El lugar donde esperabas

El poeta Nicanor García Ordiz regresa a nuestras estanterías con su nuevo poemario, El lugar donde esperabas, para regalar textos precisos en calidad, sentimiento y vida

Ruy Vega
26/07/2026
 Actualizado a 26/07/2026
Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.
Portada del libro protagonista en la estantería de Ruy.

Estoy escribiendo esta reseña para la sección Lecturas de un alma vagabunda un par de días después de compartir mesa con nada más y nada menos que dos de los nombres imprescindibles en nuestras letras: Noemí Sabugal y Manuel Ángel Morales. En la charla, los tres coincidíamos en el peso que la poesía ha tenido en la literatura berciana. A lo largo de muchos años, décadas, estas tierras nos han regalados excelentes poetas, unos ya no están y otros vendrán, pero si hablo en presente, también podría resaltar varios nombres que, a día de hoy, son ya imprescindibles. Y uno de ellos es, sin duda, Nicanor García Ordiz. 

Hacía tiempo que no hablaba de él en La Nueva Crónica. Sí que lo llevé hasta Las cartas a ninguna parte y posteriormente al libro recopilatorio que recogía parte de las mismas. Ahora, llegó el momento de traerlo hasta aquí de nuevo. Y no lo hago por ningún otro motivo más que porque ha escrito un poemario fantástico y que os recomiendo. Su último libro, que lleva por título El lugar donde esperabas, forma parte de mi biblioteca y, quizá dentro de poco, de algunos de los que estáis leyendo este texto (si es que no lo tenéis ya). 

No suelo hablar de las dedicatorias cuando hablo de un libro. Pero voy a romper esa costumbre con Nicanor. Me ha parecido genial, pues no solo resalta a quién se lo dedica, sino que también nos resume perfectamente lo que nos encontraremos después. Dice así: «Para quien se fue sin irse del todo. / Para quien aún vive en lo que no decimos. / Este libro es la casa que no cerramos». Todos, o al menos gran parte de nosotros, tenemos a alguien que no se llegó a ir del todo. En mi caso así es, y espero que no se vayan jamás.

Uno de los textos que más me gusta es, precisamente, el primero. Este lleva por título «No aprendí a vivir sin ti», y ya el mismo título es poético en sí mismo. En él, encontraréis versos tan potentes como los siguientes: «No aprendí a vivir sin ti. / Solo aprendí a no decir tu nombre / cuando me preguntan cómo estoy». ¿No es una maravilla? Aprendí a no decir tu nombre cuando me preguntan cómo estoy. Me encanta, no solo por el texto en sí, sino también por toda la carga sentimental que encierran apenas unas palabras. Por cierto, otro de mis favoritos es «Aquí, en el pecho», que está en la parte final del libro, y que lleva versos como estos: «Aquí. / En el pecho. / Es donde aún vives. / No en los recuerdos. / No en los papeles viejos. / No en las canciones que evitamos. / Aquí».

Si doy un pequeño salto hasta el siguiente poema, de título «Carta que nunca te mandé», leeremos igualmente unos de los versos que más me han encantado. Atentos: «A veces me pasa: / pienso que estás en algún sitio / y que, sin saber por qué, / te viene mi nombre a la cabeza / justo cuando yo estoy recordándote». Cuántas cartas quedaron por enviar, ¿verdad? O, mejor dicho y adaptándonos al día de hoy y sus metodologías de comunicación, cuántos mensajes quedaron por enviar… Mensajes que hubieran cambiado, quizá, dos vidas y que, por miedo, respeto o cualquier otro motivo, quedaron en el olvido. 

Nicanor García Ordiz, el poeta al que hoy os estoy acercando, nos lleva a muchos momentos que hemos vivido; a minutos, horas y días de nostalgia y recuerdos bañados en melancolía. Nos transporta hasta un lugar donde muchos hemos navegado, y donde lo hemos afrontado de la mejor manera que se pueden llevar estas sensaciones, que es con el alma y desde el corazón. Como os comento muchas veces, los y las poetas logran hacer magia con las palabras para estas situaciones. Atención a lo que nos cuenta en «La radio y yo»: «He dejado de mirar el reloj. / Ya no espero. / Ni visitas. / Ni sobres. / Ni siquiera una llamada equivocada. / A veces me siento en la cocina / y me quedo quieto, / como si fuera parte de la mesa. / Y recuerdo tus pasos / llegando del trabajo, / el olor a tabaco, / tu voz diciendo mi nombre / como si fuera domingo».

En muchas de las situaciones en las que vivimos una ausencia no únicamente nos acompaña esa sensación de estar solos, sino que también vivimos en el dolor, más o menos pronunciado. De ello también trata Nicanor García. Textos como los que encontramos en «No me doliste» son una buena muestra. Atentos: «No me doliste. / Me partiste. / Como se parte un vaso / que ya no se recoge. / Como se parte un animal / cuando deja de confiar”. Precisamente esa sensación de soledad también la encontramos en «Hace tiempo que no te nombro»; que, como en muchos de los poemas de este libro, lleva de por sí un título con mucha carga sentimental. En él, leemos: «Ahora no. / Ahora te pienso sin palabras. / Como se piensa el mar / desde tierra adentro. / Como se recuerda una canción / de la que no se sabe la letra».

Doy un pequeño salto para resaltar también dos versos de este mismo poema, y que me parecen enormemente potentes, tanto en sentido como en sinceridad: «No me jodiste la vida. / Me cambiaste la forma de habitarla». Y también: «No duele. / Eso también lo aprendí. / A veces / solo hay una especie de eco, / como si el alma / tuviera habitaciones / que ya no se habitan / pero siguen con la luz encendida». Me gusta especialmente el símil de habitaciones que ya no se habitan, pero siguen con la luz encendida. Seguro que el dolor y la ausencia nos lleva muchas veces a ello. 

Nicanor García Ordiz tiene esa habilidad poética que pocos son capaces de desarrollar, la de atraparnos con sus palabras entre versos precisos (y preciosos). Os traigo ahora un ejemplo extraído de «He perdido muchas cosas», donde encontramos este texto: «He perdido muchas cosas. / Las llaves de alguna casa que ya no es mía. / Fotografías sin reverso. / Amigos que se fueron como se va la lluvia: / sin rastro. / Fechas que ya no celebro. / Cosas que no recuerdo haber tenido / y aún así echo de menos». En este mismo poema no solo leemos sobre la pérdida, sino también, en sus últimos versos, sobre seguir viviendo, aunque sea bajo ese yugo. Y lo hace de una manera tan directa y potente como la siguiente: «Y mientras eso siga latiendo, / aunque sea bajo tierra, / yo también seguiré».

Leer poesía es un placer. Y lo es desde distintos puntos de vista. Uno, sin duda, es por el uso de las propias palabras para construir versos que son pura belleza; literatura en uno de sus estados más excepcionales. Otro, sin duda, es porque nos lleva hasta lugares del alma donde todos, o casi todos, hemos estado; y que forman parte de nuestras vidas. Por eso, aunque mis libros nada tienen que ver con la poesía, creo que me atrae tanto, porque me hablan de mi vida, de mi propio día a día. Y lo hace de una forma hermosa. Nicanor García Ordiz es uno de los poetas que leo siempre que saca un nuevo trabajo, y creo que así lo haré en sus siguientes incursiones en las librerías.

Hoy, que os hablo de El lugar donde esperabas, es un buen momento para proponeros que os acerquéis hasta esta obra y hasta su autor, lo disfrutaréis como yo lo he hecho, no tengo duda. Me despido ya, recomendando este libro y a su autor a quien, por cierto, fue uno de los que se destacaron en la primera Gala de la Literatura Berciana, celebrada hace unos meses en Villafranca del Bierzo por esta misma publicación.  Nicanor, no sé cuándo nos volveremos a encontrar, pero estoy convencido de que será al menos entre versos y vida, mucha vida. 

Entre mi biblioteca y yo

El lugar donde esperabas es un gran poemario. Me ha gustado mucho. Como sabéis, leo mucha poesía, mucha. Y también gran parte del mundo literario que me rodea son poetas, con quienes comparto conversaciones, cafés, charlas o eventos. Me encanta leer sus versos. El libro, el poemario que hoy es objeto de la reseña, creo que es una maravilla. Nicanor García Ordiz nos lleva, como hacen muchos de los grandes autores, hasta sensaciones que todos hemos vivido, pero descritas de una forma hermosa, bella y profunda, como solo los y las buenas poetas saben hacerlo. Él es uno de ellos.

La nostalgia, la soledad y el dolor de la ausencia, entre otras, navega entre los poemas que podrás leer en este ejemplar. Los versos, sujetos a la métrica del corazón y el alma, nos transportan hasta su mundo que, por vida, también es el mío y el de, seguramente, muchos de los que se acerquen a él. Leí el libro con sumo interés, pues lo que había leído suyo me había gustado. Coged el libro, sentaros en un buen sillón, poned algo de música de fondo y un buen vino o café; luego, disfrutad, porque sé que así será. Solo hay que buscar el lugar y el momento adecuado, para dejar que Nicanor nos lleve hasta toda la esencia de un poemario fantástico. 

Más que un libro, un autor

Nicanor García Ordiz es una de las figuras imprescindibles de la literatura berciana. Y lo es desde varios puntos de vista, todos ellos importantes. Fue uno de los autores, con su poemario El lugar donde esperabas, se destacaron en la primera Gala de la Literatura Berciana y en la exposición que se realizó por el mismo motivo.

En primer lugar, lleva consigo una trayectoria que avala acercarnos a él cada vez que se acerca a los lectores con una nueva obra. En segundo lugar, cada obra que saca es de gran interés, y su nombre debe ser asociado a la poesía berciana más reconocida. Y, en tercer lugar, siempre ha ayudado a promocionar no solo a autores y autoras consagrados, sino también a nuevas voces. Su aportación y ayuda a la hora de difundir obras de compañeros y compañeras es indiscutible. Yo mismo he pasado varias veces por su programa de radio, disfrutando de muy buenas entrevistas.

Además, también he tenido la fortuna de compartir con él alguna presentación, cuando, por ejemplo, me propuso presentar en Bembibre dentro de unas jornadas en las que se contaba con nombres tan conocidos como Noemí Sabugal, Carlos Fidalgo, Ester Folgueral o el poeta venezolano Néstor Rojas. He podido compartir con Nicanor café y cena, y su conversación es un aprendizaje continuo. La verdad, os soy sincero, desconozco su próximo paso, pero ya lo espero con ánimo de acercarme a su siguiente obra que, seguro, irá tan bien como esta. 

Ruy leyendo el libro de Nicanor.
Ruy leyendo el libro de Nicanor.

 

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