con cero medios técnicos.

-Desenterrar a Girón ha desenterrado también el tema de los represaliados, incluso se ha presentado una nueva revista, Girón Vive, que pretende ser una nueva voz sobre este tema...

-Esa revista es de unos chicos que tienen una coordinadora antifascista en El Bierzo. Lo que habla de Girón es el título, pero tienen sus reivindicaciones de chicos de 18 o 20 años. Yo, en la presentación de esa revista, lo que vi es que no cabía un alfiler. Muchos eran jóvenes que no se movían del sitio. Eso es un argumento en positivo, porque el dato mata al relato. Cuando tienen conocimiento de una cosa eso es imbatible. En alguna charla que hice me pedían que tuviera algo de cintura, por la zona... en Villamartín del Sil me pasó y yo decidí hablar lo mismo que he contado en otros lugares y fue muy emocionante, como si hubieran pasado 10 años desde el 36, pero en positivo. Nadie puso peros a los datos de la investigación, porque son datos y eso es la realidad, no se puede rebatir. En la primera entrega que voy a dar solo hay que echar mano de la Causa General. Ahí se piden los nombres de todas las víctimas del "terror de los rojos en Ponferrada". Solo hay una, en Fresnedo. Franco no quería reparar, quería cifras para justificar el golpe de Estado. Eso ha pasado en todos los municipios. Cuando publicas un libro y dices que vas a hablar de todo lo que pasó y pones que, "por cierto, la Causa General dice esto". Y sobre los consejos de guerra que se hacían a los que quemaban las iglesias de su pueblo. Parecía que habían ardido 500 y se quemaron 3. Incluso alguna se dice que ardió y no fue verdad, como la de San Pedro. Contra ese relato hay que dar datos porque eso deja sin más argumentos. Con el tema de Girón, se cierra un círculo, pero los datos de todo el proceso, lo que se solía decir sobre él, se ha acabado ya porque hay un libro totalmente documentado.

"La historia hay que contarla en su contexto y creo que esa parte la he echado en falta" 

-¿Cuántos nombres vamos a ver publicados?

-En El Bierzo hay unos 1.200 nombres, víctimas mortales, luego hay exiliados dentro y fuera, gente que se cambia de identidad, cientos de encarcelados. Comparas esa cifra con los muertos en el frente y te das cuenta de que en una guerra son testimoniales. Son unos datos que dejan claro que el problema de esta guerra no fue el frente, fue la guerra de los pueblos. Y no fueron muertes por peleas por una novia o por problemas de tierras, porque eso iba a la justicia ordinaria. Toda la gente que fue represaliada aquí lo fue por un tema político, como fue el caso del dueño del Hotel Madrid, José Ballester. Hay que acabar con ese argumento de que había muertes por las rencillas por unas tierras, no fue así. Los homicidios por cuestiones de lindes eran otra historia y se juzgaban de otra manera, pero todas las cuestiones con trasfondo político, ahí se dio rienda suelta... Eran personas que desaparecieron del mapa, no están ni en la historia. Son personas que nadie sabe que pasaron por esta vida. Se los llevó el 36. Hay que dar esa información para acabar con ese tipo de afirmación de que la guerra la perdimos todos.

-¿Cuál ha sido el nombre de todos ellos que más le ha marcado?

-En el año 2007 se juntaron varias circunstancias para mí. Murió mi abuela, que tenía 94 años, y siempre me acuerdo de una historia que ella me contó y que me hubiera gustado que hubiera vivido para decirle lo que pude investigar sobre ella. Fue el caso de Jerónima y Fernando, la madre y el niño represaliados en Flores del Sil. A mi abuela no le pude devolver la información que ella me había dado documentada, pero cuando yo descubrí aquello acababa de nacer mi hijo. Recuerdo aquella historia de la mujer embarazada a la que mataron con el niño. Me pareció una obligación contarlo, sobre todo por la foto que pude conseguir, que no la tenía ni la familia de ella. Su marido se fue de aquí, le mataron a toda la familia, a ella se la llevaron por delante, pero parte de su familia se quedó aquí y no tenían fotos. Sin embargo, él, que no volvió porque lo iban a matar y se fue a Pedrún de Torío, se llevó aquella foto. Imagínate todo lo que vivió con aquella foto... nunca se deshizo de ella y lo iban a matar. Después se volvió a casar y tuvo un hijo con el que conseguí hablar y me regaló la foto. La tiene la familia de Jerónima. Ese caso, para cualquiera que hubiera estado en mi lugar, te deja impresionado, sobre todo por las circunstancias de mi momento, que acababa de ser padre... Imagínate esa vida, la de un sindicalista que no tenía delitos de sangre. Por ese “delito” mataron a toda su familia. Me dolió bastante que tiraran la casa de Jerónima porque creo que era un lugar de memoria increíble y se podía haber rehabilitado. Pero hay cuestiones que se hacen desde el corazón, como yo lo hice de manera anónima, y después hay gente que hace estas cosas pensando en el rédito político. Es verdad que hay un recordatorio donde los mataron que todo el mundo respeta. Pero esos dos nombres creo que empujarían a cualquiera a seguir investigando.

"El problema de esta guerra no fue el frente fue la guerra de los pueblos"

 

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