Hay dos tipos de familia: la que te toca por consanguinidad y la que escoges por afinidad. Además, por supuesto, de la pareja, quizá la más especial. Los amigos de verdad son parte de esa familia. Puede pasar el tiempo, grandes periodos sin verse o tener mucho contacto, pero a los cinco minutos de volver a encontrarse es como si nunca hubiera ocurrido una separación. La amistad es algo que llevamos toda la vida con nosotros.
Es cierto que en el largo caminar de cada uno de nosotros, parte de ellos entran, te acompañan un tiempo, y salen, siguiendo su propio sendero, más allá del nuestro. Pero estos destinos vuelven a juntarse por momentos, por hechos que acontecen en el libro que protagonizamos y que no hemos escrito, el de nuestras vidas, y ello nos lleva a vernos de nuevo. Y precisamente de eso, del reencuentro de un grupo de amigas tras el fallecimiento del chico que, como buen pegamento, juntaba a todas ellas.
Hoy os voy a hablar de Nada volverá a ser como antes, la última novela de la escritora Carmen R. Vieiros. Esta novela, que recomiendo sin duda su lectura, nos lleva a formar parte de un grupo de amigas, cada una con su vida, que se juntan de nuevo para ir al entierro de un amigo común, fallecido tras un accidente aéreo. Pero es mucho más que eso, las páginas que leeréis nos llevan a reflexionar sobre la propia vida, las decisiones tomadas (acertada o erradas), la verdad que no se quiere decir y la que sale a la luz en momentos de tensión. Y sobre todo, la constancia de que, cuando estás unido realmente a alguien, más allá de una pérdida, ese lazo sigue vigente y es irrompible. Amigos, amigos que son de verdad y de los que, muchas veces, solo puedes contar con los dedos de una mano o, quizá, tan solo uno de ellos. Así nos deja Carmen reflejado, a través de la voz de uno de los personajes: «Quizás el único amigo que haya tenido. Aunque en los últimos tiempos nos habíamos distanciado. Él vivía en Nueva York, seguíamos reuniéndonos durante las vacaciones de Navidad en el pueblo. Y también en el viaje de la pandilla que organiza Sarita».
Hay una gran parte que es personal, de la propia Carmen, en las líneas de esta novela. Hay mucho de ella no solo porque lo ha comentado en alguna de las presentaciones, sino también porque se nota que, palabra a palabra, si la conoces, notas que plasma su forma de ver el mundo en alguno de los personajes.
Me han gustado mucho los momentos en los que la escritora refleja con maestría días en los que todos los que hemos tenido un grupo de amistades relativamente amplio hemos vivido. Días, por ejemplo, en los que se toman decisiones muchas veces por temas laborales. Buen ejemplo de ello ya lo podemos encontrar en las primeras páginas, donde leemos: «Regresar al terruño nos diferenciaba de nuestros amigos, quienes, tras finalizar la uni, huían en manada a Madrid. Nosotros, asombrados con la ceguera de los demás, nos creíamos diferentes. Y, ¡qué equivocados estábamos! Apostar por el terruño enterró nuestros sueños».
Venga, os pongo otro ejemplo de reflexión bien introducida, de esas que la escritora nos va dando pinceladas a lo largo de la novela. En esta ocasión, a través de un diálogo: «Igual con lo individualistas que son y lo que avanza la tecnología, cuando ellos sean adolescentes, lo que deseas es que salgan un poco más de casa. Me los imagino interconectados neuronalmente a un universo virtual y eso sí, siempre tumbados sobre sus cibernéticos catres para no marearse con las sensaciones provocadas por los cientos de microchips incrustados en sus cráneos. Vamos, lo que viene siendo Prometeos en versión inteligencia artificial".
Como os comentaba antes, Carmen R. Vieiros usa a sus personajes y vidas para reflexionar sobre circunstancias no tan extrañas, y que puede que muchos de nosotros hayamos vivido. Son momentos que ella deja escritos acertadamente en el momento adecuado para que nos lleve a pensar, y que puedan formar parte de la propia trama, lo que nos lleva no solo a que sea algo pasajero, sino que determina parte del futuro de lo que ocurrirá: «Violeta se había vuelto a quedar sola con los niños otro fin de semana más. Desde que se quedara embarazada de los mellizos, aquella era la tónica general. La dulce Violeta vivía encerrada en su palacio de cristal, del que apenas salía, salvo para acudir a los actos políticos en los que su maridito requería la compañía de su impecable mujer». Otro de los aspectos atractivos de la novela, sobre todo para aquellos que estamos muy sumergidos en nuestro querido Bierzo y todas sus actividades y mágicos lugares, es el realismo que Nada volverá a ser como antes representa.
Con la propia historia se entremezclan, como solo lo hace una buena artesana, realidades que forman parte de nuestro día a día. Realidades como la siguiente: «No hace mucho que Paula había coincidido con él en la cena que celebraban los Plumillas Bercianos, en el restaurante Prada a Tope de la calle del Príncipe, quienes, afincados como ella en Madrid, compartían no solo los desvelos y las alegrías de la profesión, sino que también tenían en común el sentimiento de morriña por el terruño que atenuaban con vino y botillo de su tierra.» Es muy posible que parte de los que estáis leyendo esta reseña, o que lea el libro, forme parte de este evento tan especial.
Hay algo más que deseo destacar de este libro, y ya es por experiencia y gusto personal. En ese espejo de realismo que Carmen R. Vieiros nos deja reflejarnos a través de esta historia, nos lleva hasta uno de los locales con más solera y emblemáticos de Ponferrada, el Bombardier. Local donde, al igual que ella nos cuenta con sus personajes, yo también pasé horas de gran disfrute (al igual que, sospecho, la autora). Así lo muestra, por ejemplo, en el siguiente diálogo: «¡Ostras! ¡Pero qué sótano! En aquel sótano nos movíamos al ritmo de Iván Ferreiro, Los Burning, Siniestro, Alaska, Bunbury. Nos emocionábamos con Antonio Vega, Los Secretos o Sting. Y nos íbamos a dormir con». Lo confirmo, así era. Y es que este libro lleva bajo el tinte cierto ritmo musical, con referencias a determinados músicos con los que comparto gusto. Uno de ellos es Shane MacGowan y su grupo, que es nombrado con toda la intención por parte de la autora: «Hablando de beber, le voy a pedir al camarero una canción de The Pogues por los viejos tiempos».
Por cierto, hago aquí un pequeño paréntesis para pediros que os acerquéis hasta el documental Bebiendo con Shane MacGowan. Muy recomendable para conocer la figura de este cantante y lo que ha representado. (Echadle un vistazo a la canción Fairytale of New York) Este libro es para disfrutar y recordar, estoy convencido de ello. Y es que no solo nos habla de todo lo que os he comentado, sino de muchos temas más que descubriréis con su lectura. Uno de ellos son las reflexiones que, en boca de este grupo de amigos, Carmen nos deja escritos.
Puede que Nada volverá a ser como antes no únicamente nos lleve a la amistad y a lo que ello representa, sino también, como se puede ver claramente en el siguiente diálogo, a la importancia de disfrutar de la vida, un hecho milagroso que es casi imposible que se produzca y que, sin embargo, aquí estamos: «La muerte de Pablo me ha abierto los ojos. Espero que no se me cierren nunca más, porque hay que vivir, Paula, con o sin amor. Pero hay que disfrutar cada puto segundo que estemos aquí». Estoy de acuerdo, debemos intentar, al menos intentarlo, disfrutar cada segundo, cada hora y cada día, dentro de la tormenta que nos acompaña.
Me voy despidiendo ya, con la sensación (y la opinión) de que Carmen R. Vieiros ha escrito un muy buen libro, que completa una trayectoria literaria relevante y que, sin duda, será un buen ejemplar al que acercarse para todos aquellos a los que les guste una buena lectura con algo más que entretenimiento, que contiene mensajes que nos llevan a pensar en nuestro día a día. Estoy seguro de que, en algún momento, volveré a este libro, a releerlo o al menos parte de él. Buscad vuestro sitio preferido de casa para leer, poneros un buen disco, abrid el libro y disfrutad.
Entre mi biblioteca y yo
Nada volverá a ser como antes es uno de esos libros que todos debemos tener en la biblioteca. En él nos encontraremos reflejados en muchas de sus páginas y situaciones. Muchos de nosotros nos hemos visto sumergidos en las mismas preguntas y acontecimientos que su autora, Carmen R. Viveiros, nos presenta en esta novela.
La trama, entrelazada por un grupo de amigos que retoman el contacto tras la muerte trágica e inesperada de uno de ellos, sirve de vehículo para mostrar mucho más al lector, para hablarnos de la propia amistad, pero también de la vida, de sus ascensos y de sus bajadas, del triunfo y de la derrota, del clasismo, del machismo o de la determinación de algunas decisiones que llevan a separar caminos.
Todo ello, con el poso bien llevado de la propia vida de la escritora quien, sospecho, ha trasladado a estas páginas parte de su vida más personal. Este libro es un paso más en la vida de Carmen, quien con él ha demostrado el dominio de distintos registros, desde el más juvenil con alguna de sus novelas anteriores hasta el más sincero y potente (de los que llegan directo al corazón) con su indiscutiblemente mágica Ausencia, el cáncer y yo.
Más que un libro, un autor
Conozco a Carmen R. Vieiros desde hace tiempo. El destino ha querido que su camino y el mío se unieran en tiempo y espacio. Ambos formamos parte de una generación (una hermosa generación) de escritoras y escritores bercianos y leoneses que compartimos existencia y trayectoria en un momento concreto de gran potencia creativa. Es una autora mágica, que sabe lo que quiere, cómo lo quiere, y lo que desea contar con cada libro. Parte esencial del exitoso proyecto Profesor 10 de Mates al lado del fantástico Sergio, forman un dúo imbatible, la cuadratura del círculo, unificando ciencia y arte. He compartido infinidad de momentos y presentaciones con Carmen, y cuando muchas veces he comentado que en algunas de las plumas de esta tierra por sus venas corre tinta y no sangre, estoy pensando en gente como ella.
Amante fiel de la literatura, es una excelente persona, de esas a las que gusta acercarse y conversar con ella. No sé qué deparará el futuro, no sé cuál es su siguiente novela, pero no me importa. Sé que, sea lo que sea, y esto no lo digo por amistad sino como amante de la buena literatura, yo estaré ahí para leerla.
