La ruta se inicia en la iglesia del pueblo de San Facundo, dedicada a San Antonio y San Facundo. Está situada justo a la entrada del pueblo si lo hacemos por San Andrés de Las Puentes a través de la carretera LE-159/16. Desde una robusta escalera de piedra adosada al campanario se accede a lo más alto de la coqueta iglesia, provista de dos ojos y dos campanas desiguales sujetas bajo yugos de madera, la más grande señala la fecha de su fundición, 1816, también, una de ellas procede de la iglesia del despoblado de Fonfría. Desde la iglesia nos alejamos del pueblo por la calle de Sofreo en dirección a la vallina que vamos a recorrer en todo su conjunto. A nuestras espaldas vamos dejando el caserío de San Facundo. Un gran letrero dibujado en una glera, a media ladera del monte, señala el nombre del pueblo y el afecto que le muestran sus vecinos. Sin embargo, hace no muchos años, como otros muchos pueblos del entorno, San Facundo estuvo a punto de despoblarse. El entusiasmo y la constante lucha por la supervivencia ha hecho que hoy sea un ejemplo de cómo hacer compatible la vida en un pueblo manteniendo los servicios básicos que aporta una ciudad. Pero esto no fue siempre así, sólo hay que echar una mirada hacia al pasado.
Con motivo de la realización del Catastro del Marqués el Ensenada se visitó San Facundo en julio de 1752, se dice que el lugar se compone de 15 vecinos incluidas cuatro viudas. Del diccionario geográfico, estadístico e histórico de Pascual Madoz (1850) se pueden leer los siguientes párrafos dedicados a San Facundo: Situado en un barranco al NE del elevado monte llamado el Pero, y orilla derecha del río Argutorio; su clima es triste y frio. Tiene 20 chozas con techo de paja en figura cónica, para que puedan resistir el peso de las nieves; iglesia de San Facundo anejo de San Andrés de las Puentes; y buenas aguas potables. El terreno es montuoso y de mala calidad y las ferlilizan las aguas del mencionado Argutorio. Produce centeno, patatas, castañas y buenos pastos; cría ganado lanar y cabrío; y caza mayor y menor. Se fabrican esteras , hastas, y construcción de cestos de mimbres, cucharas y almadreñas de madera, que el país llaman galochas. Tiene 17 vecinos y 64 almas. En 1886, según el diccionario geográfico de Pablo Riera y Sans, San Facundo cuenta sobre unos 100 habitantes y 58 edificios, de los que 32 están inhabitados. Pertenece a la diócesis de Astorga, al arciprestazgo de Boeza y su iglesia, bajo la advocación a San Facundo, es aneja de la parroquial de San Andrés de los Puentes.
Hoy San Facundo tiene todos los elementos para asegurarse ser un pueblo en desarrollo y con futuro. En la actualidad tiene 35 casas habitables y viven de manera permanentemente alrededor de 21 personas. Al ser la entrada natural con mayor atractivo paisajístico a las ecoaldeas de Matavenero, Poibueno y Fonfría es muy conocida y visitada habitualmente por senderistas de toda Europa que repiten una y otra vez este itinerario abarrancado y lleno de contrastes. Pero volvamos a nuestra ruta. Una vez alcanzamos la explanada situada bajo los depósitos de agua que alimentan al pueblo de San Facundo, se observa el inicio de un desvaído sendero trazado por la margen izquierda del arroyo de Sofredo. Tras rebasar un canchal de piedra que se descuelga por la ladera, de color lechoso por la abundancia de cuarzo, hay que cruzar el arroyo a su margen derecha, y continuar el sendero, paralelo a la corriente fluvial, cuya traza serpentea entre el piedemonte poblado de robles y el bosquete de galería que acompaña a la corriente fluvial. El río aquí permanece encauzado desde tiempo secular entre enormes bloques de cuarcita, al objeto de impedir que las súbitas crecidas descalcen las praderías que se sitúan en su márgenes, en el pasado dedicadas a huertas y zonas de pasto.
El Valle de Sofredo (o Sofreo), que también da nombre al río, parece derivar de latín ‘suberetum’ que se convirtió en las palabras Sobredo, Sufredo, Sofredo, que significa bosque de alcornoques. ‘ Zufre o Sufre’, derivado del vocablo latino ‘suber’ es la palabra de origen árabe (o romance) con la que los romanos designaban al árbol que en castellano se conoce comúnmente como alcornoque. Es posible que el pasado en las zonas más soleadas de la vallina se desarrollara el alcornoque acompañando a la encina, muy abundante en el Valle de Sofredo.
El hollado sendero continua sin posible confusión hasta interceptar la pista de tierra que se construyó para el mantenimiento de la captación de agua que abastece al pueblo de San Andrés de Las Puentes. Pasaremos al lado de una caseta provista de fuente y energía eléctrica, esta última a través de una curiosa turbina hidráulica de construcción manual movida con agua del arroyo de Sofredo que, acoplada a un pequeño generador, da potencia suficiente para suministrar electricidad a varios puntos de luz ubicados dentro y fuera del edificio. Durante el recorrido observaremos la abundancia de diques de cuarzo atravesando las durísimas cuarcitas que conforman estos valles, hecho que atrajo a los prospectores romanos a investigar la existencia de oro en los mismos, como ya hicieron en las laderas meridionales del monte de El Redondal a través de la línea imaginaria que une las localidades de Castropodame con el Puerto del Manzanal. No en vano, en el valle adyacente y entre los parajes del Teso Castriello y la Peña del Mediodía, hay galerías y calicatas atrincheradas mineras de época romana en busca del valioso metal.
Una vez rebasada la captación de agua para el pueblo de San Andrés de Las Puentes, el valle se abre y deja a la vista la prominente Peña Cabrera, lugar de anidamiento y oteo del águila real, jalonada de expléndidos canchales. La vallina desde aquí se presenta salvaje y mineral, estando dominada por rocas y matas de roble melojo, que nos ayudarán a entender el origen del agua y la importancia de no alterar los ritmos de un ecosistema natural que ha tardado cientos de años en estructurarse. La superficie de la cuenca del arroyo de Sofredo hasta su confluencia con el arroyo del Real es de tan sólo 5,3 km2, sin embargo, las turberas de cabecera y los manantiales que afloran bajo las profundas gleras o canchales de piedra, hacen que al valle de Sofredo nunca le falte el agua fresca y de buena calidad.
Una vez rebasamos la Peña Cabrera, el sendero se va alejando de la corriente fluvial e incrementa su pendiente hasta alcanzar las pistas cortafuegos y los amplios caminos forestales habilitados para el mantenimiento de los parques eólicos ubicados a lomos del sólido monte del Redondal. Desde aquí tenemos dos opciones para alcanzar de nuevo San Facundo. Si seguimos la opción del itinerario corto, indicada en el plano de la ruta en línea discontinua, descenderemos de nuevo al pueblo, desde el aerogenerador situado en Peña Lluenga, por la afilada cresta que separa las cuencas de los arroyos de Sofredo y Rial.
Hay que descender unos 500 metros de desnivel vertical en tan sólo unos 2 km de recorrido. Sin embargo, en esta excursión se propone realizar el itinerario largo, porque proporciona una mayor visión de conjunto y conocimiento del territorio que estamos leyendo con los pies. Que cada caminante elija el itinerario más adecuado en función de sus fuerzas y condición física.
Una vez abandonamos el sendero que nos saca de la vallina de Sofredo, continuamos por la pista cortafuegos que se señala en el plano de la ruta hasta interceptar otro cortafuegos que rumba en dirección NE, que continuaremos hasta alcanzar el campo de aerogeneradores situado sobre la cumbre de El Pico, entre San Facundo y San Andrés de Las Puentes.
Alcanzando el conjunto de aerogeneradores el otero nos proporciona, desde una altura algo superior a los 600 m, unas magníficas vistas del valle que acabamos de recorrer y del pueblo de San Facundo, acostado sobre el fondo del valle. El camino de descenso arranca desde el aerogenerador situado a la cota más baja, donde una pista va zigzagueando a través del estribo alomado que separa las vallinas de la Devesa y Valcabado. Durante el descenso logramos unas magníficas vistas de los pueblos del Bierzo Alto situados sobre esta falda del Redondal y las riberas del río Boeza.
En la parte final del recorrido, el camino pasa por encima de un paraje de tierras rojas descarnadas conocido con el sugerente nombre del ‘Forno de Teyas’, asentamiento muy antiguo donde aparecen restos de cerámica cocida. Un poco más adelante se divisa, desde lo alto, la magnífica corona minera del Teso de Las Piqueras en San Andrés de las Puentes. Probablemente las huellas fósiles mejor conservadas, en el ámbito de la cara norte del Redondal, de una prospección de oro en piedemonte de época romana.
Llegamos a San Facundo a través del paraje de El Recoudo, que tiene aspecto de antiguo asentamiento castreño. Aquí afloran paquetes de pizarras azuladas que rompen de forma astillosa que contienen interesantes fósiles de graptolitos.
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02/12/2018
Actualizado a
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