Uno de los dos deseos que el villafranquino Óscar Cela se había marcado después de llevarse una de las mayores sorpresas de su vida era poder presentar públicamente la pieza que encontró por casualidad en una finca familiar acompañado de una ponencia sobre la cultura castreña, “la gran olvidada”, como él mismo la define. El segundo era todavía más importante para él: conseguir que el hallazgo permaneciera en la comarca y no acabara realizando un viaje solo de ida al Museo de León, el centro de referencia autonómico al que le correspondería custodiarla. Ambos deseos ya son una realidad.
El Museo del Bierzo acogió la presentación oficial de la empuñadura de un puñal de antenas de la Edad del Hierro encontrada casualmente por Cela mientras realizaba unos caminos en una finca situada en un soto, que fuera antes una zona de cultivo. El acto contó con la participación del historiador Carlos Fernández y sirvió también para formalizar la entrega de la pieza al museo berciano, donde podrá exponerse de manera inmediata gracias a la cesión conseguida tras una compleja tramitación impulsada por el director de los museos municipales, Javier García Bueso.
La pieza apareció en una zona agrícola muy removida. Aunque pequeña y aparentemente discreta, hubo algo en ella que llamó inmediatamente la atención de Cela. “Haciendo unos caminos vi aquella pieza y me la llevé. Luego me pareció que podía ser parte de un puñal de antenas”, recuerda.
La recogió y la llevó a casa para retirar parte de la tierra que la cubría. En cuanto empezó a observarla con más detenimiento, tuvo todavía más claro que aquello podía tener un importante valor arqueológico.
Lo comentó con Clara, su pareja, estudiante de Historia, y ambos coincidieron rápidamente en el mismo diagnóstico. “Mi padre siempre me había comentado que allí se habían enterrado tesoros, aunque yo nunca le había dado demasiada importancia”, relata entre risas haciendo referencia a Ramón Cela. “Y parece que sí los había”.
Consciente de la posible importancia del hallazgo, decidió no seguir manipulando la pieza. La envolvió cuidadosamente en algodones, la guardó en una pequeña caja y contactó de inmediato con García Bueso para entregársela personalmente. “Es una pieza robusta, impresionante. Ha resistido más de 2.000 años”, resume todavía sorprendido.
Una pieza “excepcional” en el noroeste peninsular
El historiador Carlos Fernández destacó el enorme interés arqueológico del hallazgo, especialmente por la escasez de este tipo de piezas en el Bierzo y en el conjunto del noroeste peninsular.
Se trata de la empuñadura de un pequeño puñal de antenas, de aproximadamente siete centímetros, característico del Bronce Final y de la Edad del Hierro, elaborado posiblemente en hierro y bronce mediante dos partes diferenciadas.
Aunque existen numerosos ejemplos de este tipo de puñales en otros puntos de la Península Ibérica, en el noroeste son mucho menos frecuentes. Fernández calcula que apenas se han localizado alrededor de 24 piezas similares en Galicia, Asturias y León.
Además, las piezas halladas en esta zona presentan características propias. Mientras en otros territorios las antenas evolucionan hacia formas más cerradas o estilizadas, en el noroeste mantienen diseños más tradicionales y separados.

Entre los ejemplos más destacados figuran hallazgos en los castros de Taramundi, en Asturias; otro localizado en Becerreá, en una cueva y asociado a restos humanos; además de otros ejemplos encontrados en Mondoñedo. Según Fernández, la pieza más parecida a la berciana podría ser un puñal localizado en el castro de Santa Tegra, en Pontevedra.
El misterio funerario de la cultura castreña
En otras partes de Europa y de la Península este tipo de puñales suele aparecer relacionado con tumbas de guerreros e incineraciones. Sin embargo, en el noroeste peninsular no existen evidencias claras de ese tipo de prácticas funerarias.
“Tampoco se incineraban los cuerpos”, explicó Fernández, que reconoce que sigue siendo un misterio qué hacían exactamente las comunidades castreñas con sus muertos durante la Edad del Hierro. En cualquier caso, el historiador recordó que la pieza berciana apareció “en una zona descontextualizada”, fuera de un yacimiento excavado científicamente, lo que dificulta conocer cuál fue su ubicación original.
Más símbolo de prestigio que arma de combate
Lejos de interpretarse únicamente como armas de guerra, estos puñales tenían un fuerte valor simbólico y de prestigio social. “No se entiende tanto como una pieza para matar al enemigo, sino como un símbolo del poder del guerrero”, señaló Fernández. Una representación de fuerza, autoridad y estatus dentro de aquellas comunidades castreñas.
La fascinación de Cela por el hallazgo le llevó incluso un paso más allá. Quiso reconstruir cómo habría sido el puñal completo del que formaba parte aquella pequeña empuñadura. Para ello buscó especialistas por distintos puntos del país hasta localizar al artesano Javier Pastor, quien, tras consultar bibliografía especializada y distintos modelos históricos, elaboró una réplica completa del arma.
Esa reconstrucción acompañará ahora a la pieza original en la exposición del Museo del Bierzo, convirtiendo un hallazgo casual surgido entre la tierra de una finca berciana en uno de los descubrimientos arqueológicos recientes más singulares de la comarca.
La pieza se queda en casa
El descubrimiento abrió además otro frente: dónde debía conservarse la pieza. Por competencias, el hallazgo debería haberse trasladado al Museo de León, encargado de custodiar este tipo de materiales arqueológicos. Sin embargo, desde el Museo del Bierzo se inició una ardua tramitación para conseguir que pudiera permanecer expuesta en Ponferrada. Finalmente, el depósito fue autorizado.
“La pieza debería conservarse en el Museo de León, pero el Museo del Bierzo solicitó el depósito y se ha concedido”, explicó García Bueso durante la presentación.
La empuñadura se incorporará ya a la colección permanente del museo y podrá ser contemplada por cualquier visitante.