El jurado justificó el premio en “la dedicación de toda una vida al sector, siendo pionero en el enoturismo tal como lo entendemos hoy en día; por el trabajo constante desde diferentes ámbitos, desde el administrativo al empresarial, en pos de la recuperación y modernización de la tradición vitivinícola, así como de la creación de elementos y oferta de calidad tematizada y capaz de crear desarrollo y riqueza, respetando el entorno y la singularidad del territorio”.
También se reconoce el servir “de referente a varias generaciones, por la energía que demuestra en cada proyecto que emprende, por la creación constante de nuevas aventuras, por su compromiso con el medio ambiente y el legado a las generaciones futuras, y por la creencia firme y la defensa de un territorio rural basado en la agricultura”.
Prada reconoce que enoturismo era una palabra que no se manejaba cuando comenzó, por los años 80 pero sabía ya que “si no llevábamos a los visitantes a las viñas no veían lo mejor de nuestro trabajo”, dice, y así lo ha hecho desde que en 1989 comenzara con la plantación del viñedo entre Canedo y Campelo.
Prada se muestra especialmente feliz por el premio sobre todo porque “el día 17 de noviembre (día de la entrega de premios) en el Reina Sofía de Madrid se hablará del Bierzo con dignidad, de sus vinos y de su turismo de calidad, y eso es lo más importante”.
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