Las Médulas y un pálpito de abandono, un año después del desastre incendiario: "Esto tiene que ser una emergencia cada día"

El incendio que calcinó alrededor de 2.000 hectáreas dejó cinco casas y un restaurante destruidos y más de 700 personas desalojadas, y todavía condiciona la actividad turística

10/08/2026
 Actualizado a 10/08/2026
La imagen de las Médulas quemadas recorrió el mundo. | GREENPEACE / PEDRO ARMESTRE
La imagen de las Médulas quemadas recorrió el mundo. | GREENPEACE / PEDRO ARMESTRE

Un año después de que el fuego llegara a Las Médulas, el paisaje empieza lentamente a cambiar de color. Entre los troncos negros vuelven a aparecer manchas verdes, la vegetación comienza a recuperar algunos de los espacios arrasados y el naranja de las antiguas explotaciones romanas vuelve a destacar entre las laderas. Pero la recuperación de Las Médulas no puede medirse únicamente con lo que vuelve a crecer. "Esto debe ser una emergencia cada día, porque es Patrimonio de la Humanidad", dice Fina Gómez, del restaurante Ágoga, que recuerda que hace un año dejó atrás su negocio pensando que no lo volvería a ver. Las lágrimas se convirtieron en defensa y hoy es profeta en su tierra, apunta y sobre todo en defensora de que "se pongan todos los medios para proteger este paraje, en el que me siento una privilegiada".

Pero 365 días después del incendio todavía quedan demasiadas huellas de aquella tarde de agosto de 2025. Hay viviendas que siguen sin reconstruirse, negocios que afrontan un verano muy por debajo de sus expectativas, infraestructuras pendientes y, sobre todo, vecinos que aseguran que la sensación de seguridad que tenían antes del fuego todavía no ha regresado. La que crece es la de abandono. Tras las palabras políticas que sembraron la tierra quemada de esperanza, todo se quedó en la reconstrucción acelerada de los centros turísticos y las ayudas a los desalojados. Incluso hubo una visita real. Ahí acabó todo, dicen.

El incendio que comenzó en el entorno de Yeres terminó afectando a alrededor de 2.000 hectáreas, cerca de dos tercios del espacio de Las Médulas, y obligó a desalojar o confinar a más de 700 personas de los pueblos de la zona. El fuego alcanzó viviendas, un restaurante, centenares de castaños y el Aula Arqueológica, además de transformar radicalmente parte de un paisaje reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Aquella imagen de Las Médulas ardiendo recorrió España. Un año después, la imagen es otra, pero el incendio sigue presente.

El paisaje empieza a recuperarse, el miedo no 

La naturaleza está haciendo su parte. El monte comienza a reverdecer y las características formaciones rojizas de Las Médulas siguen ahí. De hecho, quienes conocen el paraje insisten en que el corazón monumental y turístico de Las Médulas no desapareció bajo las llamas. Pero esa recuperación natural convive con otra realidad mucho más lenta.

En el pueblo todavía pueden encontrarse las señales de aquel incendio. Hay árboles calcinados, estructuras afectadas y viviendas cuya recuperación avanza con lentitud. El Ayuntamiento de Carucedo reclama desde hace meses actuaciones que permitan mejorar la protección tanto de los núcleos habitados como del propio espacio patrimonial.

El alcalde, Alfonso Fernández, ha advertido de que el proceso de reconstrucción está avanzando demasiado despacio y reclama medidas de prevención que permitan evitar que una situación como la vivida hace un año vuelva a repetirse. Porque si algo dejó el incendio fue una certeza entre los vecinos: el problema no termina cuando se apagan las llamas.

Las casas que siguen esperando

Entre las heridas más visibles están las viviendas destruidas por el fuego. El paso de los meses ha permitido retirar escombros y realizar algunas actuaciones de emergencia, pero los vecinos afectados siguen esperando que las soluciones definitivas lleguen.

La sensación de abandono aparece de forma recurrente entre quienes viven en la zona. Las promesas de recuperación chocan con una realidad en la que muchas actuaciones todavía no son visibles para quienes permanecen allí todo el año.

La situación se extiende también a otros puntos de la comarca afectados por aquella oleada de incendios. En Las Médulas, sin embargo, el contraste resulta especialmente llamativo por tratarse de uno de los principales destinos patrimoniales y turísticos de Castilla y León.

El otro incendio: el de la imagen turística

Hay una segunda consecuencia del fuego que no se mide en hectáreas quemadas. Es la caída de visitantes.

El incendio llegó en agosto, en plena temporada turística, y las imágenes de Las Médulas cubiertas por el humo y las llamas ofrecieron al exterior una imagen de destrucción que, según empresarios y profesionales del sector, todavía condiciona la percepción que muchos visitantes tienen del paraje.

Los datos reflejan ese impacto. El Ayuntamiento de Carucedo calcula que este año Las Médulas podrían rondar las 60.000 visitas, una cifra muy inferior a la que registraba el enclave antes del incendio. En 2025, pese a que el primer semestre había marcado una evolución muy positiva, el año terminó con unos 70.000 visitantes, lejos de los registros de ejercicios anteriores.

Y el problema es que la caída de visitantes no afecta únicamente al número de personas que atraviesan el paraje. Afecta a hoteles, casas rurales, restaurantes, empresas de turismo activo y profesionales que llevan años construyendo su actividad alrededor de Las Médulas.

Hay negocios que hablan de ocupaciones muy inferiores a las habituales en verano y de meses prácticamente sin actividad después del incendio. Y existe una preocupación añadida: que el visitante potencial haya interiorizado que Las Médulas están completamente arrasadas.

Quienes trabajan allí intentan combatir esa percepción con una realidad diferente. Sí, el incendio fue devastador. Hay zonas quemadas y la cicatriz tardará años en desaparecer. Pero Las Médulas siguen estando ahí. El patrimonio arqueológico, las galerías, los picuezos, los miradores y buena parte de los recorridos continúan ofreciendo al visitante una experiencia que, según los propios empresarios, sorprende a quienes finalmente deciden acercarse. El problema, por tanto, es conseguir que vuelvan a venir.

El Aula Arqueológica, una de las heridas visibles

Entre los equipamientos afectados por el incendio se encuentra el Aula Arqueológica de Las Médulas, que quedó arrasada por las llamas. Su recuperación se ha convertido en uno de los símbolos de la reconstrucción. Frente a la lentitud que denuncian los vecinos en otros ámbitos, las actuaciones vinculadas al turismo y al patrimonio han avanzado con mayor rapidez.

El Mirador de Orellán y su acceso fueron recuperados en un plazo relativamente corto, mientras continúa el proceso para devolver al Aula Arqueológica su función. Pero hay otras actuaciones que siguen pendientes, como la mejora de determinadas conexiones y accesos al entorno, entre ellas el camino entre Las Médulas y Yeres, una infraestructura especialmente relevante después de comprobarse las dificultades de acceso y evacuación durante el incendio.

La prevención, la gran pregunta 

Y aquí aparece quizá la cuestión más importante de este aniversario. ¿Qué se ha hecho para que no vuelva a ocurrir? Los vecinos no quieren limitar la conversación a la reconstrucción de lo que ardió. Reclaman prevención, limpieza del monte, mejores accesos, protección de los pueblos y una estrategia específica para un espacio que combina patrimonio natural, arqueológico y población residente.

La pregunta cobra todavía más fuerza después de otro verano marcado por los incendios en El Bierzo y el susto en Yeres hace unos días. Los propios vecinos tiraron de mangueras para que el conato no fuera a más y en una hora se pararon la llamas.

El fuego de 2025 dejó una lección difícil de olvidar: un incendio que avanza por un territorio de montaña puede poner en cuestión en pocas horas viviendas, negocios, patrimonio y vidas. Las Médulas fueron capaces de sobrevivir a aquella jornada, pero también demostraron hasta qué punto la protección de un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad depende de mucho más que de su valor histórico. Proteger Las Médulas no consiste únicamente en recuperar lo que quemó el fuego. También significa evitar que vuelva a tener una oportunidad de destruirlo.

La recuperación del monte no será inmediata. Los castaños perdidos tardarán años, incluso décadas, en recuperar el paisaje que proporcionaban. Los árboles que sobrevivieron al incendio deberán afrontar ahora un proceso de regeneración en un territorio que también tendrá que enfrentarse a la erosión y a los efectos de las lluvias sobre los terrenos quemados.

Las propias Médulas, además, han demostrado a lo largo de su historia una enorme capacidad de transformación. El paisaje que hoy conocemos nació de una explotación minera romana que modificó por completo el territorio hace casi dos mil años. Ahora comienza otra transformación, esta vez provocada por el fuego.

El paisaje volverá a ser verde. Ya lo está haciendo. Pero recuperar Las Médulas será algo más que esperar a que crezca el monte. Será reconstruir las casas que ardieron, recuperar los equipamientos, devolver la confianza a los vecinos, atraer de nuevo a los visitantes y garantizar que quienes viven y trabajan allí sepan que el próximo incendio no volverá a encontrar un territorio tan vulnerable.

Un año después, Las Médulas no están muertas. Están heridas, se están recuperando y siguen esperando que la recuperación llegue también a quienes viven de ellas.

Y quizá esa sea la verdadera fotografía de este primer aniversario: el verde empieza a ganar al negro en las laderas, pero todavía queda mucho por recuperar fuera del monte.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído