Hay canciones que no envejecen porque hablan de algo anterior a la política y a las ideologías, hablan de la tierra y de la dignidad de quienes la habitan. Una de ellas es “Plegaria de un labrador” de Víctor Jara, que comienza con un imperativo que todavía hoy nos llama a la lucha: “Levántate y mira la montaña de donde viene el viento, el sol y el agua”.
Las palabras de Víctor Jara no son solo poesía, son un contundente acto ético. Mirar la montaña significa reconocer el origen de la vida y comprender que el territorio no es un soporte vacío para proyectos económicos, sino un bien colectivo que exige cuidado y defensa. Es también una llamada a la participación, a levantarse frente a quienes intentan decidir por nosotros sin respetar el valor del paisaje.
En El Bierzo, esa invitación adquiere un significado concreto. La comarca está rodeada por un amplio cinturón de montañas que define su geografía, su historia y su identidad. Desde los cordales de Los Ancares hasta las cumbres de los Montes Aquilianos, pasando por la Sierra de Gistredo y los montes que separan el valle del Sil de Galicia, El Bierzo es un territorio abrazado por un círculo montañoso que protege sus valles, regula sus aguas y da sentido a su paisaje.
Ese cíngulo de montañas, como casi todos sabemos, ya no es solo geografía: es un sistema ecológico vivo. Alberga bosques, fauna, rutas ancestrales y aldeas que durante siglos han aprendido a convivir con él. De estas alturas nacen ríos, desciende el viento y se refleja la luz del sol que madura los campos. Defenderlo no es solo un acto ambiental, es proteger la memoria y la identidad de quienes habitamos la comarca.
Sin embargo, ese paisaje se encuentra hoy amenazado por un fenómeno que atraviesa la política contemporánea: el gatopardismo, la idea de “cambiar todo para que nada cambie”, asociada a la novela El Gatopardo de Giuseppe di Lampedusa. Se cambian las formas para que lo esencial permanezca intacto; se transforman los discursos para preservar las estructuras de poder. En la transición energética, ese mecanismo ha aprendido a vestirse de verde, a hablar de sostenibilidad y modernización. Pero, bajo esa apariencia, las reglas de poder y la lógica económica permanecen prácticamente intactas.
El Bierzo conoce bien ese ciclo de promesas. Durante décadas dependió de la minería del carbón y de grandes centrales térmicas. Aquella economía dejó empleo, pero también profundas cicatrices: montañas perforadas, valles alterados y comunidades sujetas a decisiones externas. Cuando el carbón desapareció, la transición energética se presentó como una oportunidad histórica para regenerar la economía local y reconciliar la actividad humana con el paisaje.
Sin embargo, algunos acontecimientos recientes muestran que la amenaza del gatopardismo no desaparece con el fin de los combustibles fósiles. La investigación judicial sobre el grupo Forestalia, vinculada a proyectos de biomasa en Cubillos del Sil, revela cómo las irregularidades y la captura de decisiones públicas pueden aparecer incluso en sectores que se presentan como verdes y justos. La colaboración de Forestalia con empresas públicas, junto con la proliferación de numerosos parques eólicos y solares promovidos en distintas regiones de España, muestra que la retórica ecológica puede convivir con dinámicas empresariales y políticas que reproducen la lógica de privilegio ya presente en la antigua economía del carbón.
Aquí la canción de Víctor Jara recupera toda su fuerza como imperativo ético y político: “Tú que manejas el curso de los ríos, tú que sembraste el vuelo de tu alma”. El campesino al que se dirige Jara simboliza a las comunidades que habitan las montañas del Bierzo, que trabajan la tierra, cuidan los bosques y mantienen vivos los “Sabios Paisajes” culturales y ecológicos que definen la comarca. Defender las montañas es, por tanto, un acto de justicia y de ética colectiva.
La transición energética no puede limitarse a sustituir una tecnología por otra. Reemplazar chimeneas de carbón por plantas de biomasa u otras infraestructuras industriales no constituye una verdadera transición si las reglas de decisión permanecen opacas y centralizadas. Cuando el poder económico y político impone proyectos sin respetar los valores ambientales y culturales de las montañas, el gatopardismo muta, pero no desaparece.
Por eso la plegaria continúa: “Levántate y mírate las manos”. Mirarse las manos significa preguntarse quién sostiene realmente el territorio, quién protege los bosques, los caminos y los ríos cuando los ciclos económicos cambian. Las comunidades rurales del Bierzo han realizado ese trabajo durante siglos, y ese esfuerzo silencioso constituye la verdadera riqueza de la comarca.
El imperativo de Víctor Jara se convierte entonces como hemos ido adelantando una llamada a la protesta: levántate y mira la montaña, defiéndela y participa en las decisiones que afectan a su futuro. Las montañas no son plataformas vacías: regulan el agua, albergan biodiversidad y sostienen paisajes culturales que forman parte esencial de la identidad del Bierzo. Alterarlas sin respeto es atacar la memoria, la ética y la dignidad del territorio. Por ello, esta defensa implica también sumarse a iniciativas cívicas y reivindicativas que buscan proteger el paisaje y exigir procesos de decisión más justos, como la labor impulsada por Bierzo Aire Limpio en la comarca.
“Para crecer, estréchala a tu hermano”. El verso recuerda que la defensa del paisaje y de la comunidad no es un acto individual. La verdadera transición requiere cooperación, transparencia y participación social. Exige una relación ética con el territorio que vaya más allá de la retórica de sostenibilidad y modernización y que se concrete en comunidades organizadas capaces de defender su entorno y su futuro colectivo.
El círculo de montañas que rodea el Bierzo sigue allí, silencioso y majestuoso, observando cómo imperios, economías y promesas de progreso pasan ante sus laderas. Ha visto ciclos de explotación y abandono. Ha sido testigo de cómo la corrupción y el gatopardismo pueden amenazar la integridad de un paisaje, pero también de cómo la resistencia comunitaria ha defendido la tierra y la cultura de sus pueblos.
Hoy más que nunca, levantar la mirada hacia las montañas del Bierzo es un acto de resistencia y un compromiso ético. Es la defensa de un paisaje que es vida, memoria y cultura. La plegaria de Víctor Jara nos recuerda que el cuidado de la tierra y de la comunidad no puede delegarse, exige que quienes sufren injusticia se levanten, se unan y actúen juntos por un futuro más justo. Porque mientras la corrupción y el gatopardismo intenten cambiar los discursos sin cambiar los valores, la protección de nuestra querida montaña seguirá siendo la prueba más clara de nuestra capacidad colectiva para defender la dignidad, la ética y la belleza del Bierzo.