Poesía y encuentro son las dos bases que le aportan vida a Roberto Arias, autor de 14 libros enmarcados en ese estilo desde casi niño en su Valtuille de Abajo. Sabe que ese marco y el que hoy le pone Cacabelos le han hecho ser. Y en ellos basa un lenguaje complejo, que va más allá de la palabra, hacia las sensaciones. Ahora se reencuentra de nuevo con el lector en ‘Alaridos de amor’ un canto a la naturaleza, a los sueños, a la infancia. Una puerta abierta a una felicidad contenida en su propia soledad.
-'Alaridos de amor' es su libro número 14 ¿qué es lo que lo caracteriza? ¿qué nos ofrece con respecto a los anteriores?
-Este nuevo libro viene a ser la continuidad de todos los anteriores, especialmente de los tres o cuatro últimos, a través de los cuales he ido, creo, redefiniendo mensajes poéticos a través de la palabra escrita, ya que en los primeros volúmenes experimentaba una poesía mucho más simple, aunque esto no signifique que sea menos interesante; únicamente era otra forma novedosa de enfocar la expresión poética.
-Si 'Hilvanando Palabras', su anterior trabajo, compartido con los relatos de Francisco Arias, contenía una poesía más sencilla y cercana, este libro contiene una poesía muy elaborada y compleja ¿es su forma más propia de expresarse?
-Lógicamente cada vez que surge a la luz un nuevo poemario, se va avanzando y ganando en habilidad para expresar el sentimiento íntimo. En próximos libros seguramente se experimentará una nueva forma de llegar al lector. Creo que nunca existe una forma propia de expresión literaria, puesto que siempre se está sumergido en la búsqueda de nuevos arquetipos poéticos.
-Habla con la poesía y parece que nos cuenta nuevas etapas, tal vez una búsqueda, tal vez una esperanza…desde una infancia alegre que recuerda.
-La infancia suele ser, en la mayoría de los casos, afortunadamente, una época feliz y por tanto, digna de recordar. La infancia equivale en la persona a lo que podríamos considerar los cimientos de un edificio, y es ahí donde se forja la personalidad del individuo. Siempre se vive en un proceso de búsqueda, ya sea de una cosa u otra. En la poesía se intenta alcanzar la palabra exacta para lograr con nitidez tocar la fibra sensible del destinatario de los versos.
-¿Qué representa tener esos paisajes bercianos en su ADN a la hora de escribir?
-El paisaje, sin duda alguna, influye grandemente en el sentir del ser humano. No es lo mismo habitar en un paraje u otro; de ahí que el paisaje también impulsa a escribir de una manera determinada. En mi caso, y en el de muchos otros, debo agradecer habitar en el Bierzo, ya que disfrutamos todos los bercianos de este entorno mágico y mítico.
-Habla de naturaleza y hay palabras como sueños, alegría ¿algo ha cambiado con estos alaridos?
-Este reciente libro se funde con la naturaleza, se empapa de ella y la disfruta, recreando un onírico panorama de ensoñación exacerbada, al tiempo que la alegría desborda el corazón para arrullarlo con ternura enfebrecida y estimulante. “Alaridos de amor” viene a ser una configuración paradigmática de un texto escrito con efusiva pasión. Sigo con la misma fuerza poética, en la inercia de trabajos anteriores.
-Siempre se ha expresado en forma de poema ¿qué le ofrece este sistema de comunicación que no encuentra en otro?
-Cualquier sistema de comunicación es válido y pertinente para llegar al receptor. Existen muchos medios de transmitir información, sentimientos, ideas…La poesía es simplemente uno de ellos, en el cual yo me encuentro como pez en el agua. Lo cierto es que no he intentado nunca practicar otro género literario, pues considero que la poesía es quizá el medio más directo de expresión, dicho sin menospreciar la novela, el relato, el ensayo o la dramaturgia.
-¿Qué representa la poesía en su vida en la actualidad?
-Lo mismo que ha representado siempre. Escribí mi primer poema con doce o trece años, y desde entonces no he cesado en mi producción literaria. La poesía para mí lo representa todo, es un refugio inestimable, una fuente de placer y bienestar, un motivo más para sentirse vivo, una manera de manifestar los recovecos de la personalidad.
-De un modo global ¿qué es lo que quiere trasladar al lector con este nuevo texto?
-Lo fundamental es que los destinatarios disfruten con la lectura, se dejen llevar por lo vocablos que conforman cada página; que se identifiquen con la pluma del que los pergeñó; que sientan dentro de su espíritu cada senda recorrida en aras de la belleza, y que lleguen al orgasmo pletórico del alma (que no del cuerpo).
-¿Se siente un “ermitaño de las palabras” como lo califica Francisco Arias al presentar el texto?
-Cuando se ejercita el trabajo de la escritura, cualquiera que sea, en todo momento se es un ermitaño, puesto que el lector está solo ante el folio en blanco. De este modo lo soy, al igual que Juan Ramón Jiménez, mi poeta preferido, cuando dice: “yo tengo en mi casa encerrada, por su gusto y por el mío, a la poesía…”. La soledad, cuando es buscada para lo que sea, en todo momento es muy satisfactoria; alguien dijo que las cosas más importantes de la vida se realizan en soledad. Yo disfruto de la soledad y la aprovecho al máximo como si fuera un tesoro de valor incalculable, un regalo de la existencia y una manera de encontrarme a mí mismo.