Un paseo por la historia berciana escrita en la roca

La ruta de Santa Marina de Torre del Bierzo permite ver los primeros petroglifos descubiertos en toda la comarca

09/02/2026
 Actualizado a 09/02/2026
Hay un banco desde el que contemplar un castro y la riqueza paisajística de la zona. MAR IGLESIAS
Hay un banco desde el que contemplar un castro y la riqueza paisajística de la zona. MAR IGLESIAS

Santa Marina de Torre no es solo un corazón de cuencas mineras que ya no late de la mano del carbón. Es naturaleza e historia de ese foco industrial. Por eso comienza a despuntar como foco de rutas para los que buscan el paseo y el descubrimiento. En sus entrañas se mezclan fósiles ancestrales, pero también petroglifos, a los que se ha querido destinar una ruta propia que se estrenó este año. Aunque en los primeros días tras su apertura su señalización fue vandalizada, la ruta se mantiene espléndida y permite dar un viaje al pasado remoto desde las rocas. A lo largo de esta ruta de 4 kilómetros, los visitantes tendrán la oportunidad de ver algunos de los petroglifos más importantes del Bierzo, como son los de Las Abarrazas y la Peña del Trigo.

La ruta supera los 4 kilómetros y el tiempo estimado para verla ronda la hora y cuarto. Se alcanza una altura máxima de 914 metros y se supera un desnivel de 171 metros de ascenso.

En concreto, los pies nos dejan ver tres petroglifos en Santa Marina, ubicados en los parajes de la Peña El Trigo, El Paxaxe y Las Abarrazas. Tienen de especial que son los primeros que se localizan en la comarca berciana.

Recuerda la agrupación Antudebial, asociación de establecimientos de turismo y desarrollo del Bierzo Alto, que fue la asociación Carqueixa del Bierzo, liderada por Melchor Moreno, la que puso en conocimiento del especialista en la materia, Juan Carlos Campos Gómez, este hallazgo. Este no dudó en darle veracidad y automáticamente lo comunicó al Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León.

Algunos de los rincones llamativos del camino. MAR IGLESIAS
Algunos de los rincones llamativos del camino. MAR IGLESIAS

Comenzamos el camino dejando el coche en la plaza del pueblo, al lado de la iglesia. Puede acercarse más al inicio subiendo una cuesta hacia un parque, donde también podemos aproximarnos para ver una panorámica del pueblo desde lo alto. Las indicaciones comienzan ya desde el pueblo y todo el tiempo nos acompañarán.

Pasamos por los caminos de la minería. En los años 60 fueron los que comunicaban con la conocida mina Boixán, una explotación de los años 50 cargada de restos fósiles y de una riqueza única.

Pronto llegaremos a la Peña El Trigo, donde ya encontramos los primeros petroglifos. Para su mejor identificación, han rociado con polvo blanco la piedra, lo que deja ver los surcos y el semicírculo que lo conforman.

El camino está adecuado para poder acercarse a los petroglifos y cuenta con leyendas a su lado para saber más sobre ellos.

La segunda parada será en El Paxaxe, con una indicación para desviarse hacia los petroglifos y, después, vuelta al camino. La ruta sigue y se mete entre castaños, donde, en época de setas, estos comparten su placidez con esos hongos que mejoran la panorámica.

El trazado nos va acercando a uno de los puntos más llamativos, aunque no contenga petroglifos. Se trata de una roca de caliza que tiene una oquedad importante y que han llamado Cueva del Moro, un enclave envuelto en leyendas y de una belleza espectacular, con unas vistas a la montaña impresionantes.

El primero de los petroglifos que aparecen al paso, en la Peña El Trigo.MAR IGLESIAS
El primero de los petroglifos que aparecen al paso, en la Peña El Trigo. MAR IGLESIAS

Realmente no se trata de una cueva en sí; ese es el nombre popular que se le ha puesto. La leyenda cuenta que era refugio de los «moros», unos seres mágicos que escondían tesoros en este tipo de cavidades. Aunque nunca se han encontrado estos tesoros, la leyenda sigue viva, atrayendo a curiosos que buscan desentrañar el misterio…

La última parada es el petroglifo de Las Abarrazas, situado sobre los escombros de una antigua bocamina de carbón. También requiere un pequeño desvío para acceder a él. Permite un mirador natural desde el que se localizan zonas mineras y, al fondo, restos de la minería aurífera, incluso en Torre y Castropodame. El petroglifo cuenta con surcos, cazoletas y figuras ovaladas.

La ruta nos permite hacer una parada en un banco ya ubicado para disfrutar de las vistas desde el Mirador del Trigo. Un camino circular que nos devolverá al punto de partida con la sensación de haber recorrido la historia ancestral de quienes tallaron aquellas rocas y de que queda mucho por descubrir en esos parajes.

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