Quince historiadores vuelven a colaborar en la revista Bierzo, que cada año busca ofrecer “un diálogo de fe y de cultura”, según afirmó el coordinador de la publicación, el rector de la Basílica de la Encina, Antolín de Cela en su presentación del número anual.
En este nuevo número, Vicente Fernández, uno de los colaboradores, centra su trabajo en los cuatro siglos de historia de la Torre de la Encina, justamente ahora que se encuentra en obras. El objetivo es celebrar estos 400 años poniéndola en valor como mirador de Ponferrada, acompañado de un museo de arte sacro. Una torre que “siempre ha sido un hito para la ciudad”, reconoce el historiador, quien considera que es el momento de repararla. Fernández asegura que invertir en esta obra “es importante”, frente a quienes opinan que existen otras prioridades.
El artículo aborda tanto la obra actual como la historia de su construcción, que se prolongó durante un siglo y se vio interrumpida en varias ocasiones por las crisis que afectaron a la zona en el siglo XVII. Este trabajo se suma a otros estudios curiosos publicados en la revista, como el del gato que aparece en un cuadro de 1557 en la escena de la Anunciación en Salas.
Miguel José García dedica su artículo a los “curatos” y explica la importancia que el marqués de Villafranca otorgaba a controlar las pequeñas parroquias y a esos curas que las llevaban: “Sabía que los párrocos eran los que más conocían del pueblo”, señala, y esa información otorgaba poder.
La revista también incluye un artículo sobre Garabito, un ladrón de bueyes, y otro sobre Bartolomé García y Terrón, el juez de Sésamo que indultó a El Tempranillo.
José Antonio Balboa analiza la figura de Juan Patau Borrell, un catalán que se asentó en Cacabelos en el siglo XIX. Entre sus peculiaridades destaca que trabajó en la mina como prospector y que fue él quien impulsó el nombramiento del pozo Julia en Fabero.
Por su parte, Pío Javier Ramón se centra en el edificio que albergó el primer Banco Bilbao en Ponferrada, un hecho relevante ya que esta entidad solo se establecía en localidades con alto desarrollo económico. La sucursal se abrió en 1929, un año después de la construcción del inmueble en el número 2 de la calle del Reloj. Curiosamente, la viuda propietaria dejó en su testamento que la venta del edificio destinara tres quintas partes del importe a la educación de niños pobres en el seminario. Aunque la operación se complicó, se llevó a cabo en 1953, cumpliendo con su voluntad.
La revista continúa desgranando artículos interesantes hasta completar quince, gracias a la colaboración del Archivo Histórico Parroquial de la Basílica de la Encina y de la Fundación Ana Torres Villarino.
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