Fue uno de los rostros visibles de la Plataforma Oncobierzo cuando, como paciente oncológico, vivía en primera persona el desmantelamiento de la sanidad pública en la comarca. Tito Gago lleva años luchando para que lleguen más oncólogos al Bierzo y, en paralelo, ha seguido cultivando algo que lo acompaña desde hace más de media vida, aunque siempre lo había guardado en una esquina de su intimidad: escribir.
Tenía tres novelas en cartera, además de cuentos y relatos. “Había escrito un cuento para cada uno de mis sobrinos al nacer y ni siquiera se los di”, confiesa. Era una faceta que reservaba solo para sí mismo, quizá porque le gusta más escribir que hablar. “Soy muy vergonzoso, hablo poco”, admite, y reconoce que se expresa mejor con el bolígrafo que con la voz.
El punto de inflexión llegó durante un parón hospitalario, al lado de su madre enferma (la historia se había gestado años anterior por una lesión de rodilla que también mantuvo parado a Gago). Allí desempolvó un capítulo suelto que había escrito años atrás para un certamen “que iba de literatura de trenes” y que acabaría convirtiéndose en su primera novela, Donde rompen las mareas. En ese texto dio vida a Clara, una mujer que espera en una estación a alguien que se fue y que no va a volver. A partir de ahí fueron surgiendo los flecos: qué había pasado con esa huida, qué historia unía a los personajes, cómo encajar un Bierzo rural -que tiene mucho de él mismo- con las mareas, que también lo tienen.
Así nació una novela que no tiene relación directa con Oncobierzo, pero cuya recaudación por la venta irá íntegramente destinada a la plataforma. Una historia de mareas que rompen y que el propio autor define como “una carta de amor a los silencios”. Y es que Gago se reconoce en ellos. “No es una autobiografía para nada, pero tiene mucho que ver conmigo”, explica.
Enamorado del mar hasta el punto de necesitar escaparse a escuchar romper las olas para equilibrarse, lo hizo incluso cuando conoció su diagnóstico de cáncer hace unos años, y no puede, ni quiere, desengancharse de esas mareas. El libro también hace parada en el colegio de Vega de Espinareda y recorre un viaje vital muy similar al suyo: aquel niño que con nueve años salió interno a Salamanca, regresó a casa a los veinte y volvió a marcharse, ya sin retorno, para trabajar.
Una vida de mareas, de subidas y bajadas, y de escritura que ahora ha decidido compartir publicando en Círculo Rojo. La primera tirada consta de 300 ejemplares, que pueden adquirirse en algunas librerías bercianas y en la web de la editorial. Es, en palabras de su autor, un “homenaje a lo que somos”, un texto abierto para el que no concibe una segunda parte, aunque no descarta publicar en el futuro alguna de las otras novelas que guarda en cartera, también ambientadas en la comarca.
La lucha de Oncobierzo sigue
Mientras tanto, Tito Gago abre un 2026 cargado de nuevos retos en la lucha que Oncobierzo mantiene para que la sanidad berciana subsista. Una pelea contra los elementos, porque reconoce que, aunque se han conseguido avances desde que la plataforma está en pie, hace ya más de un año, no todo ha servido. “Cada vez se van más especialistas, pero de todas las especialidades”, puntualiza, y añade que “eso no puede ser”. Para Gago, es necesario “ver qué pasa desde dentro, tal vez el problema y la solución estén en el Hospital”.
No le sirve a Oncobierzo el decreto de Zonas de Difícil Cobertura publicado por la Junta, “porque no menciona al Bierzo. Es muy etéreo”, afirma. “No aporta soluciones”, aunque reconoce que era el paso que consideraban fundamental dar. Ahora esperan que Bruselas vuelva a votar la urgencia de su petición, que no salió adelante en la primera vuelta por un error político. Volverán al Parlamento Europeo junto a otras plataformas de todo el país para reivindicar una sanidad digna de forma conjunta.
Lo que no quieren es "que se nos utilice de cara a las elecciones" que este año serán autonómicas, aunque tendrán que lidiar entre esa pretensión de quedar fuera de la política y la de "aceptar promesas" que saben que se les harán para no empañar esos comicios.
En casa, mientras tanto, seguirán concentrándose ante la sede de la Junta cada último viernes de mes para recordar sus reivindicaciones, y estudian crecer con charlas dirigidas a los propios enfermos. Un camino en el que no piensan echar el freno. Gago, que ahora quiere ayudar también a la plataforma que apadrinó, lo hace desde la literatura, con una novela nacida de las mareas, del silencio y de la memoria.