Hay ríos que se muestran desde el primer vistazo y otros que se esconden. El río Selmo, a su paso por Sobrado, pertenece a los segundos. Discreto, encajado en muchos tramos y alejado de los grandes circuitos, es sin embargo uno de los mejores escenarios de pesca de trucha en El Bierzo. Quien lo conoce lo sabe: aquí no solo se pesca, se entra en otro ritmo.
El Selmo nace en la sierra del Courel y recorre cerca de 35 kilómetros hasta su desembocadura en el Sil, dibujando un paisaje de montaña donde predominan los fondos de pizarra, las aguas transparentes y una vegetación que en muchos puntos casi toca el cauce.
En su tramo berciano, especialmente en la zona de Sobrado y Friera, el río ofrece condiciones ideales para la trucha, con ejemplares que pueden superar el kilo gracias, en parte, a la conexión con el Sil, desde donde remontan algunos peces.
Las tablas, pozas y corrientes se alternan en un recorrido variado que permite practicar diferentes técnicas, desde la mosca seca hasta el mosquito ahogado o la cucharilla sin muerte. Entre los pescadores habituales hay nombres que se repiten. Uno de ellos es La Becariza, un paraje donde el río se abre en buenas tablas y donde la pesca resulta especialmente agradecida. También destaca el tramo final, desde Friera hasta la desembocadura, considerado uno de los más completos por su accesibilidad y por la calidad de las capturas. En contraste, otras zonas como la carretera de Gallegos presentan un cauce más encajonado y técnico, reservado para pescadores con experiencia.
Pescar entre castaños
Pero si algo define la experiencia en el Selmo es el entorno. La pesca transcurre entre sotos de castaños centenarios, muchos de ellos heredados desde hace siglos y ligados a la historia de la comarca, incluso desde la época romana de Las Médulas.
El paisaje mezcla el carácter berciano con influencias gallegas, en un territorio donde pueblos como Sobrado, Oencia o Cabeza de Campo conservan una identidad propia, marcada por la montaña, el aislamiento histórico y una relación muy directa con la naturaleza. Durante años, la dificultad de acceso mantuvo al Selmo al margen de la presión que sufren otros ríos.
Hoy, aunque sigue siendo uno de los cursos menos contaminados de la provincia, empiezan a notarse cambios: más presencia humana, más construcciones y también más residuos en épocas de afluencia. Aun así, conserva gran parte de su encanto.
Es un río que exige tiempo , al menos un par de días, recomiendan los habituales, y cierta disposición a caminar y explorar.
Pesca regulada y responsable
El Selmo es además un río sujeto a normativa específica de la Junta de Castilla y León, con tramos de pesca controlada y regulación sobre artes, temporadas y capturas. La práctica responsable es clave para mantener un equilibrio que, de momento, sigue dando resultados. Pescar en Sobrado no es solo una actividad deportiva. Es también una forma de recorrer un Bierzo menos transitado, de parar en sus pueblos, de entender su paisaje y su ritmo. Porque en el Selmo, más que capturas, lo que queda es la sensación de haber estado en un lugar que todavía guarda algo de secreto.